domingo, 10 de agosto de 2014

EN LA CANÍCULA ARDIENTE

“Por la canícula ardiente está la cólera a punto”. Dejó escrito el gran don Miguel de Cervantes Saavedra. 

No pensaba hablar exactamente de ira ni cólera, sino del calor que se produce en el interior de un coche expuesto al sol en pleno verano y de los peligros que conlleva, pero vino a mi mente la cita mencionada y me gustó utilizar una parte para el título. Además, bien pensado, no es el calor propio de estas fechas, en sí, quien provoca el riesgo sino ciertas acciones que podemos llevar a cabo espoleadas, entre otros, por el sentimiento del que nos advierte Cervantes. Y por la ira, rabia, enfado, sentimientos de impotencia, angustia, prisas, exceso de responsabilidades, miedo a no llegar a todo, a no poder con todo; reducir lo verdaderamente importante a su mínima expresión, confiar nuestra propia seguridad y la de otros en una rutina que casi nunca revisamos ni cuestionamos pudiendo llegar a ser detonante de dramas y tragedias que abonamos con el permanente estado de alerta en que vivimos.

Fuente: fbcdn.net
De vez en cuando, por estas fechas y otras próximas, los medios de comunicación nos cuentan que en alguna parte, un niño apareció muerto en el interior de un coche expuesto al sol y al que sus padres olvidaron. O dieron por supuesto que estaba en otro lugar, o accedió al coche sin que se dieran cuenta y luego no pudo salir, o... Aquí pueden ver un suceso de este tipo, desgraciadamente.

Es muy importante y puede ser vital, tomar plena consciencia de que la temperatura del aire del interior de un coche puede llegar fácilmente alrededor de los 60º C cuando lleva estacionado un tiempo bajo el sol. Es imposible que eso lo pueda resistir un niño, o un anciano. En realidad nadie. Pero los más pequeños y los más mayores son mucho más vulnerables ya que les será imposible salir y pedir ayuda.

Ningún ser vivo impedido de valerse por sí mismo totalmente o en parte debería quedarse en el interior de un coche, ni un minuto, salvo que una persona adulta pueda cuidar de sí misma y de él en ese tiempo. Y cuando digo ser vivo, naturalmente, me refiero también a perros y gatos, cualquier tipo de animal, y plantas. Tampoco sabemos nunca qué nos puede ocurrir una vez salimos del coche y vamos a hacer un recado, por más cerca y rápido que sea el asunto, podríamos caernos, por ejemplo -nadie estamos libres- y todos hemos comprobado muchas veces que, contra todo pronóstico, una determinada gestión que íbamos a hacer se retrasó muchísimo.   

Es necesario tener mucho cuidado con estas cosas, incluso en invierno, porque en un coche cerrado al que le da el sol, la temperatura del aire del habitáculo puede impedir que este responda a lo que su nombre indica. Haga o no calor, también puede suceder que una persona se angustie mucho cuando pasa un tiempo dentro y sola, sienta que se queda sin aire y no sepa abrir la puerta si está cerrada con llave. Con los seguros puestos, no en todos los coches se abren las puertas del mismo modo desde el interior, los he conocido en las se abren en el primer intento y otros en el segundo. Lo he mencionado alguna vez por aquí y volveré a decirlo: no cuesta nada llevar un martillo de emergencia de los que vemos en los autobuses y que permiten romper un vidrio o cortar un cinturón de seguridad fácilmente; en este caso, debería estar a la vista de todos los ocupantes y la persona responsable del coche advertir de ello a sus pasajeros indicándoles para qué sirve.

Fuente: www.ronroneosymordiscos.com
Tengo costumbre de echar un vistazo al interior del coche antes de alejarme del mismo, bien por si olvidé algo, bien por si hay algo a la vista que prefiero que quede oculto. Así mismo, cuando vuelvo a él, en lugares o parkings muy solitarios, especialmente, y más de noche, tengo el hábito de mirar dentro antes de abrirlo; lo reconozco, esto se me ha pegado del cine. Todos hemos visto películas en las que se ve cómo alguien que se sienta tranquilo y confiado al volante es sorprendido por alguna desagradable visita que le espera en el asiento trasero. Y somos muy vulnerables cuando conducimos. Nunca he tenido problemas de este tipo, gracias a Dios (y toco madera), pero aquí pueden ver el susto tan grande que sufrió un amigo mío hace ya unos años. Carecía de toda mala intención, pero, en algunas personas podría haber sido mortal.

Excepto en coches que sean claramente viejos, ahora todos se abren y cierran pulsando un botón de la llave; e incluso sin ella, con una tarjeta que podemos llevar en el bolsillo y cuando estamos lo bastante cerca desactiva los seguros de las puertas. Es muy cómodo, aunque lo de la tarjeta no me convence, y será una manía, pero para mi gusto ocupa demasiado espacio y prefiero la llave, con botones, pero la llave. Con ella, cuando se actuaba directamente en la cerradura, resultaba muy fácil y prácticamente instintivo mirar al interior del coche justamente antes de dejarlo o de entrar en él. Ahora, más bien sucede lo contrario, estacionamos, bajamos, y de espaldas al coche y sin mirar apretamos el botón de cierre. Muy chulo, literalmente. Y una prueba de que no todo lo nuevo está lleno de ventajas, siempre hay algún inconveniente.
Quizá nunca sea necesario, sin embargo es muy recomendable.
Fuente: www.twenga.es
Volviendo a los calores del verano, les dejaré una pequeña lista de cosas (de seres vivos ya hemos hablado) que, personalmente, no dejo nunca en el coche cuando se queda al sol, si acaso en el maletero y tampoco todas:
  • Mecheros, encendedores, cerillas... (ni en el maletero).
  • Aerosoles (ni en el maletero), salvo el de la espuma de afeitar que llevo dentro de un neceser y este dentro de una maleta.
  • Periódicos, papeles o plásticos; no he sabido de ningún caso, pero no me parece tan extraño que un periódico sobre el salpicadero o la bandeja trasera, por ejemplo, pueda prender fuego. Todo esto lo dejo en el maletero.
  • Baterías, portátiles y aparatos electrónicos del tipo que sean, o los llevo conmigo o los dejo en el maletero. En viajes largos tengo observado en el teléfono móvil que cuando le da mucho el sol o está en la guantera u otra zona en la que incide el aire acondicionado muy cerca de él funciona de un modo bastante irregular hasta que la temperatura se normaliza.
  • Comida, ya sea para el viaje o por haber hecho la compra, en el maletero, y según qué cosas sólo pueden estar en él muy poco tiempo.
  • Recipientes de vidrio.

Si se me ocurre algo más lo añadiré a la lista, y, por supuesto, si alguno de ustedes me sugiere algo al respecto también lo haré con mucho gusto y muy agradecido.

Con el coche en marcha.
En viajes largos en días calurosos, es conveniente madrugar, incluso aunque la primera hora (más o menos) la pasemos conduciendo todavía de noche, en principio, aún estamos cerca de casa y en terreno conocido. Es importante, dentro de lo posible, evitar conducir en las horas centrales de día y con el Sol en pleno apogeo, por mucho aire acondicionado que tengamos y por muy bien que funcione. Toda la mecánica sufre considerablemente y la sometemos a mucho más esfuerzo, por lo que es recomendable no hacer sufrir al coche innecesariamente ni más de lo imprescindible, a la larga nos lo agradeceremos mutuamente. Podemos mantener velocidades en torno a la máxima permitida pero no de un modo muy constante cuando hace mucho calor y además vamos cargados, esto es más importante cuanto mayor sea la temperatura del aire y más nos alejemos del nivel del mar subiendo. 

Así se calienta el aire.
Fuente: www.windows2universe.org
La temperatura del asfalto siempre es mayor que la del aire, y los neumáticos se someten a un esfuerzo máximo cuanto mayor es aquella y más rápido se circule, aumentando el riesgo de reventón. Se suele pensar que es el Sol el que calienta el aire, pero en realidad el proceso es el siguiente: El Sol calienta la tierra y la tierra calienta el aire. 

Si pensamos en el cuerpo humano como una máquina -entre otras cosas es un vehículo- y lo comparamos con el automóvil, podemos aplicar el famoso principio de dar a la máquina un trato aproximadamente similar al que le daríamos a nuestro cuerpo. ¿Acaso nos gusta forzar nuestro cuerpo con calor y a 1.000 m de altitud, por ejemplo? Pues al coche tampoco.

Esteban

16 comentarios:

  1. Otro muy interesante post sobre temas que pasamos muchas veces por alto pero que son importantes.
    Tuve una experiencia el año pasado que me hizo darme cuenta de lo fácil que puede ser quedarse dentro de un coche y no poder salir si se es un niño, o un anciano, o si nos ponemos nerviosos. La cuestión es que entré en mi coche para cambiarme los zapatos, dejando la llave a mis familiares. Entré por la puerta de atrás pues hay más espacio para cambiarse, sin caer en la cuenta de que tanto nosotros como muchas familias llevamos las puertas de atrás bloqueadas para que no se puedan abrir desde dentro (y así evitar que los niños las abran en el peor momento). El caso es que no podía salir, y por más señas que hacía a mis familiares, estos estaban lejos y no me veían. La única manera de salir era ir a los asientos delanteros, pero obviamente no creo que esto se le ocurra a un niño o un anciano.
    Este año compré el martillo. Me parece un complemento a tener dentro del coche. Nunca se sabe qué puede pasar.
    Sobre el conducir con el asfalto caliente: ¿cómo crees que deberíamos llevar las presiones en este tipo de viajes largos en verano?
    Saludos!

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    1. Moltes gràcies, Elisa!
      Efectivamente, lo que cuentas, a otras personas les podía haber costado un disgusto muy serio; aunque confieso que me reí, porque te imaginaba en la situación, y a salvo de todo riesgo, desde luego.

      Cuando escribía la entrada tuve en mente hacer alguna referencia a los bloqueos de las puertas traseras para niños, pero luego no dije nada, así que viene muy bien tu anécdota. Muchos coches también llevan bloqueo de ventanillas traseras y, junto con el de las puertas, se suelen controlar desde los botones de la puerta del conductor, pero muchos niños y ancianos no lo saben.

      El martillo está muy bien, nunca se sabe, ciertamente, y también podemos ayudar mucho más fácilmente a otras personas. En general, hay unas cuantas pequeñas cosas que se divulgan muy poco y a las que casi nadie da importancia, pero deberían de saberse por parte de casi todos. He viajado poco en avión, pero siempre me ha escandalizado que casi nadie preste atención a las indicaciones de seguridad que sistemáticamente se dan antes del vuelo, es más, es que me molesta porque me parece una falta de respeto hacia uno mismo y hacia la tripulación impresionante.
      Ya que casi todos andamos con teléfono móvil, y casi siempre lo llevamos con nosotros, conviene tener en cuenta que nos puede sacar de más de un apuro y no dejarlo en ninguna parte sin antes pensarlo un poco.

      Con las presiones de los neumáticos, aunque haga calor, lo mejor es guiarse por las indicaciones que da el fabricante. Personalmente, siempre llevo la máxima recomendada para autopista y a tope de carga aunque viaje solo, más una o dos décimas; en pleno verano, prescindo de este último extra. La pregunta viene bien, pues da la sensación de que cuanto más calor y más presión, más fácil será reventar una rueda, sin darnos cuenta de que la temperatura del neumático se ve muy condicionada por el rozamiento de este, el cual será algo menor en la medida en que hay un poco menos de superficie tocando el suelo.
      ¡Saludos!

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    2. Gracias por tu respuesta. Es cierto que a más presión menos superficie de contacto.
      Me alegro que la anécdota te sirviera. A mí me resultó muy sorpresiva esta sensación de estar cerrada en mi propio coche.
      ... Yo en los aviones reconozco que sólo presto interés cuando indican dónde están las salidas de emergencia. Pero tienes razón, es una descortesía. Mea culpa. Y si quieres que te diga una cosa, no creo que te pierdas demasiado por no volar: aeropuertos, controles, esperas, traslados aeropuerto-ciudad... o es completamente necesario o no tiene sentido, además de que creo que debe tener un coste medioambiental importante. Saludos!

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    3. ¡De nada! Las gracias más bien las mereces tú por preguntar.
      Quedarse encerrado en el propio coche es algo desconcertante, sí. Se han dado algunos casos (muy pocos, afortunadamente) de muerte por infarto al que llevó la angustia que sufrieron algunas personas por ese motivo; y más casos en los que una oportuna intervención de alguna persona desde el exterior evitó la tragedia, y en los que he conocido siempre se trataba de personas adultas y de mediana edad. La verdad es que nunca sobra estar bien seguros de cómo funcionan algunas cosas en el coche y avisar de ello a nuestros pasajeros, al menos a los habituales, porque en según qué modelos y marcas a veces hay cosas un tanto raras.

      Totalmente de acuerdo con lo de volar, pero las indicaciones de seguridad es importante tenerlas en cuenta por más que casi todo el mundo dé por supuesto que en caso de accidente nadie sobrevive, cuando en realidad, en la mayoría de los accidentes sí que hay supervivientes. Lo mío igual es deformación profesional, pero cuando alguna vez he ido en barco también me gusta saber qué se puede hacer en caso de naufragio y, contrariamente a lo que algunas personas muy cercanas a mí piensan, tener en cuenta esas cosas, no me impide disfrutar del viaje lo más mínimo. Hubo un tiempo en que estuve como marinero voluntario en la Cruz Roja del Mar, aprendíamos cosas muy interesantes al tiempo que lo pasábamos muy bien.
      ¡Saludos!

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    4. ... Yo en los aviones siempre acostumbro a mirar dónde está la puerta de emergencia más visible y intento recordar cómo abrirla. No sé si será siempre igual, pero una vez estuve en el asiento al lado de dicha puerta y en consecuencia era la 'encargada' de abrirla en caso de necesidad por ser la persona más cercana. La azafata me mostró cómo abrirla y me explicó que sentarse allí y 'asumir' esta responsabilidad era voluntario: que si te toca ese sitio y te quieres cambiar están obligados a cambiarte de asiento. Fue interesante aprender algo nuevo.
      Sobre los aviones, recomiendo a la gente que se mueva y que se hidrate. Y desaconsejo la típica 'pastilla para dormir' que se toma mucha gente en los viajes que implican 'jet-lag', precisamente porque dormir demasiado profundamente hace que nos movamos menos:
      http://www.lufthansa.com/es/es/Sindrome-de-la-clase-turista
      Saludos!

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    5. Muchas gracias por los consejos y el enlace, Elisa.
      Cuando Axa me invitó a ir a París el pasado otoño, me tocó (por primera vez) ir sentado al lado de una de las puertas de emergencia; me explicaron lo mismo que a ti, y me entretuve parte del viaje en asegurarme de saber abrirla en el muy improbable caso de que fuese necesario. A parte de la explicación oral y con gestos que me dio la azafata, también había un impreso a mano para consultarlo en cualquier momento. Es una responsabilidad, ciertamente, pero me gustó la experiencia, y también tiene sus ventajas: mucho más espacio para las piernas.
      Comentando esto con algunos conocidos, me dijo uno, que él, siempre que puede, pide uno de esos asientos por ser más cómodos.
      ¡Saludos!

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    6. A mí también me gusta ese asiento. Total, en caso de emergencia todos tenemos una responsabilidad... Saludos!

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    7. Cierto. Tienes toda la razón.
      ¡Saludos!

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  2. Precioso blog y valiosísima información, un abrazo Esteban.

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    1. ¡Muchísimas gracias, Joaquín! Un fuerte abrazo.

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  3. No podía dejar de comentar esta interesante noticia.
    Muy adecuada para la estación en la que nos encontramos y para tomar las medidas preventivas que se indican.
    Y además después de mencionar al escritor de Alcalá, no tuve más remedio que participar en este querido blog.
    Un saludo para tod@s.
    Desde Alcalá de Henares, cuna de Cervantes.

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    1. Siempre es un placer acercarse a la vida y obra de Cervantes con cualquier motivo, y daba por hecho tu comentario con la alusión que hice. Muchas gracias, Manuel.
      Ho te envío un imaginario saludo quitándome el sombrero, con reverencia incluida, al estilo del capitán Alatriste.

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  4. ¡Hola, Esteban!!!

    ¡Importante entrada nos dejas, me muero de pena! Cuando escucho o leo éstos acontecimientos. Lo estaba comentando la televisión en los informativos, el otro día, se trataba de un padre que olvido su niña creo de años, que debía de dejarla en la guardería y la dejó dentro su coche y se fue a trabajar. ¡Me parece increíble! Pero es verdad. Pasa mucho en Estados-Unidos, no sé cuantos cientos de niños mueren al año, de esta manera. ¿Me pregunto, será posible que se pueda olvidar un niño? Como si fuera paquete? Estoy triste y rabiosa. No lo soporto.

    Bueno Esteban, estaba tratando de preparar una entrada para septiembre y se me escapó el puntero a publicar en vez de guardar en borrador. La eliminé enseguida pero seguro que le salió más de uno al igual que a ti.
    Volveré a recuperar-la. Estoy en Cangas frente a Vigo, con la ría de por medio.
    No sé si te suena pero es un paisaje fresco y precioso.

    Gracias, te dejo un beso y hasta pronto. septiembre está a la vuelta de la esquina.

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    1. ¡Hola Marina!
      Estoy totalmente de acuerdo contigo, también a mí me da muchísima pena. Además, qué muerte más horrible. Sin embargo, no sé, ni sabría qué hacer en estos casos... Yo creo que es la forma tan loca en que vivimos, se nos llena la cabeza de cosas "importantes" y lo que de verdad tiene valor, un valor incalculable, lo olvidamos.
      El caso de la noticia que pongo enlazada ocurrió muy cerca de aquí, en Erandio. Hace pocos años, y me acuerdo muchas veces de esos padres, sobre todo de la madre, ¿cómo estará? Se me ocurren muchas preguntas, pero me parece seguro que vive en un auténtico infierno. No sé, no sé... A veces creo que la vida es tremendamente injusta y cruel, todos nos equivocamos mil veces y en pocas ocasiones se pagan tan caros los errores. ¿Por qué unos sufren el infierno en vida y otros no?

      Cambio de tema. Me alegro que sepas lo que pasó con tu entrada, eso tiene fácil arreglo. Y septiembre está cerca, sí; esperaré con mucho gusto.
      No conozco el lugar en el que estás, pero doy por hecho que será precioso. De Galicia sólo conozco tres lugares muy concretos y por este orden: Ribadeo, Fonsagrada y Finisterre. Los tres me gustaron y de todos tengo buenos recuerdos. Pero volveré a conocer parte del resto, si Dios quiere, y espero no tardar mucho.
      Hasta pronto, Marina. Un abrazo.

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  5. Tristemente se ven demasiado estos casos!
    un abrazo

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    1. Ciertamente, Mery. Y producen una tristeza y desolación infinitas.
      Un abrazo.

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