lunes, 9 de mayo de 2016

MEGACAMIONES (2)

Seguimos en carretera con doble sentido y dos carriles, aún no hemos llegado a la autopista o autovía que, para quien no conozca España, es una carretera prácticamente igual a la anterior pero con posibilidad teórica de ser diferente, no me pregunten por qué, no sabría qué decirles y no recuerdo haber visto nunca esos detalles que pueden distinguir una de otra, aunque puede que en algún lugar existan. Una vez más se hace cierto el famoso dicho “Spain is different”; lo que no suele ser motivo de orgullo, precisamente. 

Hasta con sentido único hay que pensar muy bien y seriamente
la posibilidad de adelantar a estos camiones
. Aquí ni hay arcenes.
Fuente: www.autonocion.com
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Una de las normas que regulan la maniobra de adelantamiento dice que, una vez situados en paralelo con el vehículo adelantado (durante el adelantamiento) si surge alguna situación o circunstancia que pueda suponer algún riesgo debemos abortar la maniobra disminuyendo la velocidad, poniendo el indicador de dirección de la derecha y volviendo a la posición inicial, es decir, detrás del vehículo al que pretendíamos adelantar. Esta norma carece de excepciones, pero de hecho las hay.

Es cierto que en la mayoría de las situaciones de peligro este desaparece utilizando el freno, de modo que a mayor peligro más debemos disminuir la velocidad incluso hasta detenernos si fuese necesario. 

Pero aquí hay un detalle importante que la norma ignora: en pleno adelantamiento (en paralelo) siempre hay un punto de no retorno y, cuanto más largo sea el vehículo a adelantar, más espacio hay que recorrer desde ese punto hasta acabar la maniobra por delante de él. Lo mismo ocurre si, poco antes de llegar a ese punto, tenemos que volver a la posición inicial, viendo de reojo tanto camión, una especie de muro enorme que sin  duda parecerá que no se acaba nunca; pocos conductores conozco que sean capaces de hacer eso con el temple suficiente, por no hablar de las expresiones de pánico que puedan manifestar los pasajeros con gritos incluidos y perturbando al conductor en tan delicada tarea. 

El conductor del megacamión siempre puede prestar una ayuda vital disminuyendo su velocidad cuando observa que el conductor del coche que le está adelantando decide acabar la maniobra, desde luego. Y seguramente lo hará, todos estamos obligados a hacer lo que sea posible por evitar un accidente y a nadie nos interesa vernos implicados ni siquiera estando seguros de que no sufriremos ningún daño. Pero si el que adelanta decide volver atrás, el chófer del camión poco o nada puede hacer por aumentar su velocidad para ayudarle, llevan limitadores de velocidad y si no circula a su máxima permitida poco le faltará.

Aquí es imposible cumplir la norma de volver atrás si...
Lo que hace el coche rojo no está prohibido, pero yo no lo hago,
demasiado dependiente del que me precede.
Tengan cuidado porque es muy tentador, es fácil
sentirse arropado y pensar: si el otro puede yo también. ¡Pues igual no!
Es fundamental tener todo esto muy presente, por muy bien que en un principio se plantee la maniobra. También es fundamental conocer muy bien la máquina que manejamos y cómo la estamos utilizando. Nunca conviene iniciar un adelantamiento utilizando toda la capacidad de aceleración de nuestro coche, toda la fuerza de su motor o toda su capacidad de incrementar velocidad en un momento dado. 

Siempre conviene tener una reserva de potencia, iniciar la maniobra en la marcha adecuada evitando (si es posible) cambiarla en pleno recorrido por el sentido contrario (se pierde tiempo, aquí asoma otra ventaja del cambio automático) o, de no ser posible, haber integrado ese dato en nuestro estudio previo. Doy fe de que es muy angustioso llevar el pie derecho pisado a fondo mientras se siente que es imposible ganar un sólo y mísero kilómetro por hora más de velocidad. 

El punto de no retorno, lógicamente, es variable en cada situación y difícil de determinar. También aparece aquí una tendencia muy poco reconocida, y es que surge como una falsa percepción emocional que nos indica que llegamos a ese punto casi en el comienzo de la maniobra, de ahí que tantos conductores se empecinen en adelantar aun con riesgo inminente de provocar una colisión frontal. Lo que conduce una vez más a lo importante que es saber las limitaciones del coche que llevamos, y también a saber que todos los coches emplean menos de la mitad del tiempo en disminuir la velocidad que en aumentarla. Frenar salva, pero tiene excepciones, algunas en la ejecución de esta maniobra. 

Echando una mirada al aspecto legal, si se da una situación crítica adelantando y esta se salva por la buena coordinación del resto de conductores en trayectoria y velocidad respecto a la decisión que hemos tomado, poco importa que hayamos cumplido o no con la norma, aun en el supuesto de que implique una denuncia y la pérdida de algunos puntos; y, si se produce el accidente (no lo quiera la Virgen, como canta Sabina) todavía menos. Ah, y respecto a poner el intermitente de la derecha en este caso, huelga, es obvio, ¿dónde va a ir uno si ha decidido abortar? Desde luego, tampoco es una situación en la que uno esté para esa nimiedad; me la estoy jugando, señor legislador, ¿de verdad cree que me puedo permitir una mínima distracción?

Otra configuración posible de megacamión.
Y no, señores de la Unión Europea y del Gobierno de España,
esta no es forma de competir con el ferrocarril. Europa no es Australia.
Fuente: www.salamanca24horas.com
Todo el mundo percibe claramente y sin ninguna duda una diferencia aproximada de 20 cm de longitud entre un coche y otro; la que viene a haber entre un utilitario y un compacto, entre un Ibiza y un León, por ejemplo. Entre el camión más habitual en nuestras carreteras, el trailer (16’50 m) y un megacamión (25’25 m) median 8’75 m. Todo un mundo. Que sin duda notaremos perfectamente dada la anchura y altura de semejante vehículo. Claro que, nunca estamos obligados a adelantar y en principio lo mejor es evitarlo, con más razón todavía si se dan cualquiera de estas dos circunstancias: 

  1. Llevamos uno de esos coches modernos que tato abundan ahora y, que bien porque son los modelos más básicos de su gama también son los más asequibles (la crisis económica no ha desaparecido) y los menos potentes; o bien porque son muy “eco”, están totalmente faltos de “chispa” y adelantar a un megacamión con ellos se convierte en una tarea poco menos que imposible salvo en pendiente ascendente, con carril adicional para vehículos lentos y manejando con mucha decisión y bien la caja de cambios.
  2. La falta de carácter la tiene el conductor porque se ha dejado invadir por esa imperante tendencia de la conducción “sosegaga”, “sin nervio”, “sostenible” y “pacificadora” del tráfico, que cree a buena fe que con esa actitud realizará una conducción más segura y eficiente, que cumple a rajatabla con todas las normas relativas a la seguridad pasiva porque le darán a sus ocupantes y a él las máximas garantías de supervivencia en caso de accidente, al precio de olvidar que la clave está en evitarlo y que para ello es imprescindible conocer la máquina, sus posibilidades y límites, que su piel y sus músculos hayan adquirido memoria de reacciones bruscas, ágiles y vivas, de sentir la energía que tiene un automóvil y de saber utilizarla en su propio beneficio, lo que redundará automáticamente en el de todos. 
Quizá parezca que haga una caricatura burlona del tipo de conductor que acabo de describir, y no, en absoluto, sólo destaco los rasgos más distintivos de ciertas personas al volante, muy habituales hoy día y desde hace más o menos una década. Para estas personas conducir es una tarea aburrida (lógico), y desde luego están en las antípodas de quienes parece que tenemos unas gotas de gasolina en la sangre. 

Un conductor del tipo que comento en el punto dos, ante una situación potencial e inequívocamente peligrosa, lo más probable es que no reaccione y continúe tal cual o se vea invadido por el pánico clavando el acelerador con una vaga y semiinconsciente idea de frenar fuerte y de inmediato, pero haciendo el gesto sin cambiar el pie derecho del pedal del acelerador al freno; en el primer caso aún cabe la posibilidad de que las decisiones de los otros conductores eviten el accidente, en el segundo no porque lleva a la pérdida de control del vehículo. Sé que esto suena muy raro a la mayoría de las personas, pero cualquiera de mis colegas con una cierta experiencia y yo mismo lo hemos visto muchas veces en la autoescuela, y en pocas ocasiones se corrige antes de obtener el permiso. Y luego menos. 

Estos conductores adoptan una actitud pasiva e incrédula donde el coche viene a convertirse en una sala de cine y el parabrisas en la pantalla donde se proyecta una película en la que aparece una impresionante y súbita escena que les deja petrificados en el asiento. 

Aún quedan tramos en los que, sin estar prohibido adelantar, de hecho es
prácticamente imposible. ¿A quién vamos a adelantar aquí?
Quizá a un ciclista... y ojo, que puede aparecer otro en sentido bajada
más rápido que nosotros. 
Bien, siempre se puede decidir no adelantar, nunca estamos obligados a hacerlo; pero a medida que aumenta el tiempo circulando detrás de un camión se va diluyendo dicha decisión sin que muchos conductores apenas lo perciban. Es algo emocional, puro instinto, que hará su aparición con más facilidad cuanto más despejado sea el terreno. 

Imagínense en cualquier carretera de cualquiera de las dos grandes mesetas de España, van pasando los kilómetros sin más horizonte que la parte trasera del camión que nos precede, se reduce la distancia de seguridad sin darse apenas cuenta, casi ni vienen coches en sentido contrario; hasta puede que por alguna surrealista curva el conductor del camión baje bastante la velocidad, nos sorprenda y nos veamos a punto de chocar con él (tanto nos hemos distraído), puede que tarde en recuperar más de lo que imaginamos y entonces, sin apenas comprobar nada, por puro impulso, sin intento realmente, el conductor de ese turismo gire a la izquierda y luego acelere. 

Puede que haya suerte y el sentido contrario esté libre en un espacio más que suficiente; si no, sólo caben dos finales: o los otros conductores evitan el accidente (si es que pueden), o este se producirá invariablemente. Si por las razones que sean el azar ha jugado a favor de nuestro imaginario conductor, este seguirá repitiendo el error tantas veces como se vea en semejante situación, porque no ha sido consciente ni de su riesgo ni de su fortuna.

12 comentarios:

  1. Hola Esteban: no me hables de algunas autovías que tenemos por aquí, con un firme en un estado lamentable (no sé si es recomendable meterse allí en moto), y plagadas de curvas recomendadas a 80.
    Desde luego que si yo me encuentro con un trasto de esos en una carretera de dos sentidos con un sólo carril, no sólo no le adelanto sino que creo que paro a tomarme un café y a perderlo de vista. No me merece ninguna confianza que haya trenes en la carretera. Saludos!

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    1. ¡Hola Elisa!
      Supongo que la mayoría de las autovías que mencionas son carreteras desdobladas, ¿no? Cuando es así suelen dejar mucho que desear.
      Lo de parar a tomar un café me parece una opción perfecta, te confieso que fue en lo que primero pensé cuando me enteré de este lamentable asunto. Yo tampoco me fío, ¡nada! Y menos de lo que hagan cuantos estén a su alrededor.
      ¡Saludos!

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    2. Hola Esteban: sí, es así, son desdobladas. Saludos!

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    3. Gràcies, Elisa! ¡Saludos y buen día!

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  2. Veo que aparecen algunas medidas en esta entrada pero me queda una duda. No sé si lo has puesto.
    ¿Existe una longitud máxima de estos vehículos para poder circular?

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    1. Sí, 25'25 m. Seguro que todos llegan al máximo. También pueden llevar 2 o 3 "vagones".
      Es una locura, Manuel, aprovecha y párate a tomar un café con Elisa y conmigo.
      Un abrazo.

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    2. Bonita la idea de tomar un café (aunque yo prefiero otra bebida que el café no me sienta bien). Todo es proponérselo.

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    3. ¿Verdad que sí? Tienes razón, amigo, todo es proponérselo; y, aunque para un futuro inmediato yo no me lo puedo plantear, vosotros sois más jóvenes y yo espero vivir muchos años, así que... algún día.
      Un abrazo.

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  3. Gracias por otra lección de sentido común, Esteban. Con respecto a adelantar a estos monstruos de la carretera, no me cabe duda de que más de uno y más de dos lo intentarán de todos modos confiando en la potencia de su motor. Por mi parte, procuraré mantener las distancias :)

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    1. Muchas gracias por tu atención. Y bienvenido, estás en tu casa.
      Coincido con tu comentario, hasta el punto, de que el mayor riesgo potencial no lo veo en el adelantamiento en sí (sólo depende de nosotros tomar esa decisión) sino en el cruce con esos vehículos, sobre eso hablaré en la próxima entrada.
      ¡Saludos!

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  4. Ay tocayo. Entré en pánico de solamente pensar en un adelantamiento fallido a uno de esos monstruos. Creo que me quedaría ya no tomando un café, sino almorzando con postre y todo, para que aquella bestia me tomara debida distancia.Claro que al regresar, capaz que se me apareciera un "depredador" de similares características.

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    1. Bueno, pues si ocurre lo que dices al final... parada a merendar, amigo. Me has hecho reír, y eso siempre es de agradecer. Básicamente estoy de acuerdo contigo, pero como bien dices podemos evitar adelantar y mantenernos a buena distancia de esos “depredadores”, teniendo en cuenta que las situaciones de peligro que se den en su presencia, la inmensa mayoría de las veces, serán generadas por extraños comportamientos de algunos conductores de turismos.
      Me pregunto si en Chile también circulan este tipo de camiones, o incluso más grandes.
      Buen fin de semana. Un abrazo.

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