viernes, 20 de junio de 2014

ASÍ APRENDÍ A CONDUCIR (5)

PRIMERA ETAPA, DE 0 A 12 AÑOS (y 4)
EL HERMANO ESTEBAN Y EL BUEN EJEMPLO

- ¿Cómo te llamas?
- Esteban.
- Pues o cambias de nombre o cambias de vida.

Este breve diálogo se repitió varias veces cuando conocí al hermano Esteban. Este hombre era el conductor del autobús que nos llevaba al colegio, a sus imperativas condiciones yo respondía poniéndome a la defensiva y dispuesto al ataque, que esperaba después de su segunda frase. Apretaba los dientes, bajaba la cabeza, seguía mirándole a los ojos (como los toros antes de embestir) al tiempo que murmuraba para mis adentros: “pues ni cambio de nombre ni cambio de vida”. Cuando el hermano Esteban, alguna vez, insistía en su última frase, con toda la determinación de que era capaz y el mismo gesto, se lo decía; entonces él soltaba una tranquilizadora y desconcertante carcajada que remataba con un “venga sube”. 

Si este autobús no es igual a "La Pota", se le parece mucho.
Pero sin asientos en el techo. ¡Qué envidia me daban!
Fuente: www.solofotosantiguas.com
He de reconocer, que gracias a aquella supuesta elección que me imponía pensé, no pocas veces, que quizá fuese posible cambiar de vida y no estuviese nada mal, esa capacidad de decisión me gustaba; ahora, dejar de llamarme Esteban lo tenía descartado, siempre me gustó mi nombre. Además, pensar, por sí solo, ayuda a desarrollar el cerebro y a que nuestras neuronas establezcan más conexiones entre sí, digo yo; perdón, no, esto no es cosa mía, lo he leído. También me agradó mucho comprobar que estaba dispuesto a todo con tal de no ceder a una imposición arbitraria y caprichosa. Todo esto ocurría con 9 años a las 8 de la mañana, todavía de noche, en un otoño, cómo no, pasado por agua y frío en casi todos sus días. Pues empezaba bien, mi curso de Ingreso a Bachiller.

Mi tocayo, el chófer de aquel autobús propiedad del colegio que quedaba un tanto lejos de mi casa (cerca de la plaza de toros y la cochera de los tranvías) era vasco, muy buena persona, resolutivo, un auténtico hombre de acción que no dudaba en remangarse la sotana, desabrocharse los botones y subirse las mangas (gracias a él descubrí el misterio de qué llevaban los curas debajo de la sotana) cuando jugaba con nosotros al fútbol o al frontón, o le veíamos enredando en el motor, cosa que me quedaba contemplando cuanto podía yo solo, maravillado y con enormes ganas de poder hacer lo mismo algún día. Y lo hice. Debo decir, que al hermano Esteban le veía más con uniforme de militar, como un sargento de la Legión peleando en mil batallas, siempre en primera línea de fuego, con nobleza, inteligencia, bravura y tratando a los prisioneros como un caballero, y como caballeros, porque, por supuesto, siempre vencía. Esto lo fui imaginando cuando lo fui conociendo en el transcurso del largo recorrido que hacíamos por Gijón antes de llegar al aula o a casa.

Apostaría algo bueno a que ese hombre es el hermano Esteban
Fuente: recuerdogijon.blogspot.com.es
El autobús tenía nombre propio: “La Pota”, así lo llamábamos todos. Sé que esta palabra es un tanto escatológica porque en casi toda España es sinónimo de vómito, pero no en Asturias, allí se denomina “pota” a la cazuela que se utiliza para cocinar, vamos, una olla. Supongo, que como era muy común utilizar las cocinas de carbón por aquellos años y las potas solían dejarse en ellas largo tiempo mientras se hacía la comida con su tapa medio puesta, siempre llegaba un momento en que esta se movía por efecto del vapor (principio de funcionamiento de la máquina de vapor, madre de los actuales motores), el ruido que eso hacía, unido al gorgoteo del alimento cocinado semejaba, más o menos, el del motor de aquel antiguo autobús.

El autobús era viejo pero hermoso y, en lo que yo podía apreciar, se cuidaba y mantenía en muy buen estado. Desde luego me gustaba más que cualquier autobús moderno de entonces y tenía una particularidad de la que estaba totalmente enamorado. Verán, el motor estaba en la parte delantera y se accedía a él desde el interior, estaba cubierto por una voluminosa tapa de unos 50 cm de altura forrada de skay guateado; en su parte superior tenía un borde metálico a modo de barandilla que permitía utilizarla como bandeja para llevar... yo imaginaba un montón de mapas para viajar por el mundo y algunos libros. Esa disposición mecánica permitía tener un asiento semejante al del conductor en la parte derecha, ¡un asiento solo! Ir en él, era como ir de “segundo” en un avión.

Les presento al Biscúter.
Naturalmente, había peleas por ocupar aquel asiento, carreras y empujones por llegar el primero a él, no lo logré muchas veces pero no dejaba de intentarlo nunca, cuando tenía que ir más atrás miraba lleno de incomprensión y asombro cómo el hermano Esteban movía aquella larguísima y retorcida palanca de cambios a la que tenía que llegar echando el brazo derecho hacia atrás, sin poder mirarla, para luego quedar en la misma aparente posición vibrando y moviéndose. Años después tuve ocasión de conducir un autobús así, y para mi sorpresa, hasta lo hice bien.

Llegó un feliz día en el que aquel chófer, que cada vez me iba generando más admiración, cuando me vio subir al autobús, le dijo al compañero que ya estaba en ese preciado asiento que se levantase y me dejase el sitio. A partir de entonces, me reservó siempre ese lugar para mí, lo que me hizo muy feliz y le agradeceré siempre. 

Por eso traigo aquí esta historia, pues hay veces en la vida, en que sólo por la actitud que uno muestra alguien que puede, la observa y aprecia nos abre las puertas de aquello que tantas ganas tenemos de aprender, conocer y saber. Se abre la muralla que nos da acceso a un lugar al que de verdad queremos ir; un noble y legítimo deseo constantemente perseguido sin rendirse nunca, aprovechando cada oportunidad, es nuestro visado. Y no fue una excepción, cosas semejantes me ocurrieron algunas veces más, y tampoco creo que fuesen casualidades. Aquí es donde quería llegar, esto es lo que puede ser útil para algunas personas y en cualquier aspecto de la vida.

Un auténtico haiga.
El privilegio de ir en aquel asiento, por sí solo, no me seducía lo más mínimo, tenía más inconvenientes que ventajas: estaba solo. No podía jugar con mis amigos, ni repasar una lección, ni los deberes; suscitaba envidias, burlas... esto era en realidad lo que me hacía darme cuenta de la deferencia que me había sido otorgada. Yo lo que de verdad quería era aprender a conducir, daba igual cuántos años tuviese que esperar para hacerlo. Me gustaban los coches en sí mismos, a mis compañeros sólo les interesaba el símbolo de estatus que significaban y poco más, a mí tanto medaba un haiga que un Biscúter, que fuesen caros o baratos, viejos o nuevos, todos tenían algo que me gustaba, todos tenían el mismo fin: llevarnos por tierra a cualquier lugar del mundo de forma autónoma con independencia y libertad, sin estar pendientes de a qué hora sale un tren o un autobús a según qué lugar, si es que estos vehículos llegan a él. El automóvil sustituye perfectamente al caballo y libera a este precioso animal de una pesada carga que ha tenido que soportar durante siglos, siempre pensé que tenía que ser una desgracia nacer caballo, no me gustaría nada tener que llevar a alguien encima a donde esa persona quisiera.

Se aprende mucho más de lo que parece sólo fijándonos, prestando atención, haciendo como una esponja; se perciben sensaciones, se sienten los distintos ruidos del motor, cómo cambian cada vez que se mueve la palanca, las aceleraciones, frenadas, las distintas fuerzas que actúan sobre nuestro cuerpo, cómo conductor y máquina funcionan como un todo coordinados entre los demás vehículos y con el trazado del camino... Se aprende sin darnos cuenta y a pesar de no entender las explicaciones que nos den, pero se van rumiando, y un día, de pronto, se hace digestivo ese alimento y extraemos sus nutrientes: comprendemos. Las piezas del rompecabezas enlazan de pronto en cascada y, aunque nunca lo acabaremos, habremos avanzado mucho en ese afán asentando profundamente algunos conceptos que recordaremos siempre sin ningún esfuerzo. Claro que hace falta un buen maestro, y el hermano Esteban lo era. Nunca le vi cometer un solo error. 

Se ve el freno de mano bien tensado, están actuando.
Pero todos los días se ven miles de hechos semejantes.
Así mismo, resulta tan común como peligroso el gesto de esa mujer,

la distraída pasividad de ese hombre ajeno a todo cuidado...
¡Y transportan a sus hijos!
Fuente: siempremujer.com
Hablando de maestros, cuando se tienen hijos, lo queramos o no ejercemos esa función. Es muy importante que nos vean conducir bien, por la seguridad del momento presente y futuro. Rumiar malas hierbas provoca accidentes, ¿cuántos de ellos son flores del mal de viejas semillas?

14 comentarios:

  1. Es entrañable la historia del hermano Esteban. Para transmitir no es sólo necesario dar ejemplo, sino saber crear esos vínculos afectivos, esos puentes, que son la base del aprendizaje. Saludos!

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    1. Efectivamente, Elisa. Lo describes con suma precisión, esos puentes son vitales y también lo es que en ambos extremos estén abiertas las puertas de par en par.
      ¡Saludos!

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    2. Es verdad. Por cierto: yo nunca vi (o no recuerdo haber visto) un biscúter, pero me han explicado que era muy práctico ya que se aparcaba encima de la acera como ahora una moto. Por aquí se ve un invento similar para turistas: http://www.gocartours.es/en/. Saludos!

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    3. Moltes gràcies por el enlace, Elisa. Nunca había visto ese microcoche; efectivamente, es una especie de Biscúter moderno, al que yo sí conocí de crío y no tan crío. No había muchos, supongo que por el clima de Asturias, nada favorable a ir en esos coches, pero tenían uno en un taller de motos que había cerca de mi casa y durante unos años lo veía a diario. No tenía marcha atrás, se empujaba; se fabricaban en Barcelona.
      Muy cerca de Bilbao (en Munguía), se fabricó otro que por el norte tuvo más éxito, el Goggomobil (http://cartelmotor.com/galeria.php?tipo=AUTO&text=GOGGOMOBIL&x=5&y=9). Lo que no entendía yo era por qué los niños no podíamos conducir esos coches, haciendo total abstracción del dinero, claro.

      Después de la II Guerra Mundial, hubo muchos excedentes de aluminio y de motores de arranque de los aviones y surgieron ideas muy ingeniosas para aprovecharlos: carrocerías para los Land Rover, la Vespa, estos pequeños coches... Los karts nacieron como una ocurrencia de los pilotos de la RAF (quizá también americanos) para divertirse en tantas horas de espera en las bases de Inglaterra entre bombardeo y bombardeo en el continente. Es curioso e impresionante el espectacular desarrollo industrial y de patentes al que se llegó durante esa terrible guerra y que en tiempo de paz hubiese costado décadas.

      Cambiando de tercio, lo que no recuerdo es ver ninguno de estos pequeños coches aparcados en las aceras, nunca. Por supuesto, estaba y está prohibido; y también lo estuvo siempre para las motos, aunque esto sí que lo he visto en todas partes, aunque por aquí poco, hay muchísimas menos que en Barcelona y, a parte de estar prohibido, en muchas aceras que no hay ninguna “da cosa”, dejar tu moto ahí, solitaria... ¿verdad?
      El coche que me muestras y el uso que se le da, bueno... Me parece bien en la medida en que sirve para que algunas personas se ganen la vida, somos muchos y todos tenemos derecho; pero me parece ideal para que los niños aprendan a conducir en circuito cerrado. Lástima que, seguramente, esto no permitiría a nadie ganarse la vida.
      ¡Saludos!

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    4. ... Claro que está permitido aparcar las motos en la acera, excepto que haya prohibición. ¿Dónde se aparcan, si no? si la ventaja de la moto es precisamente que la puedes dejar en casi cualquier parte. Te aseguro que la moto no estaría sola en la acera, sino acompañada de muchas otras motos. De hecho, creo que por aquí en Barcelona -dentro de la ciudad-se va más a dos ruedas que a 4 (bicis y motos).
      Tienes razón en que estos coches irían muy bien para aprender a conducir. De hecho no sé por qué no hay circuitos cerrados donde chavales de 14 años puedan aprender un poco a conducir. No creo que fuera nada mal, es una edad muy buena para el aprendizaje. Creo que es mejor que no esperar como yo a los 39 que me saqué el carnet. Saludos!

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    5. Bueno, yo no lo veo tan claro. Verás, la Ley de Tráfico prohibe parar y estacionar a cualquier vehículo en las aceras, incluidas las bicicletas; pero da la posibilidad de que cada municipio permita y regule eso para bicis y motos en sus ordenanzas. Imagino que en Barcelona estará regulado, pero también es cierto que ni los naturales de una población suelen conocer las ordenanzas de su Ayuntamiento (son una especie de agujero negro legislativo), por tanto, en mi opinión, esas zonas deberían estar señalizadas; ¿lo están en Barcelona? Aquí en las aceras no, salvo para bicis; pero sí hay lugares en la calzada reservados para las motos.

      Estaría muy bien, efectivamente, aprender a conducir desde niños de forma continua y progresiva; se podrían hasta hacer campamentos de verano para ello al pie de algún circuito. Creo que sería muy útil en muchos sentidos y la verdadera clave para garantizar un tráfico responsable y seguro, pero, da mas rédito inmediato, económico y político la represión pura. ¡Así nos va!
      ¡Saludos!

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    6. ... Lo que está señalizado son los sitios donde no, porque según nuestras ordenanzas se puede aparcar en cualquier acera que cumpla ciertos requisitos, en concreto:
      El artículo 40 de la ordenanza municipal, fue modificado el 7 de marzo de 2007, y describe los lugares dónde se permite que estacionen las motocicletas. Art. 40. Motocicletas y ciclomotores

      a) A una distancia de cincuenta centímetros del bordillo.
      b) A dos metros de los límites de un paso de peatones o de una parada de transporte público.
      c) Entre los alcorques, si hay, sin sobrepasarlos.
      d) Paralelamente al bordillo, cuando las aceras, andenes o paseos tengan una anchura entre tres y seis metros.
      e) En batería, cuándo la anchura de las aceras, andenes o paseos sea superior a seis metros.
      f) Accediendo a las aceras, andenes y paseos con el motor parado y sin ocupar el asiento. Únicamente se podrá utilizar la fuerza del motor para salvar el desniveles del bordillo, sin que se pueda acceder por los pasos destinados a los peatones con el motor en marcha y sentado en el asiento.
      g) En todo los casos, se tendrá que dejar un espacio libre por los peatones de tres metros.

      Tenemos un parque de 300.000 motocicletas/ciclomotores... y se usan mucho, hasta para llevar a los niños al cole. Es lógico: es mucho más eficiente y barato que el transporte público y no digamos ya que el coche. Precisamente la gracia es que puendan dejarse en cualquier parte.
      Yo también creo que lo de aprender desde niños sería muy interesante, y de manos de expertos de verdad. En fin, saludos!

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    7. Impresionante, Elisa. Gràcies! Siendo así -cosa que no dudo, por supuesto-, nada tengo que objetar.

      No obstante, para las personas que lean esto y estén interesadas en este concreto asunto, tengan muy en cuenta que esto es así en Barcelona. En otros lugares puede ser igual, parecido, o todo lo contrario. Ojo. Y esto me lleva a una situación que ya hace años que me resulta muy irritante: La tela de araña que crece lenta pero sin pausa de la normativa de tráfico con múltiples excepciones, interferencias y contradicciones de legislaciones autonómicas y, sobre todo, locales. Cuando, por definición, la legislación de tráfico debería estar lo más simplificada posible y tener un carácter universal máximo. Al menos, dentro de un mismo Estado. Pero no.

      La detallada y valiosa información que nos dejas, Elisa, creo que es un claro ejemplo de algo válido y lógico en cualquier lugar de España. ¿Por qué demonios no se hace igual en todas partes? Esto no sólo genera indefensión jurídica, por si fuera poco, también propicia situaciones de peligro y accidentes.

      He leído más de una vez que tu ciudad es la que más motos y ciclomotores tiene de toda Europa, efectivamente, pero lo de llevar niños en moto me parece inadmisible, por muy legal que sea, yo nunca he llevado a un niño en moto ni lo pienso hacer. No me atrevo.
      Saludos i bona nit!

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    8. Pues yo también creo que las motos se podrían aparcar en todas partes como aquí. Nunca he notado que molesten así aparcadas.
      Por otro lado, lo de los niños y las motos me parece también rotundamente ilógico (se supone que en el coche han de ir en silla especial, etc.... y luego pueden ir en moto???), pero aquí es muy muy habitual (es la manera más eficiente de llegar al cole puntuales). En mi opinión, sería mucho más seguro si estos niños y adolescentes pudieran ir en carril bici al cole. En fin. Saludos!

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    9. Totalmente de acuerdo, Elisa.
      Lo de carriles bici pensados para que lo niños los utilicen para ir al colegio me parece muy buena idea que, por cierto, no es la primera vez que lo dices por aquí. Yo si fuera niño iría encantado, es más, para mí hubiese sido una motivación estupenda para vencer la pereza de levantarme de la cama.
      ¡Saludos!

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    10. Sabes que se ha estudiado que este paseo en bici prepara la mente y mejora la concentración y el rendimiento escolar? Saludos!

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    11. Sí, y aunque no lo sé con detalle... juraría que lo supe por ti. Gràcies!
      Lo que dije en mi anterior comentario es cierto, pero también lo es que en Asturias en aquellos años llovía muchísimo, te puedo asegurar que era muy habitual pasar dos semanas enteras sin ver el sol ni un minuto, y a veces hasta tres. En esas condiciones poco se puede aprovechar la bici, pero es una buena idea que me gusta.
      ¡Saludos!

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  2. Como siempre hay que darte las gracias por tu aportación en pro de la seguridad vial, por lo que doy la enhorabuena y recomendaré tu blog a través de mis medios.

    Enhorabuena y un abrazo, amigo Esteban.

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    1. Muchísimas gracias, Andrés.
      Yo también recomiendo tu arte, porque tus retratos me parecen eso: puro arte. Y muy difícil; porque el retrato, en mi opinión, viene a ser como el “Himalaya” de la fotografía.
      Un abrazo, amigo.

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