domingo, 30 de julio de 2017

HOY HACE UN MES, HIZO SEIS AÑOS

Seis años que ha cumplido este blog. Y que no pude celebrar hasta el día siguiente, hará mañana un mes. 

Preparando la ceremonia con la espléndida luz de otro verano.
Hace ya unos cuantos meses que la modesta luz que mantengo encendida en este rincón del universo de Internet a duras penas puedo hacer que alumbre un poco. Nada malo ocurre, a Dios gracias, tan sólo sucede que hay otros asuntos reclamando imperativamente mi tiempo, casi todo, pero en él predominan experiencia y alegría, cosas, que sin duda, tarde o temprano iré vertiendo aquí. 

Todo listo. ¡Va por ustedes!

Llegan días con más tiempo para el descanso, encenderé algunos fósforos más. Hoy quiero dejar constancia de que celebro haberles conocido y que todos los años hago una pequeña ceremonia con mente y corazón puestos en ustedes, asombrado por su atención, y con toda mi gratitud. 
Esteban

domingo, 23 de abril de 2017

SANT JORDI 2017

Apenas si tengo tiempo para escribir estas líneas, y bien que lo siento. Pero cómo no recordar la historia de San Jorge, el Día del Libro, a D. Miguel de Cervantes, vagando por tierras manchegas con su criatura, afanado en el noble empeño de sembrar verdad y justicia. 

Fuente: www.capitaldelasardana.cat
Y cómo no, claro está, esa sardana que bailan flores y letras en Cataluña, en un quijotesco intento de crear un círculo que nunca se cierre, porque abrace al mundo con seriedad, alegría y buenas intenciones. Voto y brindo porque así sea, con todos ustedes y por todos ustedes. 

Esteban

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sábado, 11 de marzo de 2017

MADRID, 11 DE MARZO DE 2004


Cada 11 de marzo mi corazón toma el mando, inevitablemente. Se hace cargo de pedales y volante poniendo rumbo a Madrid. Lleva un coche modesto con un equipaje infinito de respeto, silencio y compasión. Y esperanza, a pesar de todo.


Esteban

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Etiquetas: 11-M, Madrid.

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 DE MARZO

Hay que ser albañiles de un futuro mejor, poner ladrillos cada día, perseverando, para que llegue uno, más allá del cual, sea innecesario dedicar ninguno a darnos cuenta todos, de lo que es obvio. 

Fuente: Diccionario de cerámica.
Esteban 

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sábado, 24 de diciembre de 2016

N A V I D A D 2016

A modo de felicitación navideña, desde este precioso balcón con vista al mar Cantábrico, digno prólogo oceánico desde el que se trazaron infinitos caminos hacia esa tierra de promisión que alberga hospitalaria y amable a gentes de todos los rincones de la tierra. Desde aquí, quiero desearles que tengan, al menos, una buena y clara oportunidad de mejora en todas las facetas de sus vidas, o, al menos, en la que más lo necesiten. Buena, en el mejor sentido de la palabra, tal como nos enseñó Antonio Machado. 

Getxo, Vizcaya.
Así, descubriremos cada cual nuestra particular América, y nuestros brazos serán como esos colosos Atlántico y Pacífico que desde el Nuevo Mundo abrazan al resto. Así, y con nuestras manos tendidas para quienes precisen de ayuda, así, la Navidad recobrará todo su sentido. Y también, como gritaba Rafael Alberti, podremos enterrar en el mar los malvados fantasmas que nos amenazan. 

Les dejo mi gratitud y mi abrazo. ¡Feliz Navidad!
Esteban 

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Etiquetas: Navidad, América, Getxo.


domingo, 20 de noviembre de 2016

DÍA MUNDIAL EN RECUERDO DE LAS VÍCTIMAS DE ACCIDENTES DE TRÁFICO

Hay tantos días mundiales en recuerdo de tantas cosas que es fácil que muchos se nos pasen desapercibidos y no dediquemos ni unos pocos minutos a pensar seriamente en el tema que cada uno de ellos propone, a pesar de que, casi siempre, nadie esté libre de que el asunto en cuestión nos pueda afectar directamente en un momento u otro de nuestra vida. 

Hoy, y por decisión tomada el 26 de octubre de 2005 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, es uno de estos días. 

Sede central de la DYA en Bilbao
Fuente: Wikipedia.
Ni que decir tiene, que llevo toda una vida (y sigo) poniendo mis modestos granos de arena para disminuir el número y gravedad de accidentes en carretera. Dado lo que veo en ella, cada día, y que cualquiera puede observar simplemente con mantener los ojos abiertos cuando sale a la calle, me resulta imposible dejar de preguntarme cuántos verdugos habrá mezclados entre las víctimas. También me pregunto cómo no se dan muchos más accidentes de los que realmente se producen. ¡Cuántos milagros ocurren a diario! 

Me resulta incomprensible que no se investigan los accidentes hasta llegar a las raíces que los provocan; que tantos conductores manejen sin el más elemental cuidado; que tantos peatones crucen distraídamente las calzadas; que tantos ciclistas confíen ciegamente en que los demás les cuiden; que tantos padres dediquen un mínimo esfuerzo para que sus hijos aprendan a conducir, y que les den tan mal ejemplo y les perviertan. 

Tampoco entiendo que tantas asociaciones de víctimas de accidentes de tráfico como existen en España no incluyan en sus plantillas a profesores de formación vial con amplia experiencia contrastada en la doble vertiente de conductores y docentes para enseñar a sus asociados y al público en general cómo sobrevivir en la carretera incidiendo en actitudes y desarrollo de aptitudes en situaciones reales, prácticas, en vía pública y en circuito cerrado. Está muy bien aprender una receta de cocina a nivel puramente intelectual, pero si queremos comer, no basta, hay que cocinar ese plato y lograr, al menos, que sea comestible y no nos envenene. 

Un accidente de tráfico, o siniestro vial, como tantos gustan en denominar ahora, sólo puede ocurrir por dos razones:

Una. Cuando un vehículo, por un lado, y otro vehículo, persona, animal o cosa por otro, intentan el imposible de ocupar un mismo lugar en el espacio.

Dos. Cuando un vehículo se sale de la calzada de la vía por la que circula. 

Usted, y todos, se supone que llevamos los pies en los pedales y las manos en el volante, que miramos hacia adelante hasta donde nos alcanza la vista, que vigilamos frecuentemente atrás y a los lados a través de los espejos retrovisores. Si vamos permanentemente atentos, centrados en la tarea de conducir, vemos y prevenimos cuanto sucede o puede suceder y actuamos en consecuencia nada más percibirlo, ¿qué mal podemos causar o sufrir? ¿Será sumamente improbable que nos pase nada indeseable, no cree? 
Esteban 


jueves, 25 de agosto de 2016

¿POR QUÉ SÓLO IMPORTAN LOS MUERTOS EN CARRETERA?

Uno hojea un periódico, atiende distraídamente las noticias de la radio o de la televisión, y raro es el día en que no percibe un suceso en el que hablan de algún accidente de tráfico, o siniestro vial, si lo prefieren. En los medios de comunicación locales esto se ve o se oye casi a diario, en los de ámbito nacional los fines de semana y los lunes invariablemente. No falla. Y así llevamos... ni sé los años, muchísimos. Demasiados. 

Qué poco imaginaba yo que iba a agradecer (y mucho) haber vivido
 sin televisión hasta los 15 años.
Fuente: www.abc.es

¿Es que en España sólo se puede morir por un atropello, un choque o una salida de la vía? Pues no estaría mal, nada mal; relativamente, claro. Porque, tal como nos hacen parecer que ocurre, quien no salga de casa o lo haga contadas las veces, prácticamente sería inmortal. ¿A qué viene ese incesante desgranar de accidentes, heridos y muertos como si de un parte de guerra se tratase? Así que tantos hablen de la “pacificación” del tráfico. A mí me recuerda la famosa tortura denominada “la gota china”, en este caso útil para romper la resistencia al miedo y abrir una puerta con acceso al subconsciente que alimente el temor a conducir como quien bien cuida de una planta.

Una vez que el miedo a conducir eche raíces, poco a poco y sutilmente nos hará conducir con menos soltura, cometeremos más errores pero a duras penas nos daremos cuenta, creeremos que los demás cada vez conducen peor y que aumentan en número cada vez que salimos a la carretera, y así, nuestro miedo a conducir crecerá alimentándose él solo de nuestros propios sustos e inquietudes. Sustos, que generalmente no son para tanto e inquietudes que difícilmente tienen una justificación razonable; pero hacen mella y nos vuelven más vulnerables a ser denunciados, nos convertimos en un ciervo que sabe que está en un coto de caza. Coto es, en lo que los sucesivos gobiernos han convertido la red de carreteras -sobre todo desde Pere Navarro acá-, con la diferencia de que los ciervos del asfalto aplauden a sus cazadores. ¡Bien! A muchos conductores sólo les falta gritar con alegría: ¡Vivan las cadenas! 

Muchas personas aplauden severas medidas represivas en las carreteras y una presión policial en constante aumento porque, entre otras cosas, la DGT siempre ha sostenido y mantiene, la falacia de que la mayoría de los conductores no infringen ni crean riesgos y sólo un mínimo porcentaje que conducen como salvajes son lo que provocan las tragedias del asfalto. Naturalmente, casi todo el mundo se identifica con el primer grupo, sin querer darse cuenta de que todos somos infractores, y por tanto, todos somos susceptibles de ser denunciados. 

Un agente de tráfico que trate directamente con un infractor a pie de carretera puede discriminar y, conscientemente o no, lo hará la mayoría de las veces, incluso atender razones; pero una máquina no, nunca. Y nos han llenado los caminos de ellas. De ahí, que de unos años acá tantos conductores que tan buen concepto tenían de sí mismos se encontraran con algunas multas que nunca antes habían recibido, así como algunos puntos menos en el saldo de su carnet. ¡Quién les iba a decir que eso de los puntos también iría con ellos! 


Eso nos pasa por hipócritas y cínicos, por negarnos a ver la viga en nuestro ojo y criticar la paja en el ajeno, por tomar la piedra prestos sin reparar en nuestra propia conducta, por negar la evidencia de que todos los que hacemos alguna actividad afectada por una normativa (todas) alguna vez la obviamos. 

No sé de ningún país en el que todos los medios de comunicación hablen sistemáticamente de los accidentes de tráfico. Ni tampoco de que exista una relación tan sumamente fluida como aquí entre el máximo organismo en el control de las carreteras y los medios; una clara relación de amor y odio, dicho sea de paso. Así mismo, es impresentable que se cuestione la política de seguridad vial porque el número de fallecidos en accidentes en un determinado periodo de tiempo, comparados estadísticamente con el equivalente del año anterior, sea mayor; salvo que la diferencia fuese muy considerable. Ni, desde luego, bendecir lo contrario. Mientras que no se investiguen las causas de los accidentes que aumente o no el número de víctimas puede ser algo perfectamente casual, bastaría, por ejemplo, con que hubiese o no un autobús implicado para inclinar la balanza a uno u otro lado. La DGT y los medios se utilizan, manipulan y atacan mutuamente, tan pronto son enemigos como amigos. Así no se pude dirigir una institución con tanta responsabilidad, es imposible llevar un rumbo bien definido si siempre se está buscando el viento favorable y se cambia según role este. 

Esto es un atraco en toda regla.
Fuente: www.lavozdegalicia.es
Luego están los grupos de presión. Los primeros formando parte de la propia estructura del Estado (comunidades autónomas, diputaciones y municipios, tan amigos ellos de ponerse zancadillas mutuamente), fabricantes de automóviles, de bicicletas, de vehículos eléctricos, empresas de transporte de mercancías y viajeros, ecologistas, asociaciones de víctimas de accidentes de tráfico, clubs de automovilistas, patronal de escuelas de conductores (CNAE) y un largo etcétera. Y la DGT, dependiente del Ministerio del Interior y del gobierno de turno, intentando contentar a todos sin conseguirlo. Lógico. Es imposible llevar el timón con tantas manos en él. 

Así pues, la DGT siempre justifica errores y aciertos apelando a un sentimiento y a una fuerte emoción: el miedo. Y el miedo a la muerte se supone que nos afecta a todos. Por eso nos lo muestra y recuerda constantemente. Para reforzarlo, no dudan en utilizar expresiones como: “la sangría del asfalto”, “la tragedia de la carretera”, “el insoportable número de víctimas del tráfico”, “el inaceptable tributo del automóvil”, “violencia vial”, “terrorismo vial”, etcétera. Tampoco les tiembla el pulso a la hora de presentar campañas de publicidad que incluyen fotos y vídeos inequívocamente morbosos siempre que les parece. 

Entre tanto, se deja la formación de conductores bajo mínimos, se permite llevar a niños en moto a partir de siete años, que quien tenga su permiso temporalmente suspendido pueda conducir los días de labor si es que lo precisa para su trabajo, que se puedan llevar motos de hasta 125 cc teniendo tres años de antigüedad con el carnet de coche, por cierto, norma impulsada por Pere Navarro que incrementó las ventas de motos en más de un 600% y, francamente, no puedo evitar preguntarme si también en este caso habría comisiones de por medio. Otra consecuencia, y bien que eran previsibles ambas, fue el incremento de accidentes de estos vehículos en una proporción, no tan elevada, pero sí muy escandalosa. Podría seguir, pero considero que es suficiente. 

Esto sí da seguridad y confianza.
Un agente en cada borde de la carretera en labores de vigilancia.
Fuente: www.hispadiario.com
Inculcándonos el miedo se diluyen argumentos y razones, hacen casi imposible mantener discusiones civilizadas, y allanan el camino de la fe para que nos creamos a pies juntillas cuanto afirman o desmienten: tienes que creerme, lo que digo y hago es por tú seguridad, la de los tuyos y la de todos. No necesitan ya hacer estudios, investigar nada (ingenuo de mí); basta con decir muy enteros lo que quieran que muchos se lo creerían igual, el miedo obra milagros, con la inestimable ayuda de nuestro peculiar carácter patrio, que tan bien conocen y utilizan, y por el que somos capaces de traicionar a nuestra inteligencia sin despeinarnos con tal de oponernos a lo que piensen otros, da igual lo que digan. Ya saben, somos una sociedad muy amiga de polarizarse y de enfrentarse con cualquier excusa, no me basta con poder hacer lo que quiera, los demás han de hacer lo mismo que yo aunque en nada me perjudiquen que actúen de otro modo; un buen ejemplo de esto es la supuesta norma no escrita de utilizar siempre el carril de más a la derecha en una rotonda se vaya a donde se vaya. 

Nos inculcan el miedo para hacernos creer que la carretera y el automóvil son escenario y elemento, respectivamente, de esclavitud y muerte; cuando en realidad lo son de libertad y vida. Esto es lo que al poder le resulta insoportable que sintamos, este es su miedo. Pretende una suerte de castración conforme a la cual actuaremos en los demás ámbitos de la vida y así preservar sus intereses y estatus. Intentan que percibamos la sensación de que sólo se muere en la carretera. ¿Acaso existe alguna actividad humana en la que alguien no fallezca alguna vez? ¿Qué impresión tendríamos de los hospitales si cada semana nos contaran el número de personas que han muerto en ellos ocultando el número total de pacientes ingresados y curados? ¿Saben que en España el número de muertes por suicidio supera en algo más del doble al de accidentes de tráfico? ¿Han oído alguna vez que alguna administración pública dedique un sólo euro a la prevención de estos terribles sucesos nunca accidentales? ¿O a paliar algo, tan siquiera, el tremendo y largo suplicio que sufre quien llega a tomar tan terrible decisión? Yo tampoco. Nos engañan miserablemente, aquí y aquí dejo dos pruebas publicadas por el Instituto Nacional de Estadística, les sugiero que no se las pierdan porque son muy reveladoras. 
Unos datos muy reveladores del Instituto Nacional de Estadística.
Nos inyectan el veneno del miedo pero nos dan el antídoto, todo sea dicho, y es muy fácil (no sé para qué mantienen una ley de tráfico), como un mantra: 
  • Cinturón o casco, según proceda. 
  • Nada de alcohol u otras drogas.
  • Respeta los límites de velocidad. 
Dicho de forma castiza: Átate, no bebas y no corras. 

Y de un tiempo acá están en pleno afán de ampliarlo con otra trilogía: 
  • No lleves un coche que tenga más de 10 años (olvidando que aún estamos en crisis, y lo que resta).
  • No conduzcas si pasas de los 65 años (burda ironía en un país de viejos).
  • No vayas por carreteras secundarias (acaban de descubrir, oh sorpresa, que son más peligrosas que las autopistas, ¿Por qué creen, pues, que se inventaron estas? 
Con todo, lo malo no es que nos mientan y engañen ni que nos crean estúpidos, lo malo de verdad es que la salvación que nos ofrecen es falsa porque es insuficiente. Es necesario más, mucho más. Haré un breve análisis de las soluciones con las que la DGT se lava las manos: 
  • Cinturón o casco. Lo más importante no es que nos salven la vida después de tener un accidente (que lo es), lo más importante es evitar el accidente, hacer todo lo posible por ello y utilizar ambos elementos sólo por si sucede algún imponderable, del que, por muy poco probable que sea nadie estamos libres. Ni tampoco de cometer errores, claro.
  • Alcohol y demás drogas. Es obvio que debemos abstenernos, aunque trabajemos en una oficina, más si estamos cara al público y mucho más aún en un taller o en un andamio. Sin embargo, con qué naturalidad ve casi todo el mundo que tantos jóvenes se pasen el verano de fiesta en fiesta bebiendo como cosacos y sacando chispas a sus móviles. Les creamos las adiciones (o las permitimos) ¿y luego pretendemos que al volante se abstengan? Les estamos pidiendo poco menos que un imposible. 
  • Velocidad. El problema no es superar un determinado límite, el problema es no saber ni sentir cuándo una velocidad deja de ser segura aun dentro de los límites. 
  • Coches y conductores viejos. Los primeros pueden tener 20 años o más y cumplir perfectamente la función para la que fueron creados, ¿que en caso de accidente un modelo equivalente moderno nos protege más? Sí, pero la clave, como siempre, es evitar el accidente; además, dentro de los modelos en el mercado hay una gran dispersión en la protección que ofrecen, por no hablar de tantos modelos de lujo que se ven por la calle con las ruedas casi lisas. En cuanto a las personas, lo importante es tener salud suficiente y estar bien entrenado; ¿que se detecta que alguien ha perdido la salud o conduce mal? Pues habrá que invitarle a esperar a que se cure o a que vuelva a aprender lo necesario, tanto si tiene 20 como 90 años. 
  • Carreteras secundarias. Claro que son menos seguras que una autopista ¡menudo descubrimiento! Pero no tienen más misterio que observar lo que hay (o razonablemente puede haber) y actuar en consecuencia: más inversión de trabajo, concentración, atención y esfuerzo con velocidades medias y máximas necesariamente más bajas. Eso es todo. 
Termino dedicándoles un deseo: que el miedo no les haga conducir y vivir mal (va todo unido) ni les impida crecer. Evitemos que nos conviertan en temerosos esclavos y hacernos adictos a las drogas que nos dan para soportar una vida infrahumana. Así sea.