El pasado 28 de julio publiqué una entrada titulada “Vacaciones de verano” y hace unos días, uno de los contenidos que encontré ("¡Vámonos de viaje en coche!") en una página de Facebook que visito habitualmente (MOVENTO) me inspiró esta, pues pensando en lo que decían (y que comparto) se me ocurrieron un par de cosas que creo que nunca he comentado ni el blog ni en la radio, a pesar de tenerlas muy presentes y hablar de ellas en las clases de teórica.
A modo de complemento las escribí en un comentario para la citada información de la mencionada página y he decido copiarlas aquí -un poco ampliadas- porque, en lo que yo sé, son muy poco conocidas y las puede aplicar quien lo desee de forma inmediata y muy fácilmente. Decía lo siguiente:
Muchas gracias por los consejos, pues aunque sean cosas muy elementales, nunca sobran, ya que cada vez hay más conductores que incluso tras años de utilizar coches, jamás han abierto el capó del motor. Conozco varios casos, entre ellos dos amigos y, contrariamente a lo que en un principio nuestros prejuicios nos hacen pensar, todos hombres.
Claro, que esto de evitar abrir el capó del motor es algo que de un modo u otro todos los fabricantes de coches propician y potencian en beneficio propio y de sus concesionarios para que pasemos por estos como corderos hasta para añadir agua al depósito del limpiaparabrisas, con la pretensión de hacernos totalmente dependientes de sus servicios. También he observado que esta “política” comercial está siendo copiada por algunos talleres independientes. Pero bueno, esto es otra historia, que la crisis está cambiando algo.
Claro, que esto de evitar abrir el capó del motor es algo que de un modo u otro todos los fabricantes de coches propician y potencian en beneficio propio y de sus concesionarios para que pasemos por estos como corderos hasta para añadir agua al depósito del limpiaparabrisas, con la pretensión de hacernos totalmente dependientes de sus servicios. También he observado que esta “política” comercial está siendo copiada por algunos talleres independientes. Pero bueno, esto es otra historia, que la crisis está cambiando algo.
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| Fuente: monaguillosdelaasuncion.files.wordpress.com |
Así, a vuela pluma, se me ocurren tres cosas, que suelen tenerse muy poco, o nada, en cuenta.
1. El coche siempre debe estar en buen estado y perfectamente operativo. Nunca sabemos cuándo vamos a vernos en una situación crítica. Puede ser muy cerca de nuestra casa, cuando nos disponemos a hacer un trayecto corto y habitual. O regresamos del mismo.
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| En muy pocos minutos, podemos encontrar una calzada así. Fuente: diarioclubsantjoan.com |
2. Si nos encontramos con una tormenta de verano con granizo, no está de más que la persona que nos acompaña a nuestra derecha coloque las yemas de los dedos de sus manos en el parabrisas con el fin de que absorban parte de la vibración que las bolas de hielo generan en el vidrio haciendo algo más difícil que éste se resquebraje o rompa. En estos casos, también sucede que el ruido que provoca el granizo sobre la carrocería es ensordecedor y genera bastante angustia, dando hasta ganas de agacharse e incluso esconder o encoger la cabeza, pues parece que las bolas de hielo pueden darnos de lleno en ella, por lo que es muy importante abstraerse al máximo del mismo para no perder la concentración, y buscar refugio -si se puede- bajo el tejado de una gasolinera próxima, por ejemplo, esperando a que escampe, lo que suele ocurrir en poco tiempo. Por otra parte, si hay rayos, casi todo el mundo sabe que un coche es un lugar muy seguro para protegernos de ellos, pero a condición de que ventanillas y puertas estén completamente cerradas, estas ya lo estarán (si estamos con el coche en marcha) pero aquellas no siempre. Y si el coche es un lugar seguro respecto a los rayos, no es porque los neumáticos hagan de aislante -como tantas veces se ha dicho-, sino porque el coche en sí hace el efecto de “campana de Faraday”. También conviene apagar la radio, se puede dañar.
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| Lluvia de meteoritos en un minúsculo universo. Fuente: www.ellitoral.com |
3. Si se viaja en pareja, y los asientos traseros están vacíos pero el maletero a tope, conviene enganchar los cinturones de seguridad traseros en sus anclajes, de ese modo, en caso de accidente (no lo quiera la Virgen, como dice Sabina) es bastante más improbable que los respaldos traseros se rompan y la carga invada el habitáculo. Si en los asientos traseros llevamos equipaje, también es importante utilizar los cinturones para que no se mueva de su sitio ni pueda golpearnos aunque sólo sea a consecuencia de una frenada fuerte. Es importante ser conscientes de que un objeto situado en la bandeja trasera, por ejemplo, puede recorrer todo el espacio que hay hasta el salpicadero muy rápidamente en caso de una frenada fuerte o de emergencia; de impactar con alguna persona le puede hacer un daño considerable, pero aunque esto no ocurriese, el susto que provoca, de por sí, ya crea una situación de peligro importante.
Imaginen y piensen. Plantearse problemas implica la búsqueda de soluciones; ponerse en lo peor es el comienzo del camino para evitarlo.
Esteban








