martes, 30 de junio de 2015

¡CUATRO AÑOS!

Cuatros años hace que comencé a escribir para este blog en la breve noche de un día de San Pedro orilla al mar Cantábrico, un buen puñado de millas al este de donde ahora estoy, sin la mar a vista aquí, pero sintiéndola en su brisa -muy sutilmente fresca para el inusual calor que hoy tenemos por estos lares- que llega hasta mi ventana. Tan cerca está. 


Por estos días estoy en Gijón, para más señas, ciudad en la que viví desde los cinco hasta los veinticinco años; con el único paréntesis de los 15 meses que viví en Sevilla en tanto hacía mi papel como soldado de reemplazo durante el servicio militar obligatorio. “La mili”, ya saben, que me permitió conocer una ciudad magnífica y que me gustó mucho desde el primer momento a pesar de que hubiese jurado, de no ser por el idioma, que estaba en el extranjero. Y nunca hubiese imaginado que aquel tiempo resultase una excepcional escuela en mi desarrollo como conductor, ya que tuve ocasión de practicar cosas y técnicas imposibles de realizar en la vida civil. 

Pero hoy no quiero hablar de carretera y coches, porque al comenzar con las primeras líneas, esos duendes que a veces toman el gobierno de la pluma o caprichosas y aleatorias conexiones neuronales, supongo, han pujado por traer a primer plano una historia que me voy a tomar la libertad de contarles -aunque tengo serias dudas de hasta qué punto soy libre- y que siempre que la recuerdo me hace reír. Espero que al menos provoque su sonrisa y les valga la pena su atención y su tiempo. Voy con ella.

En la cocina de la casa en que vivíamos, estancia en la que “se hacía la vida”, valga la redundancia, había colgados de una pared una pequeña pizarra, un abecedario y un mapa de España. Las películas “del oeste” (westerns) ejercieron una importante influencia  durante mi infancia y soñaba con recorrer a caballo aquellas inmensas praderas, desiertos  e impresionantes montañas. Así que miraba el mapa, y daba por hecho que indios y vaqueros estaban en Galicia. Muy cerca. Y, claro, le pregunté a mi madre, sabe Dios cuántas veces, porqué no íbamos a vivir “al oeste”, que yo no quería llamar Galicia porque en el cine no decían nunca ese nombre. Mi madre toreó bastante bien mi deseo pero este seguía igual de vivo, aunque gracias a su paciencia y tras muchas discusiones, llegué a entender que el mundo era mucho más que aquel mapa de España y Portugal, Baleares, Canarias el Sáhara y un trocito de Francia en el que ni siquiera estaba París.

Llegué a entender, ¡por fin! Que después de Galicia y por el océano Atlántico se llegaba a un continente inmenso llamado América, que iba de polo a polo, y que allí había un país muy grande donde sí estaban los vaqueros y los indios. Pero es que además, si se viajaba hacia el norte o hacia el sur, uno se encontraría con más praderas, bosques, valles, ríos, desiertos, ciudades inmensas hasta con pirámides, una incluso de oro que llamaban “El Dorado”, una selva virgen gigantesca, más montañas y más grandes... Vamos, un lugar lleno de maravillas que cada vez tenía más ganas de conocer.


Mirando aquel mapa, me di cuenta de que con ir a la playa, meterme recto en la mar y luego girar a la izquierda, seguro, seguro, llegaba a América. Un poco más al norte o al sur, daba igual, ¡llegaba a América! Así que más o menos alrededor de mis 10 años vi en la playa de San Lorenzo una lancha neumática tipo Zodiac, pequeña, con un par de remos y perfecta para mí y unos pocos víveres, después de todo, tampoco habría tanta mar desde donde acababa el mapa. Además, estaba convencido de que aquella lancha inchable siempre flotaría, que era imposible que se hundiese y que mi madre podría comprarla perfectamente. Así pues, se la pedí, sin ocultar mis intenciones -la edad de la inocencia por aquellos años se dilataba mucho-, e insistí por lo menos durante tres veranos consecutivos, pero incomprensiblemente mi madre no me la compró ni tampoco se me ocurrió modo alguno de conseguirla. 

Afortunadamente para todos, en aquellos veranos no di trabajo extra a los socorristas, pero tenía un plan para burlar su vigilancia: comenzar mi singladura cuando ellos no estuviesen en la playa. Años después tuve por compañero de clase a un socorrista y le conté esta historia, recuerdo que me dijo que nunca se le hubiese pasado por la cabeza que un crío quisiese ir hasta América desde la playa y que los vigilaría mucho más.

Es curioso, pero no ha habido una sola vez desde entonces, que pasando por la playa me quede unos minutos mirando a la mar hasta el horizonte y se me venga a la cabeza “unas 3 millas Norte, 90º a babor y... ¡América!”


No, no he ido todavía. Pero lo haré, si Dios quiere. Y, sí lo digo con una cierta rabia, pero falsa, no auténtica, dramatizando un poco, sin más, y con buen humor. No sé, quizá en otra vida he tenido raíces en algún lugar de ese continente y por eso me atrae tanto. Hace pocos años conocí a una encantadora mujer de 90 años con la que estuve hablando y me contó que vivían en Portugalete, en una zona alta desde la que se ve el puerto de Santurce; una de sus hermanas veía entrar y salir los barcos fascinada, y desde niña decía siempre que ella se iría en uno de esos barcos, un día. Y se fue, sola, con 17 años y un valor fuera de lo común, prácticamente recién acabada la guerra; llegó a Venezuela y allí se quedó, hasta que ya jubilada regresó a España con su marido. Me dijo que nunca se había arrepentido y que su hermana afirmaba haber tenido mucha suerte. Será el destino, una de tantas cosas de las que tan poco sabemos. 

Se han quedado mirando a la mar y...
No, no ha sido por eso, tenía que asegurarme de que estaban bien , ¿no?
Lo están y hay muchas más, pasen y sírvanse. ¡Bon apetit!
Espero no haberles hecho perder su tiempo, me inspiran un profundo respeto y tendrán siempre toda mi gratitud por la increíble atención que me prestan. Tal vez, esta historia, en esta cálida y mágica noche de verano les conduzca -ahora sí, cómo no- a una agradable y simpática velada con la niña o el niño que alberga en todos.

¡MUCHAS, MUCHAS... GRACIAS!

Antes de que acabe el día, brindaré por todos ustedes. Por su salud, por sus legítimos anhelos y por sus sueños. ¡Sean!


17 comentarios:

  1. Un cuatrienio da para muchas cosas:
    Recuerdos, viajes, historias entrañables, sueños...
    Un niño quería llegar al oeste porque lo había visto en las películas y quería hacer "las Américas" a bordo de una barca de remos.
    Alguien le había dicho que la tierra terminaba en Finisterre, el fin de la tierra, pero él no estaba muy convencido y quería ir más allá.
    Pasaron los años. El niño creció y cogió su vieja barca a la que puso un nuevo rumbo hacia lo desconocido.
    ¡Felicidades por los cuatro años!

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    1. ¡Muchas gracias, Manuel!
      Has captado bien mi sueño de infante y lo expresas con mucho salero y alegría.
      La verdad es que eso que normalmente se entiende por “hacer las Américas” nunca fue mi intención, yo quería disfrutar de las maravillas de ese continente “in situ” no traérmelas; y desde luego, tampoco pensaba volver.
      Ya que lo mencionas... no sé si conoces Finisterre, pero te lo recomiendo vivamente, sólo estuve una vez y tengo ganas de volver, a mí me impresionó. Sólo pensar que los legionarios romanos lloraron emocionados allí al ver ponerse el Sol...
      Un abrazo.

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    2. El mundo es un pañuelo. Aquel año del sorteo mi vida cambió. Me tocó hacer la mili en Ferrol. Durante ese tiempo realicé diferentes incursiones por las tierras gallegas. Mi principal destino fue Santiago de Compostela pero en algunas ocasiones visité diferentes localidades, principalmente Pontedueme que se encontraba bastante cerca de la ría ferrolana y otras veces la aventura desembocó en la costa da morte tocando en cierta ocasión el final de la tierra (Fisterra)

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    3. Y tanto que es un pañuelo, amigo. Pues supongo que aquella experiencia tuvo balance positivo y para un hombre de tierra adentro, ese contacto con la mar tuvo que ser algo muy especial. Y más en Galicia, esa puerta atlántica a otro mundo... ¡Y es literal!
      Te confesaré una cosa, ya sabes que me fascina América, pero mi primer viaje de ida me gustaría hacerlo en barco, acercándome poco a poco, sin prisa, que no me afecte el "jet lag", y zarpando desde Vigo. En fin, ya veremos.
      Un abrazo y buen fin de semana.

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  2. Pues no puedo decir más que mis deseos de que este blog cumpla muchos años más, regalándonos sabiduría post a post.
    Te gustaría ir a América, disfrutarías viendo lo diferentes que son allá los coches. He viajado pocas veces a ese continente, pero han sido viajes que me han gustado mucho.
    Saludos!

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    1. Moltes gràcies, Elisa!!! Y que Dios lo quiera y así sea.
      ¡Ay!... Yo no destilaré nada de sabiduría en este espacio -no lo veo, francamente-, pero sí te veo como la aprendiz atenta que supera al “sabio” distraído. Este es también tu blog, siempre aportas algo interesante, haces aflorar buena parte de lo que se me queda en el tintero, redondeas cada post, lo matizas, lo pules... Es como cuando se disfruta plenamente dando clase a un alumno, cuando con él o ella los 60’ parecen un instante y si nadie nos espera seguimos una hora más como si nada; esos alumnos que compensan sobradamente, como nada y como nadie los sinsabores y riesgos del oficio. Gracias a ellos, perseveramos aún los veteranos que lo amamos.

      Sí que me gustaría ir a América, y recorrerla entera con sus coches, por supuesto. No será fácil, pero no pienso abortar mis sueños ni en el último aliento porque, entre otras cosas, ¿quién me dice que no hay otro y después de ese otro muchos más?
      ¡Saludos, compañera!

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    2. Muchas gracias! Deseo que realmente puedas conducir algún día por América, esas moles tan... americanas. Seguro que te encantaría. A mí la verdad también. Es como otro concepto de la automoción. Todo es grande: los vehículos, las distancias,...Saludos!

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    3. ¿Sabes una cosa? Yo he pensado muchas veces que los coches americanos son tan grandes porque así pueden ver cómodamente un mapa de carreteras extendido sobre el capó del coche. Es una escena muy típica de muchas películas. En los coches europeos te tienes que agachar para hacer lo mismo, es muy incómodo, más si encima llevas un montón de horas conduciendo.
      La verdad es que prefiero los coches del viejo continente, pero sí que me gustaría mucho probar esos gigantes en su hábitat antes de que desaparezcan. Tienen los días contados, creo.
      ¡Saludos!

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    4. Creo que te gustaría mucho probarlos. Saludos!

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  3. Parabéns pelos cuatro anos de blog y k venham muchos mais.
    Lembranças de nuestra infância e adolescência, sempre, marcam nuestras vidas.
    Pensavas k tu madre era "rica", no? Adorei la história.
    Espero k mi comentário "entre" y k no desapareça.

    Abrazo, con amizade.

    PS: mi blog já tem tradutor k funciona de verdade. Gracias.

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    1. Olá Céu!
      Ha llegado, ha llegado y has puesto en marcha mi risa con esa pregunta de que si creía que mi madre era rica. No, no pensaba en eso; es más, creo que de niños no somos conscientes de esas cosas, salvo quizá en los extremos; simplemente daba por hecho que mi madre podría, después de todo era una lancha pequeña y ni tenía motor... yo pensaba arreglármelas bien con un par de remos y la ayuda de las corrientes marinas, jajaja...
      Me alegra que te haya gustado mi historia y que me lo digas. Tomo nota del traductor, lo probaré enseguida con mucho gusto, aunque lo combinaré con la lectura directa porque resulta muy familiar y cercana.
      Muito obrigado!!!
      Un abrazo.

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  4. Esteban
    Tus respuestas siempre tan lógicas
    Tan de hombre seguro .
    Sabes mucho y tu masculinidad nunca se ofende
    No sos Don Juan
    Jamás mujeriego
    Sos decente con vos mismo y el mundo que te rodea.
    Te hablo como si hubiera sido tu mujer
    Y no soy mas
    que un blogger que comenta en tu blog
    como en el de tantos...
    Sos el tipo que nunca se enojaría por una estupidez.
    Tu ego es bueno
    te felicito
    y un abrazo para tu mujer
    por lo que tiene.

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    1. Mucha... gracias. ¡Muchas gracias!
      Mas debo confesar que no soy perfecto ni santo, claro. Sin embargo sí que intento ser honesto y decente, esta palabra me gusta a pesar de estar bastante en desuso. Sí me esfuerzo y me empeño en esos afanes.
      Un abrazo.

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  5. tu blog sos vos
    limpio decente buen amigo gran persona
    un beso enorme desde Miami

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    1. Lo procuro, lo procuro... ser yo mismo y no traicionarme; resultaría muy difícil perdonármelo, así que me alegra mucho que vos me confirmes que no voy mal. ¡Gracias!
      ¿Sabes qué me dijo una vez un asesor fiscal hablando de las autoescuelas en España? "Vosotros sois transparentes". Y es verdad que estamos muy controlados por la administración, pero además su expresión me gustó y me pareció muy gráfica, hacemos nuestro trabajo en la calle a la vista de todos y perfectamente identificados tomando decisiones en fracciones de segundo. Creo que es una buena frase que puede y debe ir mucho más allá de los asuntos relacionados con los impuestos.
      Un fuerte abrazo.

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  6. Hola, Esteban!

    Como estás?
    Gracias por tu visita y gentil comentário.
    Talvez no tengas conhecimento, pero el tradutor do teu blog k é do Blogger do Google no funciona. Verifica, si pretenderes, por favor!

    Bom fim de semana.

    Abrazo.

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    1. ¡Olá Céu!
      Gracias a ti. Me parece que no te ha llegado, pero te contesté rápido a este comentario en tu blog para agradecerte el aviso y decirte que comprobé tu observación sobre el traductor varias veces y que me funcionó bien, no sé, igual ha sido un fallo muy limitado y que duró poco tiempo. Espero.
      Estoy bien, muito obrigado! Y espero que también tú lo estés.
      Buena semana. Un abrazo.

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