sábado, 27 de junio de 2015

ABS, ESP y MENTIRAS EN TELEVISIÓN (y 2)

Informativos Telecinco, hora 15 del jueves 18 de junio. Se expone un vídeo grabado desde un helicóptero de la Guardia Civil de Tráfico en el que se ve a un Audi Q7 circulando por una autopista o autovía a 227 km/h. La voz en off de una locutora, además de transmitir asombro y escándalo, hace varios juicios de valor sin fundamento alguno como: “a esa velocidad hasta el helicóptero pierde por unos segundos la estabilidad de la cámara”. ¿Y qué tendrá que ver la velocidad del coche, digo yo? Será por un error de encuadre o porque el piloto tuvo que cambiar su trayectoria momentáneamente por algún motivo.

La foto de la infracción.
Fuente: www.telecinco.es
La misma voz afirma, que como el conductor va tan rápido “se le va” el coche, lo que es rigurosamente falso y a la vista está. Ese coche y otros muchos pueden llevar esa velocidad, y más, manteniéndose perfectamente estables y como si fuesen sobre raíles. Se puede ver que el conductor del vehículo mantiene el control en todo momento y que sale parcialmente del carril para trazar, intencionadamente, claro. Y sin que se aprecie que importune a nadie ni que genere ningún peligro. Además, ese coche tiene control de estabilidad y, aunque ignoro cómo funciona ese sistema a esa velocidad, o si está desconectado (no lo creo) o averiado, lo que sí sé, es que si el coche “se va”, a esa velocidad el accidente está garantizado. 

Para subir el nivel de escándalo y dramatismo a su discurso, la locutora nos presenta el famoso dibujo de un coche que cae desde el tejado de un edificio muy alto. Estoy harto de estas comparaciones, francamente, porque también son falsas, a no ser que en plena carretera nos encontremos con la pared de un frontón. Aun en este supuesto, tendría que ser en un tramo recto o ligeramente curvo para poder ir a más de 200 km/h, vamos, con buena visibilidad y por tanto con espacio suficiente para poder detenerse sin riesgo alguno de tocar con la piedra blindada de esa pared. 

Sin ánimo de ofender, porque es muy obvio, pero, por favor,
nunca intenten localizar al helicóptero. 
Aunque... 

a veces es muy fácil, como pueden ver aquí
dicho sea con cierta malicia, la verdad.
Fuente: www.diariomotor.com
Para rematar la faena, recurre a otra manida comparación: “pero además, ante cualquier obstáculo, si quisiera frenar, a 227 km/h recorrería antes 250 m, como mínimo. Como dos campos de fútbol”. La verdad es que no sé ni encontré datos sobre el espacio que recorre el mencionado automóvil para pasar de 227 a 0 km/h, supongo que será menos, que exageran, pero no lo sé, claro que ninguna de las muchas veces que he leído u oído este tipo de afirmaciones he visto que se presentase una sola prueba de las mismas.

Bien, hasta aquí los hechos y el burdo intento de manipular el juicio y criterio de los espectadores. Pueden ver el telediario completo aquí, esta noticia aparece cuando faltan 5‘ 49’’. Hace años que los medios de comunicación nos traen noticias de esta índole regularmente, echándose siempre las manos a la cabeza por este tipo de infracciones que, curiosamente y a Dios gracias, nunca tienen por final que el infractor hubiese tenido un accidente como consecuencia de la misma. 
                               
Nunca he conocido en toda mi vida (literalmente), hasta ahora, a ninguna persona que respete siempre todos los límites de velocidad, y en lo que he podido vivir en la carretera nunca me he sentido en peligro cuando algún conductor se encontró conmigo a velocidades en el entorno de los 200 km/h, cosa que me ha sucedido pocas veces, a pesar de superar los tres millones de kilómetros recorridos. Y en la mayor parte de esos casos, quienes me adelantaron aproximadamente a esas velocidades, eran coches oficiales. Mire usted por dónde.

Torre Picasso, Madrid.
Cuántos años llevan mostrándonos este falso ejemplo...
¿Acaso la carretera se va a poner vertical y nosotros ciegos de repente?
Fuente: www.telecinco.es
Cuando hablo de coches oficiales me refiero a los que se utilizan para trasladar a políticos o a ciertos funcionarios de la administración. Estos coches carecen totalmente de amparo legal para incumplir normas o señales; los únicos que lo pueden hacer, sólo en servicio urgente, si es necesario y bajo la responsabilidad de sus conductores son los denominados vehículos prioritarios: policía, ambulancias, bomberos, protección civil y salvamento. Y utilizando luces giratorias y sirena, pudiendo desconectar esta si no hay peligro. Digo todo esto porque me consta que algunas personas creen a buena fe que los coches oficiales se pueden saltar los límites de velocidad; y no, tienen las mismas obligaciones que todos los demás. 

Desde hace muchos años intentan convencernos de que los excesos de velocidad son la causa principal de todos los males de la carretera, y es falso. El exceso de velocidad (superar el límite permitido) pocas veces es causa de accidente, muy pocas. Sí lo es en cambio la velocidad inadecuada, muchas veces inferior al límite establecido, cosa por la que no denuncian por más que podamos morir o matar. Ya ven. Pero claro, ¿cómo van a justificar nuestros gobernantes si no, la forma tan fácil, cómoda y rentable de obtener ingresos que supone llenar las carreteras de radares? Ellos, que ordenan a sus chóferes que hagan un viaje de 400 km en dos horas (verídico, doy fe); ellos, que ni van a ser denunciados ni a pagar ninguna multa. Además, cuando alguien tiene un accidente por exceso de velocidad... ¿por qué lo hace? ¿Cómo es que no percibe el peligro y frena con lo fácil que es hacerlo? ¿Acaso se quiere suicidar? Lo importante es determinar por qué se produce el exceso de velocidad, y eso nunca nos lo explican. 

¿De verdad saben la distancia de frenado de ese coche a esa velocidad?
Francamente, no me lo creo.
Fuente: www.telecinco.es
Hacer un viaje al ritmo de marcha que acabo de indicar (media de 200 km/h) es algo muy raro por parte de un conductor “normal”, entre otras cosas porque exige muchísima concentración y esfuerzo. Conducir verdaderamente rápido cansa mucho. Los excesos de velocidad notables, normalmente, duran poco tiempo: unos segundos, algunos minutos... Quizá en viajes largos alguien los repita en varias ocasiones, pero rara vez pasa de ahí.

Muchas personas dicen que, bueno, por más que el Gobierno ponga radares, si uno no rebasa la velocidad máxima permitida, no se ganará ninguna multa. Y es verdad. Pero también lo es, que el Gobierno sabe perfectamente que tarde o temprano todos sobrepasaremos algún límite, porque siempre, siempre, hay algún momento en el que uno no ha visto una determinada señal, sobre todo, cuando la ausencia de peligro es total y perfectamente visible en muchos cientos de metros por delante, cosa que ocurre muchas veces. Luego cuantos más radares dispongan más denuncias conseguirán, aunque avisen de su situación, tampoco siempre, y nunca con los helicópteros.

Limitadores/reguladores. Muchos conductores utilizan estas sistemas graduándolos a 120 km/h para hacer un viaje por autopista y esperando evitar así, unos días después de su regreso, la notificación de una denuncia por exceso de velocidad. Pero no es nada raro, que en algún tramo de la ruta que hicieron hubiese un límite inferior (110, 100, 90...) que se les pasó desapercibido porque nada lo justificaba, sin embargo, curiosamente, en él había un radar móvil escondido y al final sí reciben la desagradable noticia de que los detectó. 

Mando para limitar y regular la velocidad o control de crucero.
Personalmente, no me gusta el limitador/regulador de velocidad y sólo lo uso muy excepcionalmente. Percibo la sensación de que tiendo a relajarme demasiado aumentando mi tiempo de reacción y que surge (al menos a mí me pasa) una especie de resistencia absurda a desconectarlo cuando me encuentro algún vehículo que circula a una velocidad muy ligeramente inferior a la mía, lo que me lleva a quedarme sin distancia de seguridad. En el momento de adelantar, la maniobra es mucho más lenta y con unas diferencias de velocidad ridículas que obligan a utilizar los espejos mucho más de lo que sería razonable y lógico para evitar el riesgo de un choque por alcance si aparece otro automóvil circulando claramente más rápido que yo. 

Cómo evitar un accidente con quien circula muy rápido. Partimos de la base de que estamos circulando por autopista, que no hay más límite que el genérico (120 km/h), que vamos por el carril de la derecha (tal como indica la norma con toda lógica) y que sólo lo dejaremos durante el menor tiempo posible y cuando tengamos una buena razón para ello:  una bifurcación que nos obliga a dejar el carril para seguir nuestra ruta o un vehículo que circula más lento delante de nosotros (lo más habitual); pongamos que es un autobús (irá a 100 km/h) y comenzamos a pensar en adelantarle. 

Cualquier maniobra debe ser planteada con suficiente antelación, más un adelantamiento y más aún cuanto más rápido se circule. Incluso en calzadas de sentido único. Esto es muy importante. Yo siempre comienzo a pensar en adelantar en cuanto veo a alguien circulando más lento, aunque luego decida no hacerlo porque vea o sepa que delante del autobús, por ejemplo, está próximo un túnel con límite en 90, que yo respeto, pero el autobús seguramente no; luego para no llevarlo pegado detrás de mí o que tenga que adelantarme, mejor igualo mi velocidad con la suya poco a poco, mantengo distancia y espero. 

El coche oscuro que va en cabeza, si quisiera cambiar de carril, debe estar
completamente seguro de que no obliga a nadie
a levantar el pie del acelerador ni un milímetro.
Fuente: www.lcoches.es
En cuanto comienzo a pensar en adelantar observo el carril izquierdo con mucha más frecuencia. Si hay buena visibilidad en un espacio claramente grande con ese carril vacío, empiezo a determinar con la mayor precisión posible en qué punto haré el cambio de carril al tiempo que voy aumentando la velocidad en el que estoy. Reitero las observaciones del carril izquierdo, si sigue igual (sin nadie) señalizo la maniobra, vuelvo a mirar, lo ocupo progresivamente, aumento más la velocidad, rebaso, observo, señalizo, observo, vuelvo a la derecha, compruebo que tengo buena distancia con el vehículo adelantado, ajusto mi velocidad recuperando mi ritmo de marcha (superior al del vehículo adelantado, si no la maniobra carece de sentido, pero inferior a la velocidad del adelantamiento) y listo. 

Si en tanto estoy observando el carril izquierdo, y sin ocuparlo, veo que alguien que circula detrás de mí inicia el adelantamiento (lo señalice o no) espero, y en el mejor de los casos salgo detrás de él. 

Si en el carril izquierdo veo un vehículo, incluso muy lejos, espero a comprobar la diferencia de velocidad que lleva conmigo. Puede ser superior, igual o inferior. Pero tengo que saberlo. Se teme mucho a un choque frontal y apenas se da importancia a una colisión por alcance, cuando en realidad, ambas pueden ser igual de letales.

En un momento concreto, al vehículo que estoy viendo a lo lejos en el carril izquierdo mi perspectiva le da un determinado tamaño. Si este aumenta, es que va más rápido que yo; si aumenta muy rápido, es que va mucho más rápido que yo; si se mantiene el tamaño, vamos a la misma velocidad; y si se reduce es que va más lento con respecto a mí, en cuyo caso no tendré ningún problema por desplazarme al carril que él ocupa; tampoco si vamos a igual velocidad -salvo que esté próximo-, porque en este caso es mejor esperar para no asustarle. Todas estas observaciones suelen parecer muy complicadas, pero de hecho no lo son si nos entrenamos; y este entrenamiento podemos hacerlo de forma sistemática cada vez que nos ponemos al volante, queramos adelantar o no.

Con las motos debemos tener muchísimo cuidado, las podemos tumbar sin tocarlas.
Cruzarse en su trayectoria, en mi opinión, es un acto criminal.
Fuente: www.motofichas.com
Punto de no retorno o cuando abortar la maniobra ya es imposible. Es muy importante determinarlo con mucha precisión antes de realizar ningún adelantamiento, porque evidentemente, podemos errar en alguno de los cálculos de distancias y velocidades, cosa que bien puede suceder por distraernos inoportunamente alguna de las personas que nos acompañan, o el sonido que nos avisa de un mensaje o llamada en el teléfono que debíamos de haber dejado en el maletero y en modo “avión” o en “silencio”, o por mil razones más. 

Lo que es seguro es que nos vamos a dar cuenta del error a nada que miremos por el retrovisor interior, o por los destellos o toques de bocina que el otro conductor nos dedique; y con razón, por más que esa persona circule muy por encima da la velocidad máxima permitida y nosotros vayamos justo en el límite, ¿acaso queremos dejar que nos rompa el cuello y nos quedemos tetrapléjicos de por vida? 

Ni por un instante debemos pensar: “yo voy bien, allá él, que frene...” ni cosas por el estilo. Sólo hay que centrarse en volver a ocupar el espacio que dejamos a la derecha (si aún está libre, lo más probable, pero hay que verlo) sin bajar velocidad (para evitar el alcance) y frenando en cuanto estemos en la derecha para no chocar con el vehículo al que íbamos a adelantar; no hará falta mucho, basta con igualar su velocidad. Bien, pues hay un punto -para cada circunstancia concreta- a partir del cual es imposible hacer esto. 

Cuando andamos por la acera, ¿se nos ocurre estorbar a quienes van corriendo?
¿Y se han fijado que van más atentos que nadie y que nunca tropiezan con nada?
Pues con los coches y en la carretera igual.
Fuente: www.werunbarcelona.com
Si hemos rebasado ese punto, sólo queda acelerar a fondo hasta poder recogernos en la derecha para que el conductor cuya trayectoria hemos interceptado pueda igualar su velocidad con la nuestra y evite el alcance. ¿Les suena aquello de que a la hora de adelantar es necesario tener engranada la marcha adecuada con antelación y asegurarse así una reserva de potencia? Pues con sentido único también puede ser vital.

Ahora, rebasar el punto de no retorno y tener problemas supone haber cometido un error de apreciación de grueso calibre; o una cadena de errores, o no haber mirado siquiera, o, lo que desgraciadamente es mucho más habitual: empecinarnos en hacer una maniobra con alto riesgo de accidente convirtiéndonos en casi absolutamente dependientes de las decisiones que tome una persona a la que ni tan siquiera conocemos y además estamos importunando, cuando no poniendo en peligro, arriesgando nuestra salud y vida en tan absurdo y gratuito empeño, y lo que es peor, la de los familiares y amigos que llevamos, sin olvidar a los ocupantes del vehículo delante del cual nos cruzamos.

Aunque la carretera tenga más de dos carriles en el mismo sentido no debemos obligar a nadie a desplazarse.
  1. Porque no tenemos ningún derecho a hacerlo.
  2. Porque igual el otro conductor no puede hacerlo.
  3. Porque, aunque pueda, quizá le hemos asustado tanto, que verse obligado a frenar fuerte, girar a la izquierda, a la derecha, y recto, le lleva a perder el control y acaba provocando un accidente en el que seguramente nos veremos implicados.
Otra cosa es que, cuando todavía estamos en el carril derecho, el otro conductor decida irse al tercer carril. Bien, sin problema si es porque él lo decide, nunca porque nosotros le obliguemos

La actitud del coche oscuro es intolerable y
un vicio muy extendido en nuestras carreteras.
Fuente: www.antena3.com
Hacer todo esto es más fácil de lo que parece, sin salir de la autoescuela hay alumnos que logran hacerlo muy bien, y los que no lo consiguen es porque no se dan tiempo. Por otro lado, la forma correcta de actuar en esta y otras maniobras parte de sentir un profundo respeto por los derechos, salud y vida de los demás. Y por sentir lo mismo por el deber, salud y vida propios.

17 comentarios:

  1. Estimado Esteban: dices cosas realmente muy sensatas. Desgraciadamente hay cada vez más gente que literalmente te corta el paso obligándote a frenar, aún llevando coches muy potentes y estables, e incluso teniendo espacio por delante como para, con un golpe de acelerador, situarse mucho más por delante (no sé si me explico). Se vive cada día, y nunca entiendo porqué se la juegan así, pues ponen sus vidas en manos de que el otro no se despiste y frene (porque a la que te despistes, te lo comes, y a velocidades totalmente legales). Yo también creo que lo del coche oscuro es intolerable: puede ir por la derecha, y si tiene que ir por la izquierda porque es una bifurcación, tiene que tener la deferencia de hacerlo a una velocidad más alta que el de la derecha, pues si no va a complicar los cambios de carril de todo el mundo. Esa gente, en carreteras de 3 carriles, son una plaga: te desplazas dos carriles para adelantarlos por la izquierda, pero volver al centro es una de las maniobras que más respeto me dan, porque al volver puedes coincidir con uno del derecho que vaya al centro: cada día veo estas 'coincidencias' totalmente evitables si se circulara como es debido. Lo más enervante es que el que circula por el medio liando todo es el que se va de rositas.
    Supongo que una buena mecánica en una buena autopista debe permitir ir a velocidades altas, pero eso sí: tiene que estar desierta. Te aseguro que por los alrededores de Barcelona eso sería impensable. Cualquier velocidad que se acerque a 120 o poco más supone el riesgo de que cualquiera se te cruce a 80 sin previo aviso... o alguien se incorpore a 40. Es que yo no sé cuántas veces me veo obligada a frenar cada vez que cojo el coche, o a tocar el cláxon si veo que se acercan -inexplicablemente- a la línea cuando estoy casi en paralelo (y no soy 'de correr'). Supongo que todo esto es debido a una falta de atención sorprendente, basada en la confianza que da seguir las normas, llevar un coche moderno, y suponerse 'rápido de reflejos'. Bien, no lo sé... Saludos!

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    1. Estupendo comentario, Elisa. Moltes gràcies! Es perfecto.
      Disculpa que posponga un poco la respuesta, por favor, porque hoy estoy muy liado.
      Saludos i bona nit!

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    2. Estimada Elisa, te explicas muy bien. Cuanto relatas pasa con harta frecuencia y es enervante, efectivamente, por tan absurdo. Yo creo que se da más desde que en los alrededores de las grandes ciudades se ha limitado la velocidad a 80 km/, generalmente; también me parece que cuantos más botones tenga un coche o más carriles una calzada, peor.
      Da la impresión de que muchos conductores, como hay que ir despacio, se aburren soberanamente y van distraídos, ensimismados en sus propios pensamientos como si lo que viesen a través de espejos y parabrisas fuese una película que nada tiene que ver con ellos. Curiosamente, muchos me han confesado que se sienten más seguros en el carril central aunque no sepan explicar el motivo; una vez me topé con uno, que llegados a Bilbao y en el primer semáforo en rojo que coincidimos se bajó del coche para decirme que el carril de la derecha era sólo para camiones, autoescuelas y novatos con la “L”, y que por eso él no lo tocaba; yo iba dando clase y como coincidimos detenidos en varios semáforos seguimos la conversación (él se bajaba cada vez, bastante amable, afortunadamente) y aquel hombre no daba crédito a mi réplica de que el carril derecho era por donde normalmente debíamos de ir todos. Al final, tuve la impresión de que se fue más o menos convencido, y yo empecé a sospechar que quizá haya bastantes personas que piensan igual.

      En el cambio al carril central, aun cuando sea para cruzarlo hacia el derecho o el izquierdo, pueden darse esas coincidencias que mencionas, muy peligrosas, desde luego. Yo procuro anticiparme más de lo habitual, al tiempo que utilizo mucho los espejos y a última hora hago una o dos observaciones directas girando la cabeza para ver por la ventanilla trasera derecha, si voy hacia ese lado y que es por el que peor podemos ver si hay alguien muy cerca a punto de estar en paralelo. Esa zona, como bien sabes, es en la que la zona de incertidumbre del espejo interior y exterior derecho es mayor, sin olvidar que este es el más convexo.
      Me temo que no queda más remedio que derrochar paciencia y trabajo, más cuanto mayor sea la ciudad en la que vivimos. Conozco Huesca bastante bien, y es un auténtico placer salir desde cualquier lugar de esa ciudad y en unos 10’, 15’ como mucho, encontrarte en una carretera prácticamente vacía.
      ¡Saludos!

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    3. Hola Esteban: Yo sé explicar el motivo por el que el central hace sentir más seguro. En primer lugar, a poco que observes, el del medio es el que, como dije en el comentario anterior, se va de rositas: nunca lo ves en situación de peligro ni de ser el causante directo de un accidente. El peligro y la responsabilidad lo corren los otros: los que hacen mil cambios de carril para pasarlos, o el que se queda en el carril derecho hecho un bocadillo entre los que se incorporan 'como sea' y el del medio.
      Curiosamente, ese individuo no acostumbra a ser pitado ni achuchado (como mucho, a veces se le pone alguien detrás unos segundos hasta que ve que es inútil insistir y le adelanta por donde sea), es como si la gente viviera resignada a su existencia. Esto contrasta con los pitidos salvajes que puedes llegar a oír porque alguien deja pasar un paso cebra a un anciano esperando el tiempo que haga falta.
      En resumen: el carril del medio sí es muchas veces, en la práctica, más seguro para uno, pero si no estamos adelantando lo que hacemos es crear problemas y peligros a los demás. Aquí se mide quien piensa sólo en uno mismo o tiene un poco más de talla moral.
      Saludos!

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    4. Hola Elisa:
      Estoy de acuerdo con tu explicación, y desde luego a veces hay razones para utilizar carriles centrales aunque no se pretenda adelantar, pero si no se quiere estorbar a nadie requiere más esfuerzo y atención, claro que normalmente sucede como afirmas al final: se actúa de forma egoísta y con una falta de respeto y consideración hacia los demás muy notable. No obstante, en lo que yo he vivido, los carriles centrales suelen ser peligrosos y se dan no pocos accidentes en ellos; tanto dando clase como conduciendo yo me he librado de accidentes serios por alcance gracias a cambiarme a tiempo al carril derecho, vamos que fue quitarme y chocar alguien con el que hacía nada estaba delante de mí.
      También he visto muchas veces a alguno de estos “abonados” al carril central que pasan de todo, correr serio peligro con camiones. Suele darse mucho en la A-8 sentido Santander nada más pasar Baracaldo y más en días como hoy: viernes por la tarde. Las calzadas tienen tres carriles, es una recta larga limitada a 80 y con un radar en medio; el “abonado” encima suele ir lento (70-75) y los camiones que van de vacío hacia Cantabria, Asturias y norte de Galicia procedentes de Cataluña, Aragón, Navarra, La Rioja y Euskadi suelen ir a 90, se encuentran con ellos, no pueden utilizar el carril izquierdo y ya está el conflicto, y los conductores de los turismos que actúan de esta guisa, ni aceleran ni se quitan, ni teniendo al camión a tres metros y frenando ostentosamente. Es increíble.
      Otro problema, es que España se ha llenado de autopistas y autovías en muy poco tiempo, una de las calzadas de estas últimas era la carretera convencional de siempre en muchos casos, de modo que así salen muchos tramos de autovías a mitad de precio, pero desaparece la carretera que existía y los habitantes de los pueblos próximos sólo pueden comunicarse por la nueva autovía. Muchos de esos conductores no han visto nunca esas carreteras, se hacen un lío con las señales (no me extraña), las entradas y las salidas, no se entienden, y de ahí que en más ocasiones de las que parece alguien circule en sentido contrario porque cuando se dan cuenta de que van mal, hacen cambio de sentido en la misma calzada. Esto me lo han contado guardias civiles de tráfico, y les creo perfectamente. Deberían haber dado algunas clases o cursillos a los conductores de esos lugares, algún tipo de información, no sé, algo; y, aunque sabes que no soy partidario de cargar a la administración con más gastos que los imprescindibles, ni de crear demasiadas obligaciones, en esta caso, sí creo que los cursos deberían ser gratis y obligatorios, muy flexibles para que todo el mundo pueda ir, pero obligatorios.
      Muy bueno y oportuno el contraste que muestras con el paso de peatones. En ese aspecto, en Asturias y Vizcaya creo que estamos bastante bien, es raro que alguien se líe a bocinazos con el que espera a que pase un anciano.
      ¡Buen fin de semana, saludos!

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    5. .. Bueno, el tema de la señalización es otra cosa. Siempre pienso que mi próximo coche tendrá GPS incorporado. Es que es un mecanismo de seguridad activa: te garantiza no perder la atención intentando entender las señales.
      Tal y como hablas, creo que el tráfico por Bilbao debe diferir del de aquí. Aquí cada día corren peligro coches que coindicen en el central, pero lo que se dice un alcance como describes... creo que no lo he visto nunca. Otra cosa son los que se 'lanzan' al izquierdo sin mirar mientras tu les vas a adelantar. Creo que la gente va tan prevenida de esto último que en muchos tramos se adelanta más lento de lo que sería deseable, simplemente porque a ciertas velocidades como se te crucen no tienes nada a hacer (estamos en un sitio con tráfico: todos los carriles ocupados y motos haciendo zig-z

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    6. Es verdad, Elisa. El GPS es una opción muy recomendable y bien se puede considerar un sistema de seguridad activa. También pienso que lo mejor es tenerlo incorporado en el coche y no entiendo como no vienen todos, o prácticamente todos, con él de serie cuando lo tienen hasta muchos teléfonos. Hay cosas de la industria del automóvil que nunca entendí, como haber tardado tanto en incorporar cinturones y reposacabezas en los asientos traseros, por ejemplo, y unas cuantas cosas más.
      También es cierto que el tráfico en las ciudades difiere significativamente de unas a otras. La capacidad de adaptación de un conductor para coordinarse con los diferentes flujos de vehículos en ciudades que no se conocen es un auténtico examen, superarlo viene a exigir poner en práctica el famoso dicho que tantas veces le oí a mi madre: "Allá donde fueres haz lo que vieres".
      ¡Saludos!

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    7. Yo era reticente al uso del GPS hasta que un día lo usé, en modo voz. Era genial. Te avisaba con mucha antelación, con lo cual sólo tenías que confirmar lo que ya te esperabas. Es decir, entrabas en una rotonda sabiendo que tenías que salir 'por la segunda salida', y no perdida buscando los letreros. Un plus de seguridad, sin duda. Saludos!

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    8. Vaya, aquí tengo comentarios duplicados y triplicados que no había visto. Perdona, voy.
      Sí que es un plus de seguridad, y no sólo en lo referente a la carretera, también evita meterse en zonas conflictivas de ciudades que no se conocen y de las que puede ser difícil salir con bien. Este es un tema del que casi nunca se habla pero no es tan raro que cueste alguna vida o lesiones y robos importantes. Hay zonas que son territorio de ciertos grupos y no se sienten miembros de la misma sociedad ni estado, ni provincia, ni nada de quien por error e inocentemente aparece por allí. Yo tuve tres experiencias de este tipo que fueron... bastante tensas, sin que me llegase a pasar nada, a Dios gracias, pero... Y fueron, por este orden en Sevilla, ¡Basauri! y Málaga. En los dos primeros casos no fue por error y lo sabía, simplemente tenía que pasar por allí, y bueno... iba prevenido y seguramente además tuve suerte; en Málaga fue más angustioso, fue por error, me di cuenta, pero no conseguía salir, menos mal que al final me encontré con un taxista que fue mi salvación . Tengo que contarlo un día con detalle.
      Saludos i bona nit!

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    9. Me gustará mucho leer estos relatos. Ciertamente es algo a tener en cuenta y en lo que no pensamos. ¡Saludos!

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    10. Lo contaré, no sé cuándo pero lo haré. Gràcies por tus votos!

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  2. Estimado Esteban:

    Gracias por un artículo esclarecedor y que me tranquiliza, pues confirma que los hábitos que hace ya tiempo he adoptado a la hora de adelantar en autovía son acertados. En general aplico estos principios: Observar bien antes de iniciar la maniobra con la intención de no molestar ni obligar a nadie a frenar, señalizar y luego completar la operación lo antes posible para regresar al carril derecho. Sin embargo, ¿cómo combina uno la necesidad ocasional de acelerar con el miedo a la multa? Suelo circular próximo a los 120 km/h en autovía, pero encuentro que a veces es necesario acelerar y arriesgarse a recibir una multa para, paradójicamente, evitar problemas mayores.

    Otra duda que tengo es: ¿Cómo actuar cuando al iniciar el adelantamiento, el adelantado empieza a acelerar con la intención de evitarlo? Esto mismo me sucedió ayer en plena autovía y me resulta molesto e incómodo. Me da igual que me adelanten, así que no entiendo esta reacción que, además, considero estúpida e imprudente. Una vez iniciado el adelantamiento solo tengo dos alternativas: acelerar aún más para completarlo y regresar lo antes posible al carril derecho (y evitar así circular cientos de metros en paralelo, algo que me parece peligroso), arriesgándome a una multa, o bien levantar el pie, bajar la velocidad y regresar al carril derecho detrás del otro vehículo (que por lo general poco después también baja la velocidad, cosa que tampoco comprendo). El único problema es que esta segunda opción puede resultar arriesgada si vienen más coches detrás... En fin, que para mí esto supone un dilema y acepto cualquier sugerencia al respecto.

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    1. Estimado Alfredo:
      Muchas gracias por tu visita y tu comentario, en el que describes muy bien una situación bastante frecuente y absolutamente absurda que entraña un riesgo estúpido (comparto totalmente el adjetivo). Es que... yo hace años que lo vengo diciendo, tanto entre amigos como en clases teóricas y prácticas: puedo entender, sólo apelando a la lógica y por más que me fastidie, que alguien me haga daño, me moleste o me ponga en peligro porque con ello obtiene un beneficio; ¿pero gratuitamente, sin lograr nada a cambio? No, no lo entiendo. Y lo que tú dices pasa demasiadas veces, en cuanto hay un poco de tráfico hay alguno que complica hasta lo más fácil. Por echarle un poco de humor al asunto (quizá sea la mejor perspectiva), te diré que yo me he preguntado muchas veces (también en clases) si los coches vendrán con potentes imanes ocultos, porque es inexplicable las ganas que tienen de coincidir tantos con otros en el mismo espacio, y como bien dices, además, se esfuerzan en el intento, pues ese dar gas cuando adelantas y frenar si te recoges detrás, se hace adrede, eso no son errores.

      ¿Qué hacer? La verdad es que no tengo respuesta, Alfredo, sintiéndolo mucho. En general, como le dije a Elisa, derrochar paciencia y esfuerzo. Más en concreto... yo, si el recorrido es corto (50-60 km) suelo ir tranquilo, carril derecho y haciéndome el tonto (“navegar con bandera de pendejo”, como dicen en México, me gusta la expresión); si es un viaje, es otra cosa, para empezar porque me acabaría durmiendo, así que si conozco la ruta aprovecho las zonas donde sé que no hay radares, ando algo más rápido unos minutos para perder al insensato de turno y luego vuelvo a mi ritmo, normalmente (120-135). Si no conozco la carretera es más complicado pero estudiando bien el trazado se puede prever más o menos dónde habrá un radar o no, de modo que con más esfuerzo vengo a hacer lo mismo.
      Como muy bien dices, a veces, incluso dentro de los límites y paradójicamente, es necesario excederlos por razones de seguridad muy evidentes y para anular un riesgo que provoca otro sin razón alguna, en ese caso, creo que no hay más remedio que arriesgarse a una posible multa, no será gran cosa, pero fastidia; hasta ahora (toco madera) sólo me multaron una vez por esta razón y fue la mínima, pero es injusto. Claro que entre la salud o la multa, ¡siempre la salud!

      Esos comportamientos tan extraños que estamos comentando, creo que sólo se reducirían claramente si la policía de tráfico patrullase las autopistas y autovías observando y denunciando esos comportamientos, pero nunca les he visto hacerlo.
      Siento que no te pueda ser de más utilidad, pero bueno, nos desahogamos mutuamente y, algo es algo.
      Un saludo muy cordial.

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    2. Muchísimas gracias por el tiempo que has dedicado a esta respuesta, Esteban. Me temo que tienes toda la razón, pero no deja de ser molesto encontrarse con según que individuos durante un adelantamiento. En fin, que lo mejor seguirá siendo tomárselo con filosofía y procurar causar el menor riesgo posible a los demás siendo consciente de lo que se tiene entre manos.

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    3. A ti por tu atención, Alfredo. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, y desde luego que molesta (y mucho) las actitudes que comentamos, además de crear un serio y absurdo riesgo. Muchas veces hay que adelantar teniendo en mente la posibilidad de tener que hacer una frenada fuerte a alta velocidad (120 ya es muy respetable para según qué cosas) y sin perder de vista lo que tenemos detrás.
      En las autopistas no debería darse ninguna situación potencial de accidente salvo por razones de falta de visibilidad, firme muy deslizante o entrada de animales en la calzada, y sin embargo la mayoría de las veces se dan sin estos motivos, encima la administración propicia que vayamos como en pelotón cuando lo más seguro sería circular del modo más disperso posible. En fin, filosofía y consciencia, como bien dices, sí señor.
      ¡Saludos!

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  3. Toda una lección, Maestro: He pasado un ratito muy entretenido leyéndote tus mágicas enseñanzas. Mi felicitación y mi estima.

    Un beso y feliz verano.

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    Respuestas
    1. ¡Hola Marina!
      ¡Muchas gracias! Agradezco enormemente que leas con atención estas entradas que son... más de conducir, por decirlo así. Y me hace mucha ilusión que te resulte entretenido. Quizá sea porque tengas razón y sean mágicas; pero si es así, te lo debo a ti. Esa magia viene del oeste en esa brisa que alientas siempre con afecto, cálida y alegre.
      Gracias, amiga. Feliz verano y un abrazo.

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