miércoles, 17 de agosto de 2016

MAYDAY, MAYDAY...

Las palabras que hoy utilizo como título para esta entrada, como todos ustedes saben, hacen referencia a la llamada de socorro internacional utilizada en la navegación aérea y marítima. Pero “Mayday”, es también el título de una serie de televisión que emite el canal National Geographic y que descubrí casualmente hace tan sólo unos meses. 

Fuente: desmotivaciones.es

La mencionada serie la he visto y la veo siempre que tengo oportunidad -me ha gustado mucho- y, por supuesto, la recomiendo a quien no la conozca, pero con una reserva: quien tenga miedo a volar quizá es mejor que se abstenga, pues, por más que el transporte aéreo sea muy seguro, ver algunos episodios puede causar la sensación contraria si uno está predispuesto a ello. Por esta razón, no dejaré aquí ningún enlace directo al mencionado programa, quien quiera llegar a él podrá hacerlo con facilidad y quien no lo desee, en lo que a mí respecta, no podrá verlo ni por error.

“Mayday”, hace una exposición dramatizada de la investigación de diversos accidentes aéreos y desde el primer episodio que vi me asaltó el envidiable deseo de que se hiciese lo mismo con los accidentes de tráfico. En realidad, hace muchos años que me resulta incomprensible que en España y otros muchos países no se investiguen las causas de los accidentes de automóviles, o se haga sólo de forma puramente anecdótica y, que incluso en estos casos, nunca se publique ni un resumen de dichos estudios en los medios de comunicación generales.

Lo dicho, debería estar haciéndose por lo menos desde la década de los sesenta de forma sistemática. De acuerdo que hay muchos más accidentes de automóviles que de aviones, y quizá sea imposible investigar todos aquellos en profundidad, pero qué menos que estudiar un cierto porcentaje de los mismos: los más aparatosos, los más graves, aquellos en los que resultan heridas de gravedad personas, o con lesiones irreversibles, con muertes de por medio... Si no, ¿cómo establecer medidas preventivas verdaderamente eficaces? Miles y miles de veces nos han dicho que “los siniestros viales” -como se da en denominarlos ahora- son una plaga, pero cuando surge una epidemia a nadie se le ocurre aplicar un tratamiento sin antes investigar para hallar el diagnóstico y seguir después estudiando para saber cómo curar el mal y evitarlo. Es elemental. 

¿Cómo se atreven nuestros políticos a legislar “por nuestra seguridad” si ni siquiera saben en qué consiste? ¿Por qué se gastan tanto dinero en campañas de “sensibilización” y “concienciación” -constantemente, cientos de miles de euros cada año- si ni ellos mismos se aplican el cuento ni se lo creen? No comulgo con esa milonga de concienciar, ¿quién no conoce de cerca a personas que han sufrido accidentes? Pues si con eso no basta... Y, efectivamente, a la mayoría no les sirve de nada porque creen que sólo es una cuestión de suerte, por lo tanto se ponen al volante con una consciente mordaza para silenciar su razón, su criterio y buen juicio, no vaya a ser que escuchen sus demandas de invertir más esfuerzo y trabajo en conducir mejor, rindiendo su voluntad en el asfalto con una fatalista actitud. ¿Cómo no van a manejar tantos conductores con miedo?

Generalmente, esta labor tiene por objeto delimitar la responsabilidad civil 
y penal (si procede) de las personas implicadas en un accidente; saber a quién
le toca pagar, vaya. Para conocer las verdaderas causas que provocaron el accidente, 
normalmente, hay que ir más allá. Bastante más allá.
Fuente: www.que.es
Entre tanto, ellos, los políticos, legislan cual rayo que no cesa (que diría Miguel Hernández), lenta pero incansablemente, escribiendo en el BOE como en un vano intento de acallar la responsabilidad de sus conciencias justificándose ante sus votantes con la complicidad de los medios sin más logro que hacer cada vez más farragosa e innecesariamente amplia la Ley de Tráfico y Seguridad Vial y los distintos reglamentos que la complementan. Justo todo lo contrario de lo que debería ser una buena ley de tráfico: sencilla, concisa, clara, breve, estable en el tiempo y respetada por todos los partidos políticos, independientemente de cuál gobierne u ocupe la oposición. Un marco legal que pudiera ser fácilmente entendible por un niño de diez años, o un adolescente de quince, si me apuran mucho. 

Cuánto mejor sería que se gastaran el dinero de todos, primero en educar y en formar desde la infancia, después en financiar programas realizados por personas verdaderamente independientes que muestren las raíces de por qué los automóviles chocan o se salen de la vía, que expliquen cómo se puede evitar y divulgarlo. Sería mucho más barato y mucho más eficaz. 

Estos programas deberían emitirlos permanentemente por televisión de forma regular y tenerlos también disponibles en Internet, haciéndolos formativos y amenos, elegantes y ausentes de todo morbo, sin inducir al miedo, sin juzgar, asépticos como un quirófano, buscando las raíces causantes de cada accidente estudiado con seriedad y rigor en base a preguntarse reiteradamente “por qué” hasta llegar a ellas. No basta con descubrir que uno de los conductores implicados, por ejemplo, manejaba con una tasa de alcohol en sangre superior a la permitida, por más que sea una infracción (o incluso un delito) no necesariamente ha de ser la causa del accidente; y por supuesto, también puede ocurrir lo contrario. 
Hace muchos años que debería existir una entidad semejante a esta (CIAIAC) 
para investigar los accidentes de tráfico.
Fuente: www.fomento.gob.es
Como resultado de muchas de estas investigaciones, lógicamente, se deduciría la incorporación de nuevas medidas, anulación de algunas de las existentes o cambios en las mismas en cualquiera de las áreas implicadas: formativa, médica, psicológica, técnica (tanto en lo relativo a vehículos como a carreteras), policial, resto de servicios de emergencia, etcétera. Y legislativa, desde luego, siempre que proceda, pero al menos se acabaría con la perversión de dictar normas por razones tan difusas y abstractas como “la alarma social”, la influencia en la intención de voto de los electores o la sumisión del poder ejecutivo a la presión de numerosos grupos (auténticos lobbies) con intereses en la seguridad vial, casi nunca inocentes y casi siempre culpables de declarar un falso “sin ánimo de lucro”. 

Hasta ahora, cuantos conducimos en España y a pesar de tantas décadas con el automóvil formando parte de nuestras vidas, hemos tenido que aprender las posibles causas de los accidentes de tráfico y las distintas medidas que podemos adoptar para evitarlos de la experiencia ajena, en primer lugar, y de la propia (y ambas) después. Un servidor tuvo la buena suerte de poder ser testigo de muchas conversaciones entre camioneros y viajantes mucho antes de que pudiese empezar a conducir, y aunque era muy niño había detalles que hice míos, que me acompañaron siempre, que sin duda me salvaron la vida en varias ocasiones, que aún siguen siendo perfectamente válidos y que si Dios me da salud suficiente no olvidaré jamás. Nunca agradeceré lo bastante lo que me enseñaron aquellos hombres, sin intención alguna -curiosamente- ni por su parte ni por la mía; y aunque ninguno de ellos pueda leer esto ya, tampoco puedo acabar este párrafo sin dedicarles una palabra con aquel mismo corazón que todavía late por aquí (creo): ¡Gracies! 

Tengo entendido que el guepardo es el animal más rápido en tierra 
y que tiene marcas de velocidad registradas de hasta 115 km/h.
Fuente: www.planetacurioso.com
La historia de aviones y automóviles tiene su cuna en un par de sueños acariciado durante miles y miles de años. No puedo saberlo, claro, pero me siento completamente convencido de que nuestros más remotos antepasados, en cualquier lugar de este planeta, se quedaban fascinados viendo correr a algunos animales mucho más rápido que ellos y observando el vuelo de las aves. No puedo saberlo, pero después de todo, aún llevamos una ingente cantidad de información genética de nuestros viejos padres, y, mal que nos pese, después de todo, aún estamos muy cerca de la caverna de la que hemos salido. 

La historia de automóviles y aviones se entrelaza en numerosos puntos a lo largo de poco más de cien años, uno y otro invento se han beneficiado mutuamente de algunos de sus distintos avances; ambos han recibido los mismos fuertes impulsos, justo cuando la humanidad ha sufrido sus peores tragedias, a saber: las dos guerras mundiales. Pero esta funcional correlación, hasta ahora y que yo sepa, siempre ha sido lógica. Sin embargo, de pocos años acá, se porfía en aplicar al automóvil dos aspectos muy propios y lógicos de la aviación, perfectamente naturales en ese ámbito pero, en mi opinión, ajenos a las circunstancias de la carretera. Me refiero al piloto automático (conducción autónoma) y a la caja negra. 

El piloto automático en un avión, básicamente, controla tres parámetros fundamentales: velocidad, rumbo y altura. Hace el vuelo más cómodo y seguro porque descarga notablemente de fatiga la permanente atención que tendrían que llevar los pilotos si navegasen en visual, no obstante, al menos van dos pilotos al mando y asumen la responsabilidad del vuelo. El avión se mueve en un espacio enorme y en tres dimensiones, y, aunque hay aerovías trazadas, en cualquier momento, si fuese necesario se puede “construir” otra, por así decirlo. Por si fuera poco, los vuelos comerciales están todos previstos de antemano y supervisados por controladores aéreos en comunicación permanente con los pilotos. En estas condiciones, creo que es evidente deducir que el piloto automático es algo lógico y perfectamente natural en la aviación comercial. Pero en las carreteras no se dan estas circunstancias, ni hay tres dimensiones, ni los coches son conducidos en su mayoría por profesionales, etcétera. Además, no basta con controlar velocidad y rumbo, y pueden darse muchos factores difícilmente previsibles que interfieran en la marcha del automóvil. En fin, comparar el piloto automático de aviones y coches es mucho más heterogéneo que hacerlo entre las churras y las merinas.

Cóndor de los Andes
Considero imposible que esta imagen y la anterior dejen indiferente a 
nadie por mucho que nos remontemos siglos y siglos atrás. 
Fuente: www.panamericanworld.com
La caja negra. Dado el carácter catastrófico de tantos accidentes aéreos (por más que el porcentaje de los mismos sea muy pequeño) en los que no hay un sólo superviviente me parece lógico que exista este dispositivo, de lo contrario los únicos testigos serían los controladores aéreos pero estos pueden ignorar detalles como la potencia que se está utilizando de los motores o la posición de los distintos timones, por ejemplo, datos importantes que (entre otros) sí quedan registrados en la famosa caja y pueden aportar una muy valiosa información para esclarecer las causas del accidente, ardua tarea de por sí en los accidentes de aviación. Sin embargo, en la carretera es mucho más fácil determinar la causa de un accidente sin necesidad de llevar un espía electrónico en nuestro coche, cuya labor principal, mucho me temo que nada tenga que ver con nuestra seguridad sino con establecer un férreo control sobre el individuo, una vuelta más de tuerca (o varias) en pro de lograr una sociedad sumisa dispuesta a soportar cuantos ataques consideren precisos a su libertad lanzados por quienes de verdad detentan el poder y cuya ambición por incrementarlo carece de todo límite. Así pues, ¿conducción autónoma y caja negra en automóviles? No, gracias. 

jueves, 4 de agosto de 2016

¿EL PEOR MOMENTO DE LA DGT?

Tal como indico en el título, pero sin ninguna interrogación, encabezaba ayer (3 de agosto de 2016) el diario asturiano La Nueva España una noticia sobre los dos escándalos que recientemente han tenido lugar en la Dirección General de Tráfico (DGT) y de la que se han hecho eco todos los medios de comunicación. La noticia pueden verla aquí, y tuve conocimiento de la misma en la tarde de ayer por el blog de la Asociación de Examinadores de Tráfico (ASEXTRA). 

Fuente: valortamaulipeco.blogspot.com

En los últimos días del pasado mes de julio ya escribí dos entradas sobre el permiso por puntos y no pensaba volver a este asunto tan pronto, pero ayer me resultó imposible resistirme a escribir un comentario sobre la noticia que recogía ASEXTRA en su blog, y luego he pensado que no estaría mal dejar aquí también constancia del mismo; después de todo siempre quedará como más ordenado, relacionado, a mano y fácil de transmitir utilizando tan sólo el enlace de esta entrada siempre que se quiera y quien quiera que lo desee. Así pues, sin más preámbulo y en cursiva paso a dejar aquí el comentario de marras, donde CNAE es la Confederación Nacional de Autoescuelas.

El peor momento de la DGT está por llegar, y si no al tiempo. En cuanto a los cursos de recuperación de puntos es obvio que deberían impartirlos las autoescuelas, todas las que quieran, sin más restricciones que cumplir con la normativa vigente. Y en exclusiva, por supuesto, por la sencilla razón de que somos los más cualificados para ello. Lo que también permitiría que quienes deseen hacerlos, puedan elegir entre un abanico mucho más amplio la autoescuela que quieran. 

Nunca he pertenecido a CNAE ni a ninguna de sus asociaciones federadas, el señor Báez tampoco ha sido nunca santo de mi devoción, pero es evidente que sin la existencia del absurdo sistema de concesiones ni esa organización, ni su presidente, ni nadie hubiese podido influir lo más mínimo con el fin de obtener algún privilegio, con lo cual, es lógico deducir que si las cosas se hicieron como se hicieron fue con el premeditado fin de que unos pocos se beneficiasen mucho. Y entre esos pocos, es prácticamente imposible que no hubiese alguno o varios miembros de la cúpula de la DGT -por lo menos-, a la sazón presidida por Pere Navarro; y muy probablemente responsables de la Cátedra de Seguridad Vial de la Universidad de Valencia y del INTRAS. 

Si el asunto CNAE-DGT se investiga a fondo, necesariamente hay que llegar a la raíz (antes de 2006). Por aquel entonces la señora Seguí era completamente ajena a la DGT y estaba obligada a realizar una labor continuista, no podía hacer otra cosa cuando para el carnet por puntos todo eran vítores y Pere Navarro salió a hombros de la plaza. 

Todos los que de un modo u otro estamos en este gremio, sabemos todo esto desde hace más de diez años, más de 10 años, que se dice pronto. Ahora oigo rasgar de vestiduras por todas partes, y, francamente, a un servidor le producen dolor de oídos. Ustedes perdonen, pero al menos estas letras me sirven un poco de analgésico. 

Saludos.


 

Les dejo otra canción de Paco Ibáñez que nos trae palabras viejas y sabias 
que nunca pierden valor. Dejo aquí otro enlace por si acaso.

Lamento profundamente todo esto, en sí mismo, y porque se quiera o no salpica a miles de funcionarios y de compañeros que trabajan muy duro y honestamente dejándose poco a poco la piel en el asfalto cada día y arriesgando también en cada uno de ellos hasta perderla de pronto. También se me ocurre pensar cuántas normativas habrá, que como esta, envuelven en sus artículos las llaves de los tratos de favor, el desvío de dinero público a bolsillos de particulares sin que estos den nada a cambio, los sobornos, el cohecho, el engaño y la mentira. Decía mi admirado y gran poeta Machado (don Antonio) “que el sol de España os llene de alegría, de luz y de riqueza”, yo me conformo conque irradie con precisión y fuerza cada célula de este cáncer de corrupción que nos asola. 

jueves, 28 de julio de 2016

LAS AUTOESCUELAS Y EL PERMISO POR PUNTOS (y 2)

¿QUÉ SUPUSO EL PERMISO POR PUNTOS PARA LAS AUTOESCUELAS?

Fundamentalmente, la consecución de un sueño largamente gestado: vender dos veces, o más. En la entrada anterior les pedí que se imaginaran en 1960, ahora les invito a situarse unos 40 años después, en los alrededores del año 2000. Han cambiado muchas cosas; salvo los jóvenes, ya casi todo el mundo tiene carnet de conducir, y aquellos son bastante menos numerosos que 20 o 30 años atrás, sin embargo hay muchas más autoescuelas, bastantes más profesores y en constante incremento... la tarta es más pequeña y somos más comensales. 

El automóvil es un sueño hecho realidad que expresa independencia y libertad. 
Algo que el poder siempre interpreta como una peligrosa amenaza. 

La situación queda compensada en parte por la llegada de emigrantes, pero su flujo no será constante, a los de algunos países hermanos de América se les convalida su permiso, otros no tienen reparo en conducir sin carnet. En aquel mercado que parecía infinito se empiezan a vislumbrar límites, y las autoescuelas, normalmente sólo venden una vez. 

Si se pudiese encontrar una fórmula para que los conductores vuelvan a la autoescuela obligatoriamente cada cierto tiempo... al renovar su carnet cada diez años, por ejemplo. ¿Pero qué político se atrevería con algo así? Hay elecciones cada cuatro años, ¿cómo no recordar a quien nos obligó a volver a la autoescuela? No, esto es inviable; pero, ¿y eso del carnet por puntos? En otros países de Europa existe. 

A ver, déjeme que lo piense un poco... si se da un saldo de puntos inicial, aparentemente alto, y tras varias denuncias por infracciones graves se van restando hasta que queden muy pocos o ninguno, casi todo el mundo verá con buenos ojos que esas personas vuelvan a la autoescuela y paguen con su dinero el precio del curso, incluso que hagan un examen cuando los han perdido todos, si además es algo “oficial”, el precio puede ser fijo y elimino problemas de competencia en este aspecto, también puede ser relativamente alto (nadie lo verá mal, de hecho será parte del castigo), si además limito de algún modo el número de autoescuelas que puedan optar a impartir los cursos casi nos ponemos en los felices sesenta; ¿y el curso teórico, práctico o ambas cosas? Teórico, se limitan gastos. Y podemos invitar a otros actores: psicólogos y asociaciones de víctimas de accidentes de tráfico. Que vean qué majos somos, oiga. Se ganará algo menos, pero tendremos un buen respaldo ampliando el espectro social de participación, y las asociaciones de víctimas están muy activas en los medios y todo el mundo las respeta.

Ahora quieren que nos movamos juntos y lentos, como en los autos de choque.
Distraídos, para caer más fácilmente en sus trampas. Nada les importa si hay
más accidentes, ya moldearán las estadísticas a su conveniencia.
Fuente: 
Unsplash | Free High Resolution Photos
Es perfecto, ¿verdad? El político no sólo no arriesgará votos, probablemente los sume; y por la cuenta que le trae, ya se encargará de transmitir los datos estadísticos adecuados (sean ciertos o no) y de pagar con dinero público cuantos “estudios” sean necesarios y cuyas conclusiones son “sugeridas” de antemano, y asunto resuelto. ¿Qué pensará el público de todo esto? Pues le encantará, porque si después de tener 12 o 15 puntos alguien es tan torpe, incívico, salvaje o delincuente como para perderlos y verse obligado a hacer un curso... 

- Pues mira, oye, se lo ha ganado a pulso; y suerte que tiene, porque si de mí dependiese, le confiscaba el coche, le metía tres años en la cárcel y no le dejaba volver a conducir en la vida. 
- No se pueden permitir esas locuras que se ven en la carretera, ¡qué los saquen de ella! 
- Yo, de verdad te digo, te lo juro por lo que más quieras: veinte años conduciendo (20, que se dice pronto) y nunca me han puesto una multa y jamás he tenido un accidente. 

¿Cuántas veces no han oído estos breves monólogos? Cuántas veces, si sigue atento a la escucha, asiente de vez en cuando, sonríe y muestra que comparte ese discurso, si además existe una cierta confianza y le da tiempo... cuántas veces su interlocutor no acaba soltando algo así como... 

- Bueno, una vez sí que me pusieron una multa pero aquel guardia era un... (rellene los puntos suspensivos con el insulto que prefiera, siempre lo hay). 
- No tenía razón, mira que se lo dije, pero, ya sabes, es mi palabra contra la suya, ¡a ver quién le baja del burro! 
- Bueno, y una vez también me dieron un golpe, de chapa solamente, pero no fue culpa mía, eh; y menos mal que anduve vivo y esquivé un poco, porque si me da de lleno me mata aquel desgraciado. 

¿Cuántas veces no ha escuchado cosas como estas o muy parecidas? Somos muy puñeteros, permítanme la expresión. Puñeteramente imbéciles. Nuestros políticos lo saben, se aprovechan de ello y estimulan que sigamos así porque de este modo somos mucho más fáciles de manipular. 


El Gran Hermano en España empezó su labor en las carreteras, incrementa y
extiende su presencia, pero tenga por seguro que irá mucho más allá.
Fuente: revista DGT.
UNA REUNIÓN MUY REVELADORA EN BILBAO

Sería el año 2004 o 2005 cuando la Asociación Provincial de Autoescuelas de Vizcaya (APAVI) y adscrita a CNAE, invita a todas las autoescuelas no asociadas de la provincia (seríamos una decena, aproximadamente) y a un buen número de las asociadas a una reunión en su sede de Bilbao. La normativa del permiso por puntos ya estaba prácticamente definida y el que más o el que menos bastante al tanto de la misma y de su pronta entrada en vigor. 

La primera noticia que tuve del carnet por puntos me vino del Reino Unido allá por la década de los ochenta, y también que los camioneros británicos hicieron una huelga bastante seria para evitar su implantación. No lo consiguieron, pero al menos lo intentaron; aquí, nadie hicimos nada, a pesar de ser evidente que los conductores profesionales somos los más amenazados por este tipo de normas, por más que a muchas personas les sorprenda, sin embargo es un hecho que cuantos más kilómetros se hagan más posibilidades hay de ser denunciados por alguna infracción y de perder puntos. 

- Ah, ¿pero cometes infracciones? 
- Pues sí, y más de las que te imaginas me han salvado la vida. Aparte de que también me equivoco, claro.
- Ah, no, yo voy siempre legal, no quiero que me multen.
- Yo tampoco, pero, ¿siempre cumples con todas las normas y señales? 
- Claro.
- Pues perdona, pero no me lo creo. Vamos, nunca he conocido a nadie que siempre respete todas las normas; ni en referencia al tráfico ni en ninguna otra cosa que le afecte en su actividad diaria. Hombre, si conducir -o lo que sea- se hace muy pocas veces... pues igual sí, pero si no es imposible. 

Por supuesto, los conductores profesionales cometemos infracciones; en general y en términos relativos muy pocas, pero en términos absolutos bastantes más que un conductor ocasional o, que aunque conduzca todos los días siempre hace el mismo recorrido de ida y vuelta al trabajo. Así que, cuando en aquella reunión nos hablaron del permiso por puntos y todas las supuestas ventajas que para nosotros iba a suponer, especialmente si los no asociados, por fin, decidíamos formar parte de APAVI (verdadero motivo de la reunión), un servidor, no vio ventajas por ninguna parte y así lo hice saber en cuanto tuve ocasión. Me miraron todos como si fuese un marciano, cosa a la que por cierto ya estaba acostumbrado, me solía pasar en todas las reuniones las convocase o no APAVI.


 

Cuántos kilómetros cantando con Paco Ibáñez... Qué lo disfruten. 

Cuando ya conté lo del Reino Unido y, que para empezar, nosotros seríamos los primeros perjudicados, unos cuantos compañeros coincidían conmigo, pero argumentaban que deberíamos tener más cuidado (no sin razón), y, que aparte de eso, todo lo demás eran ventajas: Por fin, personas con permiso volverían a la autoescuela. Sí, ¿pero con qué actitud? En general muy negativa: irían obligados y la mayoría sintiéndose víctimas de una injusticia o de una pésima mala suerte cuando no de ambas cosas. Mal comienzo para impartir ningún curso, en un principio no resulta nada atrayente trabajar así, a mí no. Además, también quedó claro todo lo siguiente:
  • Cualquier autoescuela no podría ofrecer los cursos.
  • Las que sí pudieran, tendrían que tener acceso e instalaciones aptas para personas discapacitadas, cosa que la inmensa mayoría no teníamos, luego habría que hacer obras.
  • Había que contar con un psicólogo, ¿y qué hacíamos? ¿Un contrato por horas, mercantil...? En todo caso, había que pagarle su trabajo, claro.
  • Tanto el psicólogo como el profesor, necesitaban hacer un curso de formadores (unos 900 euros cuesta ahora), como si no fuese suficiente para ambos con estudiar el programa. 
  • También había que comprar el material didáctico correspondiente.
  • En ocasiones, también habría que contar con una persona que fuese víctima de algún accidente de tráfico y perteneciese a alguna asociación de ese tipo; no tienen ánimo de lucro, pero tampoco estaba nada claro si habría que hacer alguna donación.
Seguro que me dejo cosas en el tintero, además escribo de memoria y sin documentarme por falta de tiempo, pero sin duda, el asunto empezaba a quedar absurda e innecesariamente restringido, y aún quedaba el mayor despropósito de todos: aun cumpliendo todos los requisitos ninguna autoescuela podría impartir los cursos libremente sino enmarcada dentro de alguna asociación que licitase la oportuna concesión administrativa, concesión a la que también podían optar otras empresas, otras asociaciones, clubs de automovilistas... 

Para mí, esta fue la gota que colmó el vaso. Seré muy corto de entendimiento, pero no me cabe en la cabeza que el Estado confíe a las autoescuelas la formación de conductores, que disponga de un reglamento para ordenar su funcionamiento, que supervise nuestra labor con inspecciones regularmente y, oficiosamente, también con los exámenes (una vez por semana, normalmente), que nos obligue a firmar un contrato con el alumno (me parece bien) con cláusulas regladas y modelo publicado en el BOE, también es cierto que existe la posibilidad de pactar y añadir otras condiciones libremente entre el alumno y la escuela, que facilite que se hagan públicos los porcentajes de aptos y no aptos de cada escuela sin tener en cuenta (por lo menos) los datos geográficos, sociológicos y económicos de la población o el barrio en la que está ubicada, no se pueden comparar resultados de aptos entre una escuela de Madrid y otra de Soria, por ejemplo; además, ¿por qué no publican también los resultados de las calificaciones de sus funcionarios examinadores, y las de los profesores de instituto, etcétera? Que nos exijan todo esto para poder enseñar a conducir y luego aparten de un plumazo al 96% de las autoescuelas de los cursos de recuperación de puntos es injusto y absolutamente ilógico, tanto para escuelas como para alumnos, pues a estos también se les priva del derecho de ir a donde quieran. 

Fuente: es.123rf.com 
Los cursos para recuperar los puntos deberían impartirlos exclusivamente las autoescuelas, y con toda libertad. Nadie más. Por la sencilla razón de que nadie está tan cualificado para esta tarea. El sistema de concesiones aquí no tiene sentido, salvo, claro está, como caldo de cultivo de comportamientos corruptos; y desde luego no fue casualidad que naciera así. Otra posibilidad, más teórica que práctica, es que lo hiciese la DGT directamente a través de sus funcionarios examinadores en las distintas jefaturas provinciales, otra cosa sería explicar cómo es que confían en las autoescuelas para enseñar a conducir a una persona que parte de cero, y luego, esa misma persona no puede recuperar puntos en esa misma autoescuela si lo necesita y desea. 

Ya expliqué en la entrada anterior porqué el permiso por puntos no me gusta y, en mi opinión, dicha normativa debería ser derogada. Pero seguramente esto no ocurrirá en mucho tiempo. Hace bastantes semanas que tenía en mente escribir sobre esto porque nunca le había dedicado una entrada, y por aquello de la cifra tan redonda del décimo aniversario, aunque sí expuse mi parecer sobre este asunto en diversos foros, algunos medios de comunicación y aquí mismo en algunos comentarios.

Hace apenas unos días, todos los medios hicieron público el escándalo surgido en la DGT a raíz de una conversación entre la señora Carrera, subdirectora en dicha entidad (ya cesada) y el señor Baez, actual presidente de CNAE. Comportamientos de este tipo con estos u otros protagonistas son muy viejos, y prácticamente, todos los de mi oficio y todos los funcionarios de tráfico lo sabemos. No tengo intención de entrar al trapo en este asunto, porque no es nada nuevo, porque, ya no es sólo que se viese venir, es que nació así, el permiso por puntos llevaba el gen de la corrupción antes de ver la luz; sin embargo, durante toda una década todo fueron alabanzas, vítores y aplausos, sin apenas voces discrepantes. Ahora, de repente, sólo se escucha rasgar de vestiduras haciendo que me duelan los oídos. Detesto formar parte de una turba de linchamiento, es ruin, miserable y cobarde. Me niego. 

Y el señor Baez será lo que se quiera, pero es indudable que jamás hubiese podido hacer lo que hizo sin contar con el apoyo casi unánime de las autoescuelas de toda España y de los distintos gobiernos de la DGT. Ya saben que sostengo que el permiso por puntos fue gestado como un negocio, y agradeceré que se haga justicia, naturalmente, pero esta no se dará mientras no se revise atentamente la gestión de Pere Navarro (dos legislaturas al frente de la DGT) y la del responsable de la increíble Cátedra de Seguridad Vial de la Universidad de Valencia (Luis Montoro) y el INTRAS, instituto de investigación de tránsito íntimamente ligado a ambos

Cuando antes les hablé de la reunión de Bilbao, olvidé decirles que llegué a pensar -visto que estarían los cursos de recuperación de puntos en manos de una minoría de autoescuelas- que sería el suicidio de CNAE. En buena lógica, digo yo, la mayoría de las autoescuelas excluidas (más o menos un 96%) del nuevo mercado creado dejarían de pertenecer a CNAE y esta organización acabaría desapareciendo. Pues no, incomprensiblemente no ocurrió nada de esto. ¿Ustedes lo entienden? Yo tampoco, ni así viva mil años.

martes, 26 de julio de 2016

LAS AUTOESCUELAS Y EL PERMISO POR PUNTOS (1)

AUTOESCUELAS 

No tengo intención de contar la historia de las escuelas de conducción en España, sin embargo creo que es necesario hacer un breve repaso de la misma si de verdad queremos llegar a la raíz de por qué la mayoría de los propietarios de autoescuelas (titulares, se dice en nuestro gremio) y muchos de sus profesores se convirtieron en firmes defensores del permiso por puntos. 

En 1912 se fundó la Autoescuela Barcelona en Bilbao.
En segundo plano se ve la base del monumento al Sagrado Corazón.
Fuente: Autoescuela Barcelona de Bilbao.

El automóvil nace a finales del siglo XIX, llega a España en 1900 y muy pocos años después (1906) abre en Barcelona la primera “Escuela de Chauffeurs”, posteriormente y en el mismo año se crea otra escuela en Madrid. El nuevo invento comienza una rápida e imparable andadura que se extiende por todo el mundo, lo cual es perfectamente lógico ya que da respuesta a una necesidad vital, ancestral y universal del ser humano: disponer de un medio de locomoción autónomo y propio que le permita moverse con libertad a una velocidad notablemente mayor de la que puede lograr con su cuerpo. 

El automóvil se expande con sobresaliente éxito, pero tiene un serio inconveniente: es muy caro. Tanto, que sólo la clase dirigente y política y el estado pueden acceder a él, para el resto es inaccesible, pero queda adherido a sus deseos y a sus sueños.

Casi toda la primera mitad del siglo XX, España vive convulsa y empobrecida, oscura, aislada, analfabeta y bruta, sin que nos falte siquiera una cainita guerra de por medio, de la cual aún quedan supervivientes. A finales de la década de los cincuenta, y contando con la ayuda de Estados Unidos a modo de motor de arranque, España comienza su despegue económico. Y, sí, la ayuda será interesada, como la que también prestó al resto de Europa, pero no por ello dejó de ser francamente útil a toda la mitad occidental de este continente, logrando, entre otras cosas, que aquí empezase a florecer una incipiente clase media que, por fin, podía acceder al automóvil; y en la década de los sesenta y setenta también la clase obrera. 

Desde sus comienzos, alrededor del automóvil surgen oficios y negocios, algunos tan evidentes como mecánicos y talleres; fábricas, seguros, distribuidores y vendedores de combustibles y un largo etcétera que, incluye, cómo no, las autoescuelas; que surgen (ya desde el principio) como una necesidad real y lógica, de forma perfectamente natural. Los seres humanos necesitamos aprenderlo todo, en este caso, a manejar la máquina, a cuidar de ella y aprender también a movernos de forma civilizada y razonablemente segura por los distintos caminos, en los que no estaremos solos, precisamente. Otra cosa es quién se encargue de enseñarnos. ¿Empresas privadas, el estado, ambos de forma mixta? Pero eso es otra cuestión, a la que, a mi modesto entender, he dado respuesta en mi segundo libro: CARNET DE CONDUCIR (HISTORIA PERSONAL Y PROYECTO PÚBLICO). También pueden ver aquí la forma que considero ideal para aprender a conducir.

Por ahora, sólo está disponible
en versión digital y en Amazon
Por estos lares, y entre otras cosas porque la iniciativa privada suele tener reflejos mucho más vivos que la pública, de la formación de los conductores se encargaron las autoescuelas, la gran mayoría pequeñas empresas. Hay excepciones, prácticamente anecdóticas: aprendizaje por libre, y escuelas de automovilismo de la Policía y del Ejército. 

Imagínense cualquier autoescuela de España en 1960. Había muy pocas, y ante ellas un mercado potencial enorme. Como en otros muchos sectores, cuando una persona logra introducirse en ellos y ve un pastel tan grande para tan pocos comensales, es muy fácil que se vea fuertemente tentada a intentar mantener ese estado de cosas el mayor tiempo posible. 

A diferencia de otros gremios, en este se trabaja codo con codo con la administración; con el tiempo surgen intereses mutuos, un profesor puede tener especial empeño en que le apruebe un alumno en concreto alguna que otra vez, y un funcionario examinador y el mismo jefe provincial también tienen hijos, cónyuges, amigos... seguro que ya saben por dónde voy. En ocasiones, algunos colegas y algunos funcionarios se hacen favores de, por decirlo suavemente, dudosa legalidad. En ocasiones, nunca lo he visto pero sí he tenido noticia fidedigna de ello, hay dinero de por medio. Si todo esto puede asomar a nivel puramente particular, creando una asociación de autoescuelas a nivel provincial, y ya no digamos estatal, se forma un grupo de presión que puede obtener importantes beneficios, se permite a los asociados que mantienen la agrupación que den algún bocado al pastel y las mejores y más grandes porciones se las reserva la junta directiva, cuyos miembros, no lo olvidemos, también son propietarios de autoescuelas. Bien, pues básicamente, esto es CNAE (Confederación Nacional de Autoescuelas), cuenta con, lo que podríamos denominar delegaciones en todas las provincias o asociaciones adscritas a ella, en Vizcaya es APAVI (Asociación Provincial de Autoescuelas de Vizcaya), de este modo, CNAE engloba aproximadamente al 90% de las autoescuelas de España. Un dato sumamente significativo del que nunca formé parte.

Un veterano coche de escuela
con el que me encontré en Retro Clásica (Bilbao).
La Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) siempre tuvo como fin absolutamente prioritario mantener lo más cerrado posible el mercado de las escuelas de conductores. No me gusta ser desagradable ni pretendo molestar a nadie, pero permítanme, por favor, un ejemplo grosero porque es muy claro: CNAE ha trabajado constantemente  por mantener lo más cerrado posible un coto privado de caza, donde los cazados son los potenciales alumnos (casi toda la población) y los cazadores los titulares de autoescuelas. Para ello ha ejercido un doble control sobre él de hecho y de derecho en constante persecución de dos fines: que ninguna persona tenga otra salida para obtener su permiso de conducir; y mantener un férreo control, no ya sólo sobre las autoescuelas que quieren ofrecer sus servicios a aquellos, sino también sobre el acceso a la profesión. 

En este, insisto, permanente y prioritario afán, CENAE, curiosamente, siempre contó con ayuda de todos los actores implicados: los potenciales alumnos porque siempre han tenido y tienen la posibilidad de aprender por libre (cosa que sólo hace una muy reducida minoría); los titulares de autoescuelas de forma abrumadoramente mayoritaria porque están convencidos de que mejor se mantienen bajo el cielo protector de CENAE aunque apenas o nunca lo toquen con las yemas de sus dedos; y los profesores que trabajan por cuenta ajena que, de poder elegir, muchos prefieren ejercer en una escuela asociada porque intuyen que así tendrán mayor estabilidad laboral, serán empresas más fuertes con menor riesgo de quiebra, etcétera. Y lo cierto es que todos tienen su parte de razón. 

Era 1986 y D. José Luis Martín Palacín estaba al frente de la DGT cuando
esta organizó el primer congreso de autoescuelas abierto a todos.
Una magnífica idea muy bien acogida por muchos compañeros.
Estuve allí, tengo muy buen recuerdo de aquella iniciativa, y lamento mucho
que nunca más se volviese a repetir, lo que debería haberse hecho cada 2 ó 3 años.
Fuente: HISTORIAS DE LAS AUTOESCUELAS.
Con este poder tan sólidamente cimentado, CNAE se convirtió hace ya bastantes décadas en un poderoso lobby a cuya influencia fueron, por lo menos, significativamente permeables las personas que han ido ocupando los más altos cargos de la DGT, sus entidades homólogas de Euskadi y Cataluña (únicas comunidades autónomas con competencias de tráfico, aunque no todas) y hasta la cúpula del propio Ministerio del Interior pasando, naturalmente, por todas las jefaturas provinciales de tráfico. 

Por toda esta estructura de verdadero poder fáctico, CENAE se ha movido como pez en el agua haciendo y deshaciendo a su antojo, motivada por los intereses personales de sus dirigentes, más teóricamente que otra cosa por los de sus asociados y aún mucho más en teoría por los de la sociedad en general, invocando para ello, cómo no, la mejora de la seguridad vial a través de sus decisiones y propuestas. Siendo esto último, claro está, una simple pero necesaria justificación. 

Este grupo de presión ha tenido y tiene poder suficiente como para vetar a ciertos profesores de modo que no consigan trabajo en ninguna autoescuela asociada de ningún rincón de España (puede haber excepciones), ha firmado convenios colectivos sin ninguna resistencia, ha redactado reglamentos de autoescuela que eran aprobados en Consejo de Ministros sin modificaciones relevantes, ha pactado con las diferentes jefaturas los días en que sus funcionarios no prestarían servicio de exámenes en razón de vacaciones de verano o Navidad incumpliendo el calendario laboral, han logrado retrasar durante meses la concesión de licencias de apertura de escuelas que cumplían todos los requisitos legales... y todo esto no es ni la punta del iceberg. Si contase con detalle todo lo que sé y he visto sobre esto podría escribir un libro con cientos de páginas, o varios, pero creo que es suficiente para que puedan hacerse una idea. 

No se busca el rebaño porque garantice más hierba, sino por miedo a estar fuera.
El miedo sustenta al poder.
Fuente: www.elsiglodetorreon.com.mx
Como es lógico, CNAE nunca hubiese logrado su poder sin contar con la necesaria colaboración de ciertos funcionarios y políticos ni sin el sustento de las autoescuelas asociadas. No obstante, su hegemonía se vio seriamente amenazada, al menos que yo sepa, en dos ocasiones:

La primera, cuando tras conseguir el PSOE la mayoría absoluta en las elecciones de 1982 el nuevo gobierno pone al frente de la DGT a don José Luis Martín Palacín que, entre otras cosas, había sido concejal por el Partido Comunista en el Ayuntamiento de Madrid. Este señor marcaría un antes y un después en la historia de la DGT tomando, de cara a las escuelas de conductores, dos decisiones cruciales: hacer mucho más fácil la creación de nuevas autoescuelas por medio de un reglamento que eliminaba muchos de los absurdos requisitos anteriores y hacerse cargo de los cursos de formación para profesores y directores, hasta entonces en manos de CNAE. Esta le declaró la guerra, y el señor Palacín no estuvo más que una legislatura en la DGT, a pesar de que el PSOE repitió mayoría absoluta en 1986. Estos hechos, lamentablemente, hablan por sí solos del poder de CNAE.

Me pregunto si fuera del rebaño hay lobos de verdad, si son tan fieros como dicen,
si uno no puede disfrazarse también de lobo, si no podemos ser amigos o simplemente
respetarnos, por lo menos. Me pregunto si será tan cierto que, caso
de tener que luchar sea imposible vencer; y, aun así,
¿no es mejor morir libre que vivir sometido?
Fuente: www.ecoticias.com
La segunda seria amenaza a la influencia política de esta asociación vino de la Unión Europea con la Ley Ómnibus (2009) que, básicamente, pretende facilitar la creación de nuevas empresas y la libre competencia. Esta ley, obligó a modificar el Reglamento de Autoescuelas simplificando aun mucho más los requisitos para poder abrir una. Claro que para entonces, el permiso por puntos ya contaba tres años de edad. En un par de días, si Dios quiere, y por no hacer esta entrada excesivamente larga, les seguiré contando cómo veo y vivo este interesante asunto. Gracias.