Hace muchos años que pienso, y lo he revisado muchas veces, que lo ideal para aprender a conducir es hacerlo de forma continuada en escuelas, institutos y universidades. Creo que unos programas bien definidos y adaptados a las distintas etapas de niños, adolescentes y jóvenes, combinando siempre teórica y práctica darían como fruto generaciones de conductores muy bien formados que, además, les permitirían aplicar automáticamente las aptitudes y actitudes desarrolladas durante su práctica a cualquier ámbito de sus vidas. Comenzar a aprender a conducir a los 18 años -o poco antes, en el mejor de los casos- muchas veces es demasiado tarde.
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Si ante hechos que suceden en menos de un segundo logramos mantener estas y otras virtudes, con menor esfuerzo lo haremos disponiendo de más tiempo. Fuente: grupopradinazgo.com |
Es importante tener presente que un buen conductor, necesariamente, desarrolla sentido de la responsabilidad, practica valores como la tolerancia y la solidaridad, ejercita su paciencia, su capacidad de atención, observación y concentración, espíritu de superación, trabajo, esfuerzo, resistencia a la fatiga en el desarrollo continuado de una labor, gusto por la misma, satisfacción por hacerla bien (los resultados se perciben de inmediato); pone a punto y afina el instinto de supervivencia respetando más salud y vida. Aprende a asumir riesgos sopesadamente, a tener preparados mecanismos de respuesta ante situaciones de emergencia que pueden ser muy graves y actuar en ellas con eficacia y calma, extraer sólo lo útil del pasado y olvidar el resto para aplicarlo en un presente casi inexistente porque se transforma en segundos en futuro. Un buen conductor toma gusto y cuidado por el detalle, ve cómo gestos aparentemente insignificantes pueden desembocar en consecuencias buenas o indeseables. Se aprende un lenguaje no verbal basado en la coreografía del movimiento de los demás vehículos y de los peatones, se entrena constantemente en la toma de decisiones en fracciones de segundo, desarrolla su psicomotricidad, iniciativa y capacidad de improvisación; se da cuenta, que en cada recorrido que realice con un automóvil, por corto que sea, siempre se aprende algo, si se va lo bastante atento, de uno mismo y de los demás y que esta capacidad enriquece más el tesoro de su experiencia que una larga cuenta de kilómetros y viajes.
Conducir bien disminuye enormemente el riesgo de accidente y ayuda a vivir mejor.
Conducir bien, templa y forja carácter. Vehículos y tráfico, creo que son elementos pedagógicos nada despreciables. Cuanto he dicho en el segundo párrafo, y alguna cosa más que probablemente haya dejado en el tintero, en mayor o menor medida está latente o despierto en todas las personas, conduzcan o no, pero en la misma medida lo he visto brotar y comenzar a crecer en muchos de mis alumnos comprobando que se daban cuenta y eran más conscientes de su potencial sintiéndose agradablemente sorprendidos por ello.
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También se pueden utilizar los patios de recreo para hacer juegos y deportes con vehículos. Fuente: schoolhousevideos.com |
Conducir bien, permite disfrutar de un modo muy seguro de la realización de un sueño atávico del ser humano desde que reconocemos su existencia como tal sobre la faz de la Tierra: ampliar la muy limitada capacidad de movimiento de nuestro cuerpo de forma autónoma. Lo que lleva a desarrollar nuestro sentido de libertad e independencia personal, a viajar y a moverse por el mundo conociendo otros paisajes y gentes. Amplia horizontes. Pienso que aquí está la raíz de que tantos gobiernos de todo el mundo amplíen leyes represivas con respecto al uso del automóvil -que tanto nos estimulan a comprar- y que, sin embargo, realicen tan miserable inversión en enseñarnos a hacer un buen uso del mismo. Un plan perfecto para asegurar la comisión de infracciones, pero ese es otro tema.
ENSEÑANZA PRIMARIA
Entre tres y cinco años se puede comenzar a enseñar a los niños algunos aspectos del fenómeno del tráfico, en el que, inevitablemente, se verán inmersos toda su vida de diversos modos. Más o menos, en ese rango de edad, la mayoría de los niños comienzan a tener un limitado acceso a vehículos propios: triciclos, bicicletas y hasta pequeñas motos o coches movidos a pedales o con motor eléctrico.
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Un ejemplo perfecto de economía y eficacia en una escuela sueca, ¡en 1943! Hasta 1969 en Suecia se conducía por la izquierda. Fuente: Internet |
La mayoría de las escuelas disponen de un patio de recreo donde se pueden preparar distintos tipos de circuitos urbanos, interurbanos, de habilidad, de carreras... Los niños pueden intercambiar distintos papeles: peatones, conductores (en ocasiones todos con el mismo tipo de vehículo, en otras no), policías, jueces, abogados, fiscales, conductores profesionales, trabajadores de reparación y mantenimiento de vías públicas; mecánicos que, en la medida de sus posibilidades, se responsabilicen del cuidado de las máquinas.
Los patios pueden utilizarse también los fines de semana, y algunos de estos días realizar excursiones en grupo por carriles para bicicletas de las localidades en las que vivan. En la preparación de estas salidas podrían participar todos, o formar equipos con ese fin que se alternen la tarea; todo, como una iniciación al viaje que además les permita conocer mejor su ciudad.
En la última etapa de esta fase sería conveniente que entrasen en contacto con los karts, tanto de pedales -con estos se puede empezar antes- como de motor, puesto que ellos han crecido, en todos los sentidos, las prestaciones de los vehículos también deben aumentar, y, al menos, aunque espaciado en el tiempo pero de un modo regular, comenzar a manejar coches de verdad, de autoescuela, con doble mando y profesor a su cargo, en principio, sólo en circuito cerrado, aunque no descartaría completamente la posibilidad de hacerlo también en vía pública a modo de introducción. En todo caso, desde el comienzo de la enseñanza y hasta la obtención del permiso de conducir, mantendría la bicicleta como vehículo base y constante.
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Hay karts de pedales hasta para adultos. Fuente: impressivemagazini.com |
Todo esto, se puede complementar con algunas visitas a museos de automóviles, fabricantes de coches, talleres, circuitos, carreras, exposiciones de automóviles de todo tipo, etcétera. En esta etapa también se podría comenzar a utilizar simuladores de conducción, pero no me parece imprescindible y encarecería el precio, mejor en la siguiente.
ENSEÑANZA SECUNDARIA Y FORMACIÓN PROFESIONAL
Aunque también en la anterior es posible, en esta etapa se puede establecer una mayor y más sólida relación entre distintos aspectos del automóvil y las distintas asignaturas propias de la misma. Todos sabemos, por ejemplo, de la íntima relación que existe entre las asignaturas de Matemáticas, Física y Química, y vehículos de motor. Pero no sólo de ciencia vive el hombre, también el mundo del automóvil tiene su espacio en arte, literatura, historia, cine y otras áreas. Sin duda, el mundo sería muy diferente de como lo conocemos si no existiera este invento.
La estructura que planteo para la enseñanza primaria es perfectamente válida en esta y, como ya han visto se basa en cuatro pilares: enseñar regularmente, enseñar sistemáticamente, enseñar teoría y práctica. Tan solo hay que aumentar el caudal de conocimiento a transmitir, emplear más los karts de motor, incrementar el uso de la bicicleta y las excursiones con ella, comenzar a trabajar con simuladores de conducción y, como máximo con 15 años, empezar a trabajar con coches de autoescuela tanto en circuito cerrado como en vía pública. En estas, ya se pueden plantear viajes en toda regla de corta y media distancia. En circuito cerrado, una vez por año entre los 15 y los 18, al menos se pueden practicar los que ahora se suelen denominar cursos de perfeccionamiento básico pero que incluyen prácticas de frenadas de emergencia en seco y mojado con y sin esquiva.
En principio, un alumno con 16 años estaría bastante mejor preparado para conducir solo que los que actualmente obtienen el carnet con 18 años o más; sin embargo, legalmente no podría hacerlo y me parece bien, pero cuenta con la ventaja de disponer de dos años de prácticas en carretera para acumular experiencia del modo más seguro posible: con un coche con doble mando y un profesor al lado practicando en todo tipo de circunstancias, viajes nocturnos incluidos. Dos años parecen mucho tiempo, pero el alumno no sólo está aprendiendo a conducir y las prácticas en vía pública tampoco se harían todos los días sino cada dos semanas, por ejemplo.
Cumplidos los 18 años o un poco antes, cada alumno podría acudir a la autoescuela que desee para obtener su permiso de conducir, y ahora sí que, prácticamente, sería un puro trámite porque ya sabe conducir de verdad.
ENSEÑANZA UNIVERSITARIA
Para los jóvenes que lleguen a la universidad, normalmente ya con su permiso de conducir y habiendo pasado las etapas anteriores, se puede disponer de algunas clases teóricas, entrenamiento con simuladores, y reducir las prácticas con los coches de autoescuela a la realización de algunos viajes largos, y en circuito cerrado hacer cursos de perfeccionamiento más avanzados, uno por año sería suficiente.
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Aprender a conducir es duro muchas veces, pero siempre puede ser muy satisfactorio y agradable. Fuente: www.lavozdigital.es |
En esta última etapa, algunos alumnos conducirían por su cuenta y no estaría mal que dispusieran de un tutor para cuando lo necesiten, también se pueden preparar cursos ad hoc en casos de accidentes o infracciones graves.
CAMPAMENTOS DE VERANO
En las tres etapas y en cada curso, pienso que sería muy interesante realizar campamentos de verano, de al menos una semana, en un circuito, habilitando en el mismo aseos, cocina, comedor y zona para dormir, lo que podría hacerse en tiendas de campaña. Algo así como los cursos de “inmersión lingüística” pero con otro objeto.
NOTA
Aún me falta hablar sobre personal docente financiación y exámenes, pero las ideas básicas y más importantes, las ventajas obtenidas si se llevasen a cabo, tanto para el individuo como para la sociedad, creo que están recogidas aquí. Cuentan con la ventaja añadida de que para realizarlas no se precisa de cambios legislativos, al menos en cuanto a lo que respecta a la Ley de Tráfico y sus reglamentos; aunque pueda sonar un tanto extraño, lo cierto es que una persona no puede ir ni a examen de teórica sin haber cumplido 18 años, pero no hay establecida ninguna edad para aprender a conducir, basta con que su estatura le permita manejar los mandos del coche y lo haga con uno de autoescuela y con un profesor, o por libre con un coche particular pero también con doble mando y una persona que se responsabilice del mismo. Sin embargo, sí será necesario hacer algunos cambios, quizá solamente administrativos, para enseñar a conducir en escuelas, institutos y universidades; las competencias en materia educativa corresponden a las comunidades autónomas, pero, financiación a parte, debería ser muy factible. Además, que yo sepa, la primera que se animase a ello sería pionera en el mundo.
Esteban