domingo, 10 de julio de 2016

SAN CRISTÓBAL 2016

Lo siento, les dije en la entrada anterior que seguiría hablando en esta del permiso por puntos sin darme cuenta de que hoy es San Cristóbal, y no quiero faltar a esta cita. El patrón de los conductores se merece un espacio en este blog un día al año, qué menos. 

Imagen de San Cristóbal en la iglesia del mismo nombre
que hay en el barrio de Repélega (Portugalete).

A modo de celebración les contaré una historia, una vivencia de otro conductor excepcional que también tuve la suerte de conocer. El protagonista es un primo de mi padre, camionero por cuenta propia, que viajó con su camión por toda España durante muchos años dedicándose a lo que, al menos antes, se llamaba “la ruta”. 

“Andar a la ruta”, consistía en cargar algún tipo de mercancía en tu camión en el lugar más próximo posible a tu lugar de residencia, llevarla a otra provincia, descargar, buscar carga de nuevo en ese sitio y así sucesivamente ir entrelazando distintos lugares intentando viajar de vacío lo menos posible, realizando una labor con cierto halo de romanticismo y gran incertidumbre bastante semejante en ambos aspectos a la de los marinos mercantes por aquel entonces (hablo sobre todo de los años sesenta y setenta), y también como estos, pasando varios meses seguidos sin volver a casa; unos moviéndose por distintos mares otros surcando infinitos caminos de asfalto. 

Pongamos que Manuel -el nombre no es real-, casado y con dos hijos, vivía en un pequeño pueblo de un conocido valle minero de Asturias. Allí tenía su puerto seguro, allí volvía siempre tras sus periplos (nunca inferiores a dos meses) de auténtica carretera y manta cuando había reunido un dinero suficiente para poder permitirse unos días de descanso él y su camión, al que también le hacía él mismo en ese tiempo las reparaciones y el mantenimiento necesarios. 

Una de esas veces, llevando tres meses fuera de casa y después de descargar en Valladolid, inició viaje de regreso. Aún faltaban varias semanas para el invierno, el tiempo era relativamente bueno en todas partes y sin previsión de nieve en ninguna. Hasta coronar Pajares por la vertiente leonesa. Allí se encontró con una copiosa nevada, aún de día, una barrera indicando que el puerto estaba cerrado para todos los vehículos y completamente solo. “Paré, no me lo podía creer pero paré, aunque la primera idea fue llevarme por delante la barrera y seguir estuve contemplándola unos segundos desde la cabina. Conozco el puerto, estaba todo blanco y con bastante nieve, pero cuanto más lo miraba más ganas me daban de seguir y más claro me oía decir, yo paso, hoy llego a casa, ya estoy muy cerca. Bajé del camión, quité la barrera, pasé, volví a parar, la puse de nuevo en su sitio, subí al camión y me dije que con la reductora y el eléctrico, tocando el freno de pie lo menos posible y con toda la carretera para mí, con un poco de suerte no me voy barranco abajo”.

Un Pegaso hermano del coprotagonista de la historia. 
Mis felicitaciones para el autor de esta excelente maqueta.
Fuente: www.camionesclasicos.com
Se le cruzó el camión en varias ocasiones, utilizaba los dos carriles, y tuvo la suerte de que en algunas partes caía mucha agua de la ladera que limpiaba la carretera de nieve, pues la temperatura tampoco era tan baja como para que se helase, cuando las ruedas pisaban en esas zonas usaba el freno de pie al máximo, y así, poco a poco y con el corazón en un puño llegó abajo. Ya estaba a salvo, llegaría a casa, empezaba a respirar hondo y tranquilo y sus latidos se iban acercando al ralentí, mas aún quedaba un inconveniente con el que no contaba: una pareja de la Guardia Civil con una tanqueta al lado en una pequeña recta ya casi horizontal. Le dieron el alto.

El diálogo entre los agentes y Manuel, vino a ser este: 
- ¿Pero usted de dónde sale?
- Del puerto, de dónde voy a salir.
- Pero... si está cerrado, hay una barrera, la pusimos mi compañero y yo... ¿es que no hace caso a nada? Ni con el Land Rover podemos andar nosotros.
- Hombre, tampoco está tan mal, aquí estoy, y eso que no llevaba cadenas que si no hubiese bajado mejor.
- ¡Encima! Déme el carnet de conducir que le voy a prender fuego aquí mismo.
- No lo tengo.
- ¿Cómo que no tiene carnet de conducir?
- No, señor guardia, se me olvidó en casa (lo tenía conmigo, claro, pero no se lo quería dar, parecía completamente decidido a quemármelo).
- ¡Baje del camión!

Entre tanto, el guardia hizo una pausa  y Manuel aprovechó para decirle:
"Mire, sé que tiene razón, que hice una auténtica burrada, pero llevo tres meses fuera de casa y estaba demasiado cerca como para quedarme en el puerto o dar la vuelta. Tenía que pasar. Y volví a dejar la barrera en su sitio, que conste, no vaya a ser que se meta otro y se mate. Lo puede comprobar, ustedes con la tanqueta suben bien."

Entonces, el otro guardia, que se mantenía atento a una cierta distancia y todavía no había dicho nada, se acercó y dijo:
"Hombre, yo creo que lo podíamos dejar pasar, total, no podía hacer daño a nadie, sólo él se hubiese matado, y ya que está aquí..."

El primer guardia le miró unos instantes a los ojos, y le dijo:
"Vale, vete a tu casa, pero como te vuelva a encontrar por aquí cometiendo la más mínima infracción no vuelves a conducir en tu vida." 

Una tanqueta de la Guardia Civil como la que se menciona en este relato. 
También he sido testigo unas cuantas veces de cómo hombres con ese uniforme
actuaban como ángeles, lástima que ahora se les obligue a hacer de bandoleros
Fuente: www.armas.es
Pasó el tiempo y la amenaza de aquel agente se diluyó en él. De hecho se encontraron algunas veces más y me contaba mi pariente que le hacían el saludo militar sonrientes y cómplices de aquella hazaña como nunca oí otra igual, por cierto.

Este primo de mi padre era un hombre grande y fuerte, una persona cuya bondad y nobleza reflejaban claramente su rostro y sus ojos en cuanto tu mirada se cruzaba con ellos. ¿Exageraba? Creo que no, y le oí contar esta historia varias veces porque se lo pedía cada vez que coincidía con él. Me encantaba. A los guardias no los conocí, y bien que me hubiese gustado oír su versión. Pero hay un hecho: el puerto estaba cerrado el día que Manuel salió de Valladolid con destino a su pueblo, y llegó. Esto siempre lo corroboraba la esposa de mi pariente de forma espontánea al final de los múltiples relatos de la misma, “yo ya no lo esperaba esa noche para cenar porque había oído por la radio que el puerto estaba cerrado, me quedé igual que los guardias cuando vi que llegó, y también me enfadé con él porque no se mató de milagro”.

Mi limitado entendimiento no alcanza a saber si hay ángeles de la guarda, ni santos ni seres que desde otra dimensión y con más recursos que nosotros, de vez en cuando nos echen una mano. Pero me gusta creer que sí, y siempre ha habido innumerables indicios que perecen confirmarlo. Cuídense cuanto puedan, no vaya a ser que esa ayuda tenga sus limitaciones, pero que San Cristóbal y Dios bendigan los caminos que transiten en sus vidas. 
Esteban

INFO CURSOS Y LIBROS: AQUÍ AQUÍ.

P. D.: Les dejo aquí un vídeo que cuenta una historia muy poco común sobre la vida en un camión y que bien puede servir para dar ánimos a las personas que tienen miedo a conducir.

Entradas relacionadas: SAN CRISTÓBAL 2013. Y por aquellas situaciones en las que bien parece que nos beneficiamos de un milagro, estas dos: UNA HISTORIA DE PÁNICO (y 2) y PASO A NIVEL (1).

martes, 5 de julio de 2016

PERMISO POR PUNTOS: DIEZ AÑOS DE FRAUDE Y ENGAÑO

Con motivo de estos 10 años de vida que el pasado viernes, 1 de julio, ha cumplido el Permiso por Puntos, se han comenzado a oír algunas voces que cuestionan su alabada y casi milagrosa eficacia en pro de la reducción de los accidentes de tráfico. La mayoría criticando la forma en que se conceden las autorizaciones para impartir los cursos de recuperación total o parcial de puntos, la corrupción generada en torno a esta normativa o la necesidad de hacer cambios en la misma, y, miren por dónde, a mí la única modificación que se me ocurre es derogarla. 

Esta foto me recuerda cuando conducir sin la omnipresencia del "gran hermano"
era mucho más fácil, placentero y seguro. Aunque muchos no se lo crean.
Fuente: revista.dgt.es

Como sostengo en el título, el Permiso por Puntos es un fraude y un engaño por innecesario, ineficaz e injusto. Porque se proyectó con el único objeto de ser un negocio para unos pocos elegidos y porque todas las bondades que la propaganda de la DGT y su coro de interesados aduladores nos han estado repitiendo constantemente durante una década, que se dice pronto, tenían como exclusiva finalidad justificar los beneficios de aquel. Intentaré explicarme. 

INNECESARIO

Por la sencilla razón de que la normativa a la que en buena parte sustituye era mejor. Las infracciones graves o muy graves, por ejemplo, se pagaban con multa de 90 a 300 euros o de 300 a 600 euros, respectivamente, y sin descuento del 50% por pronto pago, además suponían la suspensión del permiso de conducir por un tiempo máximo de hasta 3 meses, ¡con una sola infracción! Cierto que si esta era grave, sin concurrencia de riesgo concreto y sin antecedentes similares en 2 años atrás no se suspendía el permiso; cuando eran muy graves sí, normalmente, un mes como mínimo. Por el contrario, el carnet por puntos permite seguir conduciendo después de cometer varias infracciones graves o muy graves con tal de tener un solo punto de saldo, y sin obligación de hacer ningún curso. 

Derogar y revocar el carnet siempre ha sido posible cuando se pierden los conocimientos de normas y señales, la pericia para el manejo de automóviles o la salud física o mental para hacerlo. Lo que en los dos primeros casos obligaba a realizar examen teórico o práctico, o ambos, para recuperar el carnet. Por cuestiones de salud, dependiendo de las circunstancias concretas de cada caso, se hacía o no examen. En cambio, si se pierden todos los puntos, basta con hacer el curso de concienciación y sensibilización más un examen teórico, nunca práctico

INEFICAZ 

¿Conocen a alguien a quien le hayan puesto una multa y no manifieste haber sido víctima de una injusticia o de un atraco, o las dos cosas, a pesar de reconocer que cometió la infracción? ¿Verdad que no, o que es algo muy excepcional? Bien, pues entonces, ¿quién se puede creer que un curso de concienciación y sensibilización -obligatorio y que cuesta un dinero- genere cambios de actitudes al volante? Algún caso habrá -supongo-, pero no sé ustedes, yo en 10 años no he conocido ninguno. 

Vuela al aula... ¿por qué no también al coche?
Fuente: www.20minutos.es
De lo que sí he sido testigo cientos de veces en la Jefatura de Tráfico de Bilbao es de las protestas de muchas personas cuando iban a pagar sus multas, acabando casi siempre con la coletilla “esto pasa por llevar matrícula de Bilbao, claro, si no de qué”. Justificación que, salvo excepciones (seguro que algunas hay), no me creo. Menos Portugal (no por falta de ganas), he recorrido el resto de la península Ibérica bastantes veces y las ocasiones en las que me han denunciado tenían razón, no obstante en tres casos que recuerdo bien sí tengo casi la certeza de que fue por la matrícula por lo que me pararon. Esto me pasó en carretera abierta y en tres provincias distintas: Córdoba, Segovia y Logroño, por este orden. En las dos últimas eran agentes de tráfico, en la primera Guardia Civil Rural; aquí, sí que uno de los agentes tenía un aspecto y actitud bastante inquietante, pero en ninguno de estos casos me denunciaron, y desde luego tampoco les había dado ningún motivo.

Nos han dicho hasta la saciedad que el permiso por puntos ha sido la causa de que el número de accidentes y de víctimas se haya reducido en porcentajes muy altos, pero, sorprendentemente, sin darnos nunca una sola prueba fehaciente de tal afirmación, cosa bastante lógica ya que en España las causas de los accidentes de tráfico no se investigan o estos estudios son meramente anecdóticos, razón por la cual, todos los motivos que nos facilitan para explicarlos carecen de fundamento y rigor, esta carencia en la investigación de accidentes es algo que me resulta increíble tras más de un siglo de convivencia con el automóvil, y en este país desde la década de los sesenta (inclusive) de forma intensa. 

¿Se han dado cuenta de que los porcentajes de causas de accidentes que la propia DGT nos va desgranando al cabo del año nunca cuadran? Unas veces es la velocidad (la más recurrente); otras, como si se aburriesen de decir siempre lo mismo, es el alcohol y otras drogas, las distracciones, el uso del teléfono al volante, lo viejo que es nuestro coche o quien lo conduce... y una que me llega al alma es el número de heridos graves o muertos “por no utilizar el cinturón de seguridad”, hombre, mejor llevarlo siempre, por supuesto, pero lo importante será saber por qué alguien se estrella o se sale de la vía. Es como el reciente descubrimiento de que las carreteras convencionales o vías secundarias (como dicen ahora) son más peligrosas que las autopistas, ¡a buenas horas mangas verdes! 

¿Conocen a alguien para quien la crisis haya sido una bendición? Un servidor sí: los promotores del carnet por puntos, a nadie más. Para estos señores ha sido como si les tocase el Gordo de la lotería teniendo además todos los boletos. Llegó la crisis al tiempo que nació el carnet por puntos y, claro, el uso del automóvil se limitó de forma drástica en muy poco tiempo; de repente muchas personas ya no tenían que ir a su trabajo, otras tuvieron que vender el coche, a otras se lo embargaron, algunas no podían pagar una avería... los que aún podían usarlo empezaron a hacerlo menos (llenar un depósito daba hasta dolor) y como llenaron España de radares, la posibilidad de tener un gasto imprevisto en cualquier viaje por una multa era bastante alta y cada vez lo es más. 

¡No, gracias!
Ustedes no pueden saber cuál es mi velocidad segura
en cada momento, y si yo no la sé... mejor dejo de conducir.
Fuente: www.ibericarbenet.es
Ante el panorama descrito, claro que bajaron los accidentes y las víctimas, en términos absolutos, eso sí, porque en los relativos han aumentado y en las vías urbanas también. Es evidente, que si se mueven muchos menos vehículos y quienes lo hacen recorren menos kilómetros el número de accidentes y víctimas, en la carretera, bajará; claro que para esto, si mañana se sube el precio del litro de combustible a 3 euros, por ejemplo, todavía bajarían más. 

Hay quienes aseguran que hemos salido de la crisis, yo no lo veo y dudo mucho que viva para verlo, sin embargo sí se aprecia que muerde con menos fuerza de unos cuantos meses (quizá un año, más o menos) acá. Se ven algunos coches más en la carretera, aumenta el kilometraje recorrido y con ello el número de accidentes, entonces es cuando a muchos “expertos” no se les ocurre otra cosa que asegurar que el permiso por puntos se ha quedado obsoleto y que es necesario modificar la normativa, ¿otra vez? ¿Tan incapaces son nuestros legisladores que no pueden hacer una normativa  simplificada y estable ni para regular el tráfico? También dicen que el miedo a perder puntos hace que se conduzca mejor; será cuando te quedan uno o dos, porque entre tanto... El miedo no hace conductores mejores, los hace más torpes, lo que lleva inevitablemente a cometer más errores y a asumir más riesgos que encima no se saben resolver. ¿Es esto lo que pretende la DGT? Pues en buena parte lo está logrando.

Luego está la nula eficacia de los cursos de reeducación y sensibilización (qué mal me suena esto, parece una amenaza de llevarnos a un gulag de Siberia), habrá alguna excepción que confirme la regla, desde luego, pero imagínense la situación: acuden obligatoriamente a un curso para la recuperación parcial de puntos, pagan un respetable precio y a cambio reciben unas charlas impartidas por un psicólogo (que en algunos casos ni tiene carnet de conducir ni conocimiento de la carretera) y un profesor de autoescuela, en ningún caso se hace una evaluación práctica de su nivel como conductores, básicamente se les adoctrina; en muchos casos igual tienen que dedicar un tiempo considerable en desplazarse hasta el centro que lleva a cabo el curso (hay pocos en cada provincia); aguantarán el chaparrón, perdón el adoctrinamiento, pero sin gusto ni ganas. Seguro que preferirían pagar el equivalente al precio del curso como una multa, les cabrearía menos, no les hace perder el tiempo y el efecto sería similar. En fin, estos cursos no sólo son ineficaces, los conductores ya saben qué infringen (hasta la propia DGT lo reconoce), también resultan contraproducentes. 

INJUSTO 

Todavía hay muchos municipios en los que no se quitan puntos aunque se denuncie una infracción que suponga su pérdida, ¡diez años después! Escándalo que por sí solo debería ser motivo más que suficiente para derogar esta normativa. En España hay demasiados municipios, cuyos gobiernos se eligen democráticamente cada cuatro años, y me parece bien (aunque hay reglas de aritmética electoral más justas y proporcionales que la actual), lo que me parece muy mal, es que cuanto menos habitantes tenga una población más se utiliza a la Policía Local como guardia pretoriana y más “simpáticos” pretenden ser sus ediles ante sus potenciales votantes; y, claro, quitar puntos les hace muy impopulares.

Fuente: es.123rf.com
También es injusto que un conductor profesional que realice 200.000 km anuales tenga el mismo saldo inicial de puntos que quien sólo recorre 5.000 km en el mismo periodo. El primero tiene muchas más posibilidades de perder puntos por muy bien y legal que conduzca y aunque cometa muchas menos infracciones en términos relativos, pero cometerá más en total, entre otras cosas, y en más ocasiones de las que parece, para evitar provocar un accidente o verse involucrado en él. Aprovecho para decir aquí algo que se desconoce mucho y que contradice la supuesta dureza de la Ley de Tráfico que tanto se pregona, cuando se ordena una suspensión temporal de un permiso de conducir, ya sea por vía administrativa o penal, cabe la posibilidad de llevar a cabo esa suspensión en periodos de días fraccionados entre festivos y vacaciones, de modo que pueda seguir trabajando con su vehículo los días de labor. Esto no se hace de forma automática, hay que solicitarlo y se estudia cada caso, pero es raro que se deniegue, no sólo afecta a conductores profesionales sino a cualquiera que pueda probar que necesita de un automóvil para realizar su trabajo o acudir a él, lo cual me parece impresentable. Si se suspende el permiso se suspende para todo, más seriedad, por favor.

Otra injusticia que además contraviene el más elemental sentido común: sólo el 3% de las autoescuelas de España pueden hacer cursos de recuperación de puntos. ¿En qué cabeza cabe esto? Si cualquier escuela de conductores puede enseñar a conducir a una persona partiendo de cero, con más razón podrá ayudarla a recuperar sus puntos, si es que quiere, pero que lo decida libremente su titular; y que, libremente a su vez, decida cada persona que lo necesite ir al centro que desee. ¿Que la DGT no se fía de las autoescuelas para realizar esta labor? Pues a ver cómo justifica su confianza para otras... pero bueno, que lo haga ella misma si no, a través de sus jefaturas provinciales y con sus funcionarios, pero que no permita intermediarios que decidan arbitrariamente qué escuela puede dar los cursos quitando y dando concesiones a su antojo e interesado capricho, lo que además de ser intolerable encarece el curso innecesariamente. Esto es una práctica caciquil y feudal a la que ni yo mismo daba crédito cuando supe de ella allá por 2004 o 2005, les contaré más sobre este aspecto en la próxima entrada, y sobre su nacimiento. El permiso por puntos fue ideado con un único y exclusivo propósito: hacer un espléndido negocio. Todas las bondades que se le atribuyen no son más que adornos para poder venderlo, mejor dicho: para obligarnos a comprarlo.
Esteban

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P. S.: En estos días atrás he leído, entre otros artículos, tres que considero muy interesantes y recomendables relacionados con esta entrada más o menos directamente. Haciendo click sobre los títulos podrán leerlos: 
Una hipocresía rampante (Juan Manuel de Prada en XLSEMANAL).
Diferencia entre sociedad y Estado. (Icue en el blog Un padre de familia).

jueves, 30 de junio de 2016

¡CINCO AÑOS!

Cinco años son toda una vida; bueno, los primeros cinco años. Eso leí una vez, hace mucho tiempo, en referencia a la edad de los niños; no recuerdo dónde ni quien lo escribía pero son de esas cosas que sin saber cómo ni por qué se nos quedan grabadas a fuego. Desde luego, en mi caso, el quinto año de mi vida sí que marca un antes y un después que vive en mi memoria, claro y nítido como el paso de la oscuridad a la luz. 

"Esi piquín", el mejor bocado.
Siempre proa al viento, a todos los rumbos: ustedes.

Este blog celebra su primer lustro de vida, también hoy a orillas del Cantábrico, esta pequeña mar con ansia de ser océano y anhelo de plus ultra, energía líquida, salada y viva que en el golfo de Vizcaya casi forma una honda para lanzarnos a América. Qué obsesión, dirán; bueno, un poco sí, quizá bastante. 

Si pasan por Gijón y les gusta el dulce les encantará probar el Postre Gijonés,
pero eso sí, asegúrense de que esté hecho en la Confitería La Fé,
hay dos, ambas céntricas y muy buenas. Para celíacos, Confitería Marqués.
 
Esta vez elijo un Postre Gijonés o tarta gijonesa, como prefieran, para invitarles (lástima de teletransporte). A mí me gusta mucho, aunque lo disfrute en muy contadas ocasiones.

Ustedes son como ese aire cálido, ascendente e invisible que genera
turbulencias llenas de energía y mantienen en el aire a los veleros.
Dicen, lo leí hace tiempo, que la receta de este magnífico dulce llegó a Gijón de la mano de un oficial del ejército francés natural de Austria que, terminada la Guerra de la Independencia, se quedó en Asturias o fue a parar allí, pues antes de estar a las órdenes de Napoleón era pastelero en su país. No hay ninguna garantía de que esta historia sea cierta, pero me gusta pensar que lo es porque muestra un final feliz libre de castigos y venganzas. Un bocado de paz para el alma, que a bordo de estas fotos y letras deseo que les llegue con toda mi gratitud
Esteban

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viernes, 24 de junio de 2016

GERARDO. Y LA IMPORTANCIA DE LA EXPERIENCIA (y 2)

Carecía de la experiencia de mi compañero, pero no estaba nada mal la que ya había acumulado para mi edad y sabía que tenía razón. Es lógico, a nada que se piense un poco: a más velocidad menos tiempo para todo. Se puede comprobar hasta en bicicleta. Además, ya había probado velocidades bastante respetables y pude darme cuenta de inmediato (porque se nota y lo nota cualquiera) que a poco instinto de supervivencia que uno tenga, conducir verdaderamente rápido exige mucha atención, saber muy bien lo que se hace, una máquina adecuada y en buen estado, una buena carretera y todo un cúmulo de circunstancias muy propicias. Aun así, cansa mucho. Y, claro, una cosa es que con todas esas bendiciones alguien llegue a 250 km/h (por dar una cifra claramente alta) durante unos segundos, incluso unos pocos minutos, y porque quiere y ha hecho una valoración precisa del riesgo poniendo todo de su parte para lograr neutralizarlo, y otra muy distinta tener que conducir así, siempre que sea posible, obligatoriamente. 

"Tú" motor, Elisa. Moltes gràcies!
Una verdadera joya de la mecánica y de la ingeniería.
La foto es cortesía de Elisa Alòs.

La velocidad, no obstante, es un concepto sumamente escurridizo y una cifra, por sí sola, nada nos puede decir sobre si es segura o no. De ahí que resulte tan perverso el mensaje que tantos gobiernos nos transmiten desde hace décadas afirmando que vamos seguros hasta la velocidad “X”. Esto es falso. Nadie puede garantizar hasta qué velocidad alguien va seguro, salvo el propio conductor

Sólo la persona que maneja puede y debe saber a qué velocidad ha de moverse en cada momento. Y esto está al alcance de cualquiera, basta con aprender a conducir bien y entrenar lo suficiente afinando el instinto de conservación. Quien no quiera hacerlo, muy bien, está en su derecho, faltaría más, pero que no conduzca por favor, por su propio bien. Observen a los niños, incluso con sus pequeñas bicicletas o triciclos enseguida aprenden por sí solos cuándo tienen que frenar. En la autoescuela también es raro ver a alguien que no se dé cuenta de cuándo está circulando por encima de sus posibilidades, otra cosa es que se deje llevar por el pánico e incluso acelere más, pero esto se corrige, siempre que uno se dé el tiempo necesario para ello, si no... Los pocos alumnos que he conocido que no percibían cuando iban demasiado rápido de verdad, era porque tenían otro tipo de problemas por cuya solución nada se podía hacer en ninguna autoescuela. 

Cuando conocí a Gerardo hacía dos años que, entre otras, había tenido la experiencia de conducir camiones muy viejos que habían pasado por innumerables manos, muy maltratados en su manejo, y a 80 km/h (no daban más) siempre que fuera posible; eran del ejército, pueden hacerse a la idea. En ese tiempo, en claro contraste, también llevé bastantes veces un Mini Cooper 1300 de un amigo y compañero, nuevo, en perfecto estado y siempre en buenas manos. Con aquel Mini de tan grato recuerdo llegué a ver velocidades indicadas de 160 y 170 km/h en unas cuantas ocasiones; bien, pues podría jurar (no me gusta pero podría hacerlo) que era mucho más seguro ir con aquel precioso coche a esas velocidades (seguramente unos 150 km/h reales) que con aquellos camiones a 80 que, para más inri, iban bastantes veces cargados con botellas de oxígeno o bidones de combustible. Muy emocionante. Y eternamente agradecido a mi ángel de la guarda. 

Hablando de coches excepcionales, este Rolls Royce Silver Ghost de 1923
perteneció al Maharajá de Jodhpur. Nació en el Reino Unido, vivió en la India
y ahora está en uno de los cielos de los coches, en un pequeño pueblo cerca de Blbao (Galdames)
en el museo de automóviles Colección Miguel de la Vía en la Torre de Loizaga.
Es tiempo de vacaciones, si tienen oportunidad no se pierdan hacerle una visita.
La otra lección de Gerardo que también aprendí en el Parque Infantil de Tráfico fue referente a que siempre había que saber exactamente en qué punto te ibas a cruzar con el vehículo que venía en sentido contrario. En esa ocasión no dije nada, simplemente me quedé pensando que, evidentemente, era una información muy útil (sobre todo si se está pensando en adelantar) y en la que yo no había reparado. La verdad es que nunca había tenido problemas en este sentido a la hora de adelantar, pero a medida que empecé a poner en práctica esos cálculos mejoré en seguridad y eficacia al hacer esa maniobra. 

Parece que en los últimos años está ganando fuerza y adeptos entre mis colegas de oficio la idea de que es necesario ampliar los contenidos en los cursos de profesor, que nuestro título sea reconocido por el Ministerio de Educación, que el curso se amplíe hasta equipararlo a la Formación Profesional e incluso a una diplomatura, que tales cosas “dignificarían la profesión” y nos haría acreedores del respeto de las administraciones públicas y de la sociedad en general, que si deberíamos reciclarnos obligatoriamente y con cargo al Estado, claro; mal asunto este de que a un docente le tengan que obligar a ponerse al día, digo yo. Cuando oigo o leo estas cosas y miro los vivos recuerdos que tengo de hombres (y alguna mujer) que sólo con estudios primarios o sabiendo a duras penas leer y escribir, sabían tanto de mecánica, automóviles, carretera y tráfico, y además enseñaban tan bien, no puedo evitar preguntarme ¿para qué? ¿Qué necesidad hay de tanta alforja para este viaje en el que, curiosamente, casi nunca se añade la de la propia experiencia como conductor? 

Por más que sin exceder ningún límite de velocidad, sienta que esta es excesiva
para usted en un momento dado, recuerde siempre que puede reducirla de inmediato.
Mire atrás, y con suavidad y determinación: ¡frene!
Fuente: nevseoboi.com.ua
De acuerdo que el saber no ocupa lugar, mas poco parece que les cunda a tantos licenciados y algún que otro doctor que afirmando ser “expertos” en seguridad vial publican sin pudor ni vergüenza tantas sandeces al respecto, hasta el punto de hacer lógico deducir que, o no conducen o ni siquiera tienen carnet. Así pues, qué quieren que les diga, me quedo de todas todas y sin ninguna duda con mis veteranos y expertos conductores de la vieja escuela, aunque algunos sean justo alfabetos, porque sé, que un consejo suyo me puede salvar la vida ya que él mismo lo ha probado, ¡y ahí está! Por el contrario, la mayoría de los actuales “expertos” en seguridad vial sólo transmiten lo que la entidad pública de turno les indicó que dijesen para que esta y sus decisiones ganen credibilidad amparada en sus títulos y pagándoles por ello sus buenos honorarios, claro. 

Tuve la suerte de acompañar a Gerardo conduciendo en varias ocasiones, tanto con el coche de la escuela como con el suyo (un Simca 1200 francés) y lo hacía perfecto, siempre, sin cometer un solo error, rápido, ágil y con extremada suavidad, manteniendo todas la fuerzas en un equilibrio tan logrado que hacía difícil sentirlas, sin que nada le sorprendiese nunca, sabiendo lo que iba a hacer (o podía hacer) todo el mundo con tiempo. Era un placer acompañarle mientras conducía. Y verle enseñar también. En las clases de maniobras coincidíamos todos en los mismos lugares y nos podíamos observar bien; ponía entusiasmo, ganas, ilusión, sintetizaba las explicaciones de maravilla y sabía extraer la quintaesencia de los alumnos, que aprendían bien, rápido y contentos. 

Elisa Alòs, en uno de sus habituales comentarios en este blog (gràcies, Elisa!) nos recordaba algo tan evidente como olvidado: para enseñar algo, lo primero de todo es saber mucho sobre ese algo. Luego para enseñar a conducir, un profesor que se precie debe experimentar al volante tanto como pueda

Conozco y tengo constancia de profesores muy jóvenes que acumulan una considerable y buena experiencia en la carretera, y lo contrario: profesores con más de 40 años en la antigüedad de su permiso de conducir que sólo han hecho uno o dos viajes largos en su vida. Por supuesto, si tuviese que elegir entre un instructor joven y otro mayor -ambos con poca experiencia- me quedo con el primero sin ninguna duda, quizá no haya tenido oportunidad, pero el mayor es seguro que la tuvo y persistió en dejarla pasar. 

"Aprendiendo a conducir" Una película de Isabel Coixet muy recomendable.
Y el señor de la India un colega con el que seguramente me llevaría bien.
Fuente: https://es.wuaki.tv/movies/aprendiendo-a-conducir  
Sé que algunos compañeros de fatigas me regalan generosamente su atención y su tiempo leyendo lo que escribo, lo que me hace sentir honrado y muy agradecido, desde luego. Por ello, y con todo mi respeto, me tomo la libertad de sugerirles: a los más jóvenes, que se esfuercen en conducir tanto como les sea posible por todo tipo de carreteras y en todo tipo de condiciones, que imaginen que Gerardo es su compañero y que tomen buena nota de lo bien que supo dar una aplicación pedagógica a su excepcional y dilatada experiencia al volante; y a todos, independientemente de la edad, que imaginen que la persona que llevan sentada a su izquierda es su hijo, hermano, cónyuge, sobrino... obviando el exceso de confianza que nos pueden dar estas relaciones, claro. 

Termino con una cita de un compañero de Vizcaya, Antonio, natural de Córdoba, que decía con fina ironía, falso cinismo y toda franqueza: “ Al alumno hay que enseñarle bien siempre, aunque sólo sea porque cualquier día puedes encontrarte con él en la carretera.” Naturalmente, Antonio también es experto en la carretera y le gusta conducir, si no, ni se le ocurre ese acertado pensamiento. 
Esteban 

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P. S.: Olvidé hacerles una sugerencia que a mí siempre me ha resultado y me resulta muy útil porque se puede aprender bastante más de lo que parece de ella: siempre que tengan ocasión escuchen atentamente a personas que por afición u oficio conozcan bien la carretera y cuenten cosas sobre su experiencia en ella. Normalmente hay que tener un poco de paciencia, pues en un primer momento es fácil que se expresen de un modo, como se da en llamar ahora, “políticamente correcto”; pero si les dan un poco de tiempo y se ganan su confianza se acabarán sincerando. Que lo disfruten.

Entradas relacionadas: GERARDO. Y LA IMPORTANCIA DE LA EXPERIENCIA. "APRENDIENDO A CONDUCIR". TORRE DE LOIZAGA O VIVIR UN CUENTO EN 3D. ASÍ APRENDÍA A CONDUCIR (7)

miércoles, 22 de junio de 2016

GERARDO. Y LA IMPORTANCIA DE LA EXPERIENCIA (1)

Más preciso y completo para esta entrada hubiese sido este título: “Gerardo y la importancia de la experiencia como conductor para ser profesor de autoescuela”. O Profesor de Formación Vial (PFV), como prefieran; o “pisapedales”, entre amigos es mi título preferido, aquí todo el mundo me dice que hace feo. En todo caso me hubiese ocupado más de un renglón, cosa que procuro evitar. Demasiado largo. 

Gerardo no pudo conducir este coche, es del año pasado, pero sí varios de sus
"hermanos mayores" y que le fueron contemporáneos.
Fuente: Cortesía de Alisa Alòs. Gràcies!

Gerardo es la persona que mejor he visto conducir en mi vida hasta ahora. Y lo digo en sentido literal, eso que he tenido la suerte de conocer a muchos hombres, y alguna mujer, que conducían y conducen extraordinariamente bien, y desde niño. Pero si tengo que hacer una lista el primer lugar, por el momento y sin ninguna duda, lo ocupa Gerardo, a quien Dios tenga en su gloria y en paz descanse. Estoy seguro de que él utilizaría esta misma expresión en referencia a su muerte ocurrida a comienzos de la década de los 80 tras una corta y grave enfermedad.

El mencionado puesto de esa imaginaria lista no se lo otorgo a título póstumo, al menos me queda el pequeño consuelo de habérselo dicho personalmente en su momento y también a nuestros compañeros, sin embargo he de añadir una aclaración: me refiero a ver conducir a una persona en vía pública y ocupando yo el asiento delantero derecho del coche que manejaba. En circuito, y desde el mismo asiento, también tuve la suerte de ver a un conductor magnífico: Salvador Cañellas padre, pero esto no fue en calles y carreteras abiertas al tráfico sino en Can Padró, muy cerca de Barcelona, lo que no me permite compararles aunque imagino que ahí se andarían ambos en los dos terrenos. 

Era el año 1978, estaba trabajando en una autoescuela de Gijón que ya hace unos cuantos años que no existe y que tomaba el nombre de esta ciudad, y donde me saqué mi primer carnet, quién me lo iba a decir. En aquel año, estábamos como profesores en aquella escuela -aparte del jefe, su hermano y un hijo del primero- cuatro más, comenzando nuestra labor allí, más o menos, a la par. Tres éramos de la misma edad (unos 24 años) mientras que el otro compañero podría tener claramente los mismos años que cualquiera de nuestros respectivos padres, o algunos más. Pero nos llevábamos bien, a pesar de ser un grupo bastante heterogéneo en realidad. 

Así estaban las cosas por entonces en aquella escuela cuando el jefe decidió contratar a un profesor para sustituir a nuestro compañero mayor que decidió irse a vivir literalmente a las antípodas, a Australia, de donde había venido hacía pocos años. Y entonces llegó Gerardo. Recuerdo bien cuando me lo presentó la secretaria y también que me causó una primera impresión... no sé, un tanto extraña y contradictoria. Sabía, porque coincidió que fui el último en conocerle, que también era “mayor”, que venía de Francia -aunque era de Asturias igual que “el australiano”- que parecía un tanto raro y enigmático... La verdad es que en aquella escuela coincidimos un grupo bastante atípico, pues otro compañero de los que no éramos familiares del jefe era mexicano, hijo de asturianos pero nacido y criado en México. Como ven eso de la “globalización” no es nada nuevo, allí sólo estábamos dos que aún no habíamos salido al extranjero y de Asturias poco.

Como este es el coche que yo le conocí a Gerardo:
un Simca 1200 "francés", hacía hincapié en esta palabra.
Fuente: pasionslot.mforos.com
Nunca me gustó, ni siquiera en la adolescencia ni arranque de la primera juventud, aferrarme demasiado a la primera impresión que me cause una persona, entre otras cosas, porque yo mismo puedo dar una sensación pésima en un primer contacto y, sin embargo, me gustaría que me diesen una segunda oportunidad, por lo menos. Todos tenemos múltiples facetas y no siempre mostramos la más agraciada. Además, en esta idea no he tenido más remedio que profundizar (afortunadamente) por imperativos gajes del oficio. 

Más que su físico, cuerpo delgado y enjuto, baja estatura, aparente carácter nervioso (más bien vivaracho), rasgos celtas, sumamente educado... destacaba a mis ojos, sobre todo, su gran pulcritud. Y bien está, que uno vaya aseado y presentable, claro, pero tanto... Siempre tiendo a pensar que cuando alguien se me aparece tan perfecto por fuera es porque así pretende encubrir inconfesables vicios y defectos, pero fueron pasando los días y a Gerardo no le vi ninguno, francamente. Ninguno. Y conduciendo y enseñando, menos.

Creo que ni llegó al año el tiempo que coincidí con Gerardo, pero enseguida entablamos amistad y los viernes que acabábamos al mismo tiempo la faena solíamos tomar juntos una cerveza o un gin-tonic en la cafetería que había debajo de la escuela antes de llevar los coches al garaje. Allí, sentados en la barra en unos cómodos taburetes y a una hora en la que coincidía poca gente, en un ambiente tranquilo y agradable charlábamos un buen rato; bueno, yo en realidad hablaba poco, escuchaba mucho y hacía alguna que otra pregunta al hilo de lo que oía porque me quedaba casi -o sin casi- igual de maravillado que cuando de niño era testigo de las charlas de aquellos chóferes de camiones mientras comían en la fonda “El Sopapu”. 

Un "taxi" para pilotar. La leyenda que marcó un hito en la historia de Seat.
Fuente: Auto Límite.
Los buenos aficionados disfrutarán del enlace anterior, y de este:
Vicente del Valle
Mi nuevo compañero me daba lecciones magistrales con ese “no hubo intento” que decía Rubén Darío y que tanto me gusta, lecciones que iba absorbiendo como una esponja y que luego iba escurriendo en las mías propias hasta sin darme cuenta. Además me resultaban muy exóticas, porque Gerardo se había ido a Francia de chaval y estuvo trabajando como chófer de diferentes personalidades: aristócratas -me hablaba de una princesa con especial sentimiento, tras el cual yo imaginaba uno de esos amores imposibles, tan terribles siempre-, magnates diversos y hasta un ministro de defensa, general del Ejército del Aire y ex piloto de caza. Había conducido por todo el país, innumerables veces y por todos los países próximos: Bélgica, Alemania, Suiza... Había conducido por todo tipo de carreteras, incluidas muchas de los Alpes. Tenía una experiencia asombrosa y excepcional siempre con coches de alta gama con motores de 8 y 12 cilindros y de cuyo mantenimiento y algunas reparaciones también se ocupaba, así que también aprendía mecánica práctica. Gerardo había recorrido toda Europa central, siempre “volando bajo”, por imperativo mandato del guión como dicen en Hollywood, y con patente de corso, claro. 

Respecto al mantenimiento y cuidado de los coches, Gerardo había desarrollado una especial sensibilidad como sólo he visto en mi vida a unos pocos mecánicos; por supuesto sabía poner a punto el sistema de encendido de un coche de oído y regular un carburador de doble cuerpo igualmente, de ambas cosas fui testigo, parecía un mago. Los cuatro profesores “de la parte fuera” como se suele decir en Asturias, trabajábamos con otros tantos coches idénticos, hasta las matrículas eran consecutivas, R-5 GTL concretamente, de color rojo y muy nuevos; bien, pues en un par de semanas, más o menos, el de nuestro nuevo compañero destacaba sobre los otros tres. Cada uno lavábamos “nuestro” coche la víspera del examen, a mano y en el garaje; yo procuraba hacerlo bien desde luego (siempre me pareció, entre otras cosas, una pérdida de tiempo sin sentido hacer el paripé), pero no sé qué demonios hacía Gerardo que a él siempre le quedaba mejor, y eso que me fijaba, porque coincidimos muchas veces en esa tarea y a veces hasta lo hacía adrede a ver si aprendía, pero no, algo se me escapaba.

Antes de aquellas magistrales clases de los viernes que Gerardo tenía la deferencia de impartirme en exclusiva tan generosamente, ya había aprendido dos cosas muy importantes de él que siempre he tenido muy en cuenta desde entonces. Dos o tres días antes del examen llevábamos a los alumnos al Parque Infantil de Tráfico donde tendrían que hacer las pruebas de maniobras, y como tenían que estar solos en el coche durante las mismas, casi siempre se podían aprovechar unos minutos para hablar con otros colegas. 

Eliminar las maniobras en pista para el permiso de coche ha sido un grave error
de la DGT que aún estamos pagando todos unos 20 años después. Y lo sabían, y lo saben.
Fuente: www.autofacil.es
Uno de esos días, cuando ya me pude bajar del coche, vi a unos compañeros charlando y me acerqué; estaban hablando de conducir a velocidades elevadas, buenas carreteras y buenos coches, Gerardo contaba cómo tuvo que trabajar en Francia, cómo las velocidades de crucero en torno a los 200 km/h eran su pan nuestro de cada día, cómo, no pocas veces, por razones tan frívolas como ir a buscar unas preciadas fresas a no sé cuántos cientos de kilómetros para regresar con ellas a Paris antes de la hora de la comida de quien a la sazón era su jefa o jefe, entonces yo expresé que era una suerte de trabajo, que ya me gustaría... y él, espontáneamente y de inmediato, me miró al mismo tiempo que hacía ese conocido gesto de pinzar la nuez con el índice y el pulgar, levantar un poco el mentón y decirme “...así, así vas Esteban, te lo juro. Es mucha tensión. No puedes cometer ningún error, ¡ni uno! Y lo peor no es que te mates tú, es que puedes matar a alguien, aunque sea por culpa suya”. Tenía razón.

Esteban

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martes, 7 de junio de 2016

CURSO DE AMAXOFOBIA... ¡Y A CONDUCIR SIN MIEDO!

Esa puerta abre otras puertas y esa llave otras cerraduras. Esto es más que un aviso o un anuncio: es una buena noticia. Y les ruego que la divulguen cuanto les sea posible, por favor; siempre que, por supuesto, les parezca bien, oportuno y adecuado. 


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Pongamos a prueba el llamado boca a boca, literalmente y con las herramientas que ahora tenemos a nuestro alcance. Pongamos un grano de arena, o un puñado, con una cierta constancia; al fin y al cabo, todos utilizamos calles y carreteras en cualquiera de los papeles posibles: conductor, pasajero y peatón. Y a todos nos conviene siempre que quienes conduzcan puedan conducir sin miedo

Conducir con temor siempre lleva a cometer más errores. El primero ocultarlo, lo que es bastante común, sobre todo entre los hombres; y si es de cara a los demás carece de importancia, pero ocultarnos alguna certeza a nosotros mismos ya es otra cosa: un peligro. Porque ese vano intento de engañarnos impide adoptar soluciones haciéndonos andar un camino cada vez más lleno de trampas, hasta que inevitablemente caemos en alguna de ellas.

Llevo décadas trabajando con personas que tienen miedo a conducir, pero este curso que les presento hoy cuenta con la importante aportación de un doctor en psicología y profesor de la Universidad de Deusto (don David Herrero) además de un servidor. Lo que ha sido posible gracias a la colaboración establecida con la empresa ITSAK (Auditores de Seguridad Vial) y la Fundación Vasca para la Seguridad Vial HELTZEN FUNDAZIOA

Luego si se sabe qué ocurre y se aprende qué hacer... ¡adiós miedo!
Lo dicho, naturalmente, me hace sentir muy honrado y muy agradecido; pero también entusiasmado y alegre (ya les dije que les daba una buena noticia) porque, que yo sepa, el programa de este curso -basado en mi trabajo y experiencia- es el más completo y eficaz del que hasta ahora he tenido noticia y se sustenta en tres pilares muy sólidos y exclusivos, al menos en su conjunto: 
  • Presencia de psicólogo, Especialista en Psicología del Tráfico y Seguridad Vial entre otras competencias. 
  • Clases o sesiones prácticas en vía pública con el coche del alumno acompañado por un Profesor de Formación Vial veterano y con dilatada experiencia tanto en su faceta de conductor como en la de docente. 
  • Seguimiento posterior de la evolución de las personas participantes. 


La construcción del curso es sólida, eficaz y útil para todos, pero es necesario otro pilar para lograr la máxima estabilidad y cerrar el círculo: las personas que en él participen con su imprescindible aportación de entusiasmo, alegría y capacidad de trabajo, dispuestas a aprender sobre sí mismas a medida que van haciendo suyo su contenido. 

CONTACTO Y MÁS INFORMACIÓN

ITSAK, Auditores de Seguridad Vial
Tel.: 944 793 294

Si precisan de alguna información adicional sobre mi labor me encontrarán en este número: 633 388 053, y en este correo: esteban@conducirsinmiedo.es  

¡Muchas gracias por su ayuda!

Esteban

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