sábado, 17 de noviembre de 2012

DÍAS DE RADIO (NOVIEMBRE 2012)


CHARLAS CON JOSÉ ÁNGEL EN OYE RADIO BASAURI


44ª CHARLA (7-11-2012). Exceso de velocidad en travesía, 151 km/h. Noticia sobre una mujer que lleva 104 veces examinándose de la prueba teórica del carnet de conducir en UK. Una oyente pregunta sobre multas a peatones y consecuencias de atropellos. Otra oyente dice que ha visto multar a una anciana por cruzar en rojo. Atropellos al entrar y salir del coche y accidente del domingo (4-11-2012) en la A-8 a la altura de Ontón, Cantabria.
 



Creo que el trágico accidente de Ontón exige que me explique más y mejor de como pude y supe hacerlo en la emisora. Veamos:

Seguramente bastantes de las personas que derrochan amabilidad y paciencia leyendo lo que escribo conocen el lugar del accidente igual o mejor que yo, pero otras no. Sin embargo, creo que incluso para las primeras puede ser interesante repasar las características de ese tramo de la A-8 pues por muy bien que se conozca un lugar a veces vamos tan “en automático” que se nos escapan detalles que nos resulta increíble haber pasado por alto.

Oeste de la costa vasca.
El accidente ocurrió muy cerca del primer cabo.

Desde el extremo noroeste de Vizcaya hasta pasado Castro Urdiales (unos 25 km) la autopista A-8 es bastante “delicada” porque tiene curvas que uno no se espera en una autopista, cambios de rasante en curva y bajadas y subidas bastante pronunciadas, esto, como características principales de su difícil trazado. Y hablando de trazado, me consta que el Ministerio de Fomento tiene normas de construcción para los distintos tipos de carreteras que confieso no haber leído, pero así, a ojo, me da que algunas curvas y algunos porcentajes de pendientes, o las vulneran o están justo en el límite. Ah, también hay carriles de “aceleración” y de “decelaración” totalmente infames por ser muy cortos y de muy poca visibilidad. Hay uno, que es de los peores que he visto en mi vida y está al lado de donde ha sucedido el accidente del que hablamos; es el que nos lleva a la calzada sentido Bilbao desde ese mismo punto kilométrico (141), de hecho siempre pasaba por ahí con mis alumnos para que lo viesen, lo sufriesen... y luego hiciesen como yo: aprender muy bien dónde está y evitarlo. Y este pastel tiene una guinda  (la de verdad y en los de verdad, me encanta, se me van los ojos): la falta de luz. Ni una triste farola, notable y muy peligrosa deficiencia que tampoco se compensa con catadióptricos y “ojos de gato” (los hay pero muy pocos) y son elementos muy útiles si se utilizan en número suficiente, claro; no consumen energía, duran mucho, sólo se gasta dinero una vez... Es que hasta la pintura de las rayas parece de pésima calidad, refleja muy mal la luz.

A pesar de lo dicho no todo son inconvenientes, la orografía es muy difícil para construir en ella una autopista y discurre por un paisaje precioso que nunca cansa por más que se vea, aunque yo tengo metido en la cabeza que a veces el paisaje es causa de accidentes, llama mucho la atención y no solo a viajeros que vienen de turismo. También llueve con frecuencia (aunque menos que antaño) y hay zonas muy abiertas, altas y muy próximas a la mar en las que el viento azota fuerte bastantes veces.

Este tramo de la A-8 también tiene una intensidad de paso de vehículos muy elevada, ha bajado claramente, pero andaba alrededor de los 100.000 vehículos por día. En el nordeste de Cantabria viven muchos vascos que trabajan en Vizcaya, y otros muchos, tienen en esa zona su segunda vivienda. La mayoría de los conductores que circulan por esta carretera son habituales usuarios de la misma, se supone que la conocen muy bien pero el exceso de confianza unido a que se hacen recorridos cortos (la mayoría no llegan a una hora) seguramente ayudan a que se baje mucho la guardia muchas veces. Antes el límite estaba en 120 km/h, desde hace unos pocos años se bajó a 100 desde el límite con la provincia de Santander hasta pasado Castro Urdiales. Cuando hablaba de las velocidades en las clases de teórica siempre ponía el ejemplo de este tramo de la autopista, sobre todo cuando el límite estaba en 120, advirtiendo de que para llegar a él convenía pensárselo seriamente. Una vez en el coche, con todos los alumnos pasaba algunas veces por este tramo y les animaba a que intentasen llegar a 120 para que sintiesen y comprobasen por sí mismos la dificultad de andar a esa velocidad por esa zona y aprendiesen que los límites de velocidad, per se, no eran ninguna garantía de seguridad. La salida del kilómetro 141 sentido Santander, también la entrenaba en las clases de coche porque obliga a pasar en muy poco espacio de unos 100 en 5ª a 15 en 2ª, en ella también podían aprender que era imperativo “saltar marchas” y pasar de 5ª a 2ª después de frenar, no hacía falta mucho porque coincide en tramo de subida fuerte con curva cerrada a derecha que te deja en un súbito “ceda el paso” (si se va a la derecha al final de la salida) o en un “stop” si  a la izquierda. En algunos casos, se podía intercalar 3ª o 4ª entre la 5ª o 6ª y la 2ª, y no pocas veces, sobre el mismo “ceda” pasar a 1ª al tiempo que se observa, ya que la visibilidad es mala. 

Desde Saltacaballos, Cantabria.

Pienso que no está de más contar o recordar estos detalles porque cada vez se incide más en transmitir a través de los medios de comunicación tanto en mensajes publicitarios como institucionales que esto de conducir es “coser y cantar”, una tarea que apenas requiere de nuestro esfuerzo, que los coches ahora son muy buenos y que hacen solos un montón de cosas, que basta con llevar el cinturón, no tomar drogas y no exceder las velocidades máximas para ir seguros y... ¡ES FALSO! Hay muchas situaciones en las que, o se sabe lo que se lleva entre manos y se va atento esforzándose y trabajando o cometeremos errores graves cuyas consecuencias serán una cuestión de puro azar que, por supuesto, en absoluto dependerá ya de nosotros lo que nos depare.

Del accidente mencionado se pueden extraer varias conclusiones importantes:

Mantener la cabeza fría y pararse a pensar antes de actuar, hay que centrarla para que se ponga a trabajar en el nuevo escenario que se ha abierto ante nosotros. La calma y el sosiego no están reñidos con una actuación muy diligente. Una cosa es actuar con prisas (mal asunto) y otra con sentido de la urgencia.

Protegerse a uno mismo y a nuestros pasajeros. Como en una pelea: ni se te ocurra atacar sin estar cubierto. Si el conductor se puede arreglar él solo que lo haga, si hay un lugar claramente más seguro que el propio vehículo, fuera de la calzada y a distancia de esta que esperen ahí los pasajeros, siempre que el trayecto hacia el mismo sea seguro, si no, en el coche y CON cinturones puestos. Siempre me ha llamado poderosamente la atención el miedo que tantas personas manifiestan a que les ponga una multa la policía si las encuentra sin el chaleco reflectante puesto, si los triángulos estarán bien o pensando dónde los pongo para que no me multen... Estoy plenamente convencido de que muchas personas estando en una situación de emergencia dedican una buena parte de su pensamiento a actuar en función de si serán multadas o no y se distraen de lo que verdaderamente importa, ¿qué más da la multa? Suponiendo que algún guardia se pusiera a ello, cosa que dudo mucho porque, vamos, no tiene sentido. Pero sí, claro, es importante que nos vean, a nosotros (chaleco) y al vehículo (triángulos). No obstante: mucho cuidado, para la mayor parte del resto de los conductores somos invisibles, nunca debemos dar por hecho que nos ven porque, generalmente, repito: somos invisibles. Han muerto muchos policías de tráfico en lugares que estaban perfecta y profusamente señalizados. ¡MUCHO CUIDADO!

Avisar a los demás, por muy solitario que sea el lugar nunca estamos solos, alguien aparecerá. Cuidando de los otros cuidamos de nosotros.

Pedir ayuda. A veces se puede hacer de forma muy inmediata, sobre todo cuando hay que llamar al número de emergencias: 112.

Este es un tramo nuevo de la A-8 a la altura de Llanes, Asturias.
No hay una sola farola pero los dispositivos reflectantes y la pintura
permiten ser guiados perfectamente.

En este accidente, parece que ha habido un hecho determinante y último que lo produjo: un volantazo. Un giro brusco de volante como primera acción, salvo rarísimas excepciones, conduce al desastre. En las clases de coche desde la primera a la última siempre les pedía a los alumnos que: 1º Posición (mantener la que se lleva), 2º freno. Después, si se puede y procede, volante. Incluso aunque alguna vez esto último estuviese bien hacerlo al principio, pero les decía que era muy importante intentar controlar el instinto de girar el volante estando en la autoescuela, desarrollar en ella, al menos, los hábitos más importantes de supervivencia; luego no es imposible hacerlo, pero sí bastante más difícil, hay que aprovechar el “ángel de la guarda” del doble mando y a la persona que va a su cargo.

En este tramo de la A-8 nunca he coincidido con jabalíes (ni en ningún otro) pero sí con cabras, varias veces. Siempre en el borde derecho o izquierdo de la calzada y comiendo algunas hierbas de las pocas que salen entre el asfalto. No las entiendo, la verdad (seguro que ellas a mí tampoco), hay verde para dar y tomar fuera de la franja de asfalto ¿qué hacen ahí? Quizá algunas prefieren la hierba aliñada con CO2, vapores de aceite, rueda quemada... 

Termino con una oración por las dos mujeres fallecidas, y por cuantas personas las estimaban y querían pues de un modo u otro, en mayor o menor grado, les dejará una dolorosa cicatriz en el alma imposible de olvidar. “Que Dios las tenga en el hueco de su mano”.

Esteban

10 comentarios:

  1. Ola amigo, passei para desejar-te um ótimo domingo. Meu abraço.

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    1. Muchas gracias, Suzane. Te deseo lo mismo. Meu abraço.

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  2. 151 en travesía!!! Bueno, eso es excepcional, pero creo que tendríamos que aprender a adecuar nuestra velocidad mucho más de lo que lo hacemos. ¡A veces 30 es muy rápido! y a veces, subir a p.ej. 140 puede ser recomendable.
    La cultura de la 'velocidad prohibida/permitida' nos ha llevado a ir muchas veces a velocidades legales, pero completamente inadecuadas, por altas o bajas. Yo cambiaría la mayoría de prohibiciones por recomendaciones. Claro que no se recaudaría, pero seguro que la gente las respetaría más.
    Saludos!

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    1. Totalmente de acuerdo, Elisa. Y es curioso lo mucho que cuesta convencer a una persona (y solo hablo de alumnos) de que en ocasiones ir a 30 km/h es peligrosísimo porque se debería ir a 10 para poder evitar un atropello, por ejemplo. Para mí, que se debe a que casi todo el mundo asocia cifras altas de velocidad con peligro y las bajas con seguridad, así, en términos absolutos y sin más, cuando lo importante es adaptarse a la situación sin que importe la cifra. Pero claro, cuesta más trabajo; lo otro es mucho más fácil.
      Ya hace tiempo que tú estás libre de este error y me alegro mucho por ello.

      ¡Saludos!

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    2. Gracias Esteban, de hecho creo que mi rutina de ciclista ha influido en ello. Los ciclistas no tenemos costumbre de ir mirando el velocímetro, pero sabemos interpretar si vamos demasiado rápidos o no. Quizás por ello lo de mirar concienzudamente la velocidad duró poco, es muy poco instintivo. Lo instintivo es mirar el entorno.
      Todo el mundo cree que 30 es lento, pero no lo es, y si no, probemos de poner una bici a 30 en una 'acera bici' con peatones que se pueden cruzar.
      Gracias por hacernos pensar tan profundamente en estas situaciones tan inesperadas que nos podemos encontrar y que pueden tener consecuencias tan terribles y trágicas.
      Saludos!

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    3. De nada, Elisa. ¡De nada! Me alegra que pongas el ejemplo de la bici porque ya cuando me saqué el carnet de conducir estaba convencido de que haber andado en bici muchas veces por todo Gijón y alrededores me vino muy bien; luego pude comprobarlo en la autoescuela, sin excepción: todas las personas que estaban de andar en bici, de verdad, excluyendo a las que sólo andan cuatro días en verano, aprendían mejor, más rápido y superaban el examen sin mayores problemas.
      En cuanto al accidente... es terrible, sí. Ese pasar de inmediato de una situación agradable, amable, incluso feliz, a estar sumidos en la tragedia... Ese hombre que viajaba con dos mujeres que, de pronto, ¡no están! Se me ha ido mucho el pensamiento a él porque ese instante en que cambia tu vida para siempre marcándola con un doloroso estigma... ¡Es injusto! En fin, es imposible asegurar al 100 % la seguridad, pero sí podemos acercarnos mucho a ese ideal y me alegra mucho saber que tú andas por ese camino, y sé que no te vas a perder. Ni con niebla.
      Bona nit! ¡Saludos!

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    4. Hola Esteban:
      Pues a mí me costó mucho el tema del carnet. Creo que tenía un miedo muy hondo (¿una amaxofobia pre-autoescuela?) que me impedía concentrarme en aprender.
      Más tarde, he agradecido ser ciclista: la costumbre de mirar bien a todos lados, un ciclista la tiene bien arraigada. Es curioso, tanto que pensé que no sabría conducir bien, y tanto que disfruto ahora. Bien, ya sabes que fue leyendo tu libro que se hizo un 'click' en mi mente.
      No podemos llegar al 100% de seguridad, pero imaginándonos las cosas antes (ese 'simulador mental' del que hablas siempre) estaremos más protegidos ante sucesos inesperados, desde luego.
      Saludos!

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    5. No es nada raro eso que muy bien defines como “amaxofobia pre-autoescuela”, Elisa. Especialmente cuando se vive en una ciudad grande donde el tráfico parece un fenómeno caótico e introducirse en su flujo casi parece como ir a primera línea de fuego y sin estar entrenados. En poblaciones pequeñas, es raro que aparezca ese miedo previo. Introducirse en el tráfico de una ciudad grande después de tener el carnet requiere de mucha paciencia para con uno mismo, mucho ánimo, método y hacerlo de forma muy gradual y progresiva, de lo contrario, es bastante probable que las tensiones sufridas acaben con las ganas de conducir de una persona y no lo vuelva a hacer. Son muy importantes los primeros pasos con nuestro recién estrenado carnet en la mano. Siempre daba pautas a mis alumnos para “el día después” y les ofrecía que podían hablar conmigo siempre que quisieran (gratis, naturalmente), después de la última teórica de la tarde que acababa a eso de las 21:30, normalmente ya no daba clase de coche y les podía atender sin prisa. Muchas veces, sólo hablar de lo que una persona ha vivido podía ayudar mucho, porque si no, ¿con quién? Generalmente, incluso entre familia y amigos, si uno cuenta lo mal que lo pasa, el que está habituado a conducir le dice que lo deje o que actúe de un modo poco menos que suicida e inconsciente (no exagero, lo he visto muchas veces) y quien no conduce (o muy poco), también le invita a que lo deje, total, ¿para qué? Si el transporte público funciona muy bien y después de todo era lo que utilizaba antes. Sí, pero es necesario entrenar, luego se puede volver al transporte público pero uno ya se sabe perfectamente capaz de poder conducir en hora punta en cualquier ciudad sin mayor problema. ¿Cuántas veces hemos oído decir a alguien que no iría en coche con fulanito salvo caso de emergencia para ir al hospital? Y lo dicen en serio, enteros y se quedan tan anchos. Pues hombre, no. No es precisamente el mejor momento para ir con “fulanito”. No está entrenado, lo suyo es llamar al 112 que, además, presta auxilio durante el traslado.

      Me alegra mucho, mucho lo del “click” y te agradezco enormemente que me lo digas. También me hace muy feliz que haya calado lo del “simulador mental”. Me parece algo fundamental, básico... ¡Vital! A mí me ayudó muchísimo, no sólo en situaciones de peligro, pero especialmente en ellas: en coche, en bici, en moto, en la montaña, en el ejército, en el avión... Estoy plenamente convencido de que una de dos: o soy un gato y el espejo me engaña, o gracias a ese “simulador” todavía estoy aquí.

      Moltes gràcies! ¡Saludos!

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    6. ¡Gracias a tí por escribir este blog!

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    7. ¡De nada, Elisa!

      Bona nit!!! ¡Saludos!

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