sábado, 26 de octubre de 2013

CONDUCCIÓN NOCTURNA EN CARRETERA (4)

Seguimos en autopista, las farolas están apagadas o no existen, como es de noche, vamos con luz larga. Debemos cambiar a corta en cuanto apreciemos la posibilidad de deslumbrar a otro usuario que, en estas carreteras -salvo situaciones muy excepcionales- siempre serán conductores de otros automóviles. ¿Cuándo es posible que deslumbremos a los conductores que circulan por la calzada del sentido contrario o delante de nosotros? He ahí la cuestión. Y, me temo, que no encontraré respuesta al estilo dos y dos son cuatro.

Ahí está: ¡Monflorite!
Fue "un lugar llamado milagro",  pero desapareció como tal.
Fue mi lugar en el mundo, pero lo perdí.
Aquí iba y venía casi siempre de noche, pero jamás volveré.
Personalmente y en general, no me molesta que el que venga por la calzada del sentido contrario lo haga con la luz larga, si acaso, le aviso con uno o dos destellos de largas (ráfagas) y si no cambia, no insisto; normalmente es inútil y sólo sirve para restarme atención de lo que puedo tener en mi camino, así que bajo un poco la vista (muy poco), la fijo más en la línea de la derecha que tengo al lado, si hace falta levanto un poco el pie, y en paz.

Pero lo dicho, a veces, puede coincidir bastante mal. Por ejemplo, cuando la mediana es una cuneta con dos guardarraíles que rondará el metro de anchura, estoy en una curva a izquierda con cambio de rasante (bastante frecuente por estos pagos), me encuentro en el carril izquierdo adelantando a un trailer y el coche del sentido contrario también circula por su carril izquierdo, es decir, lo más cerca posible ambos. Aquí, me aguanto, no hay tiempo a darle ráfaga ni a que el otro cambie su luz, por rápidos que anduviésemos, ya nos habríamos cruzado. Así que vuelvo a bajar un poco la vista mirando más a la derecha y de reojo al guardarraíl. Sin cambiar la trayectoria. Con temple, lo mencioné en la primera entrada de la serie, seguro que lo recuerdan.

De la situación anterior, sólo se puede salir con bien de dos formas: Por un milagro, o por un buen hábito. Este hábito hay que comenzar a trabajarlo desde el primer día en que se comienza a aprender a conducir y mantenerlo siempre a punto. Consiste en trabajar nuestra trayectoria con el máximo rigor y con una exquisita precisión. Debemos ser conscientes de que conduciendo no hay presente, se vive a futuro; no importa dónde estamos sino a dónde vamos, el espacio que vamos a ocupar. Ese espacio ahí delante, lo ocuparemos en unos pocos segundos o en fracciones de un segundo. ¡Hay que tomarle la medida antes!


La calidad de la grabación dista mucho de ser la que me gustaría, lo siento. 
Pero no pude disponer de otra cámara. El audio mejora mucho utilizando auriculares.
Quizá en algunos dispositivos no se pueda ver el vídeo, si es así:
http://youtu.be/Ts8INN2HZSY  

En el caso del adelantamiento comentado, yo debo tomar la medida del espacio entre el camión y la mediana, y trazar la trayectoria (en principio equidistante, aquí ciñendo un poco a la izquierda, la valla no se mueve), antes de dejar el carril derecho. El obstáculo se ve con antelación, si hay hueco y se puede utilizar el carril que voy a ocupar (está libre, no puedo molestar a nadie...), mi atención estará en el hueco, antes de llegar a él; y fuera de él cuando voy a entrar. Es como jugar a los bolos pero al revés.

Todos ustedes habrán observado, en cualquier calle de cualquier población, cómo, en una de ellas de sentido único, con un solo carril -más o menos ancho- hay un coche en doble fila, pero que permite pasar. Si se fijan, verán que muy pocos conductores toman la medida en cuanto lo ven y pasan sin problemas. La mayoría, se separan tarde del que está mal estacionado y pasan con dificultad, haciendo maniobra, y a veces, ni por esas. Pues es lo mismo, y la velocidad... ¿15, 20 km/h? Bastante menos, seguramente. Ahora imagínense a esos conductores adelantando, aunque sea en recto, de día y seco en autopista a 100 km/h. 

Obsérvese lo bien que se ve al ciclista gracias al color de su ropa.
Si vistiese de oscuro, prácticamente, sería invisible.
Podemos aprovechar la autopista para ir observando a qué distancia, aproximadamente, nos puede molestar algo la luz larga del que viene de frente. Teniendo en cuenta que en carretera con una sola calzada y un carril por sentido estaríamos más próximos, lateralmente, bastaría con dejar algo más de espacio hasta cruzarnos para hacer el cambio a corta y no molestar. Si nos equivocamos, el que viene de frente nos avisará enseguida, corregimos de inmediato, tomamos nota para la próxima y listo.

En autopista, hay que tener más cuidado con los conductores de camiones y autobuses. Aunque vengan por la calzada del sentido contrario, al ir sentados bastante más altos que en un turismo, les molestamos antes. Algunos de ellos conducen toda la noche, transportan hasta nuestra comida, conviene tenerlos en consideración.

Cuando nos encontramos a otro vehículo delante, también podemos molestarle con nuestra luz de carretera, pero bastante menos. El retrovisor interior tiene una pestaña que al moverla hace variar la inclinación del espejo (esto es automático en algunos coches) y por él ya no se deslumbra; por el espejo exterior derecho es muy raro molestar, y por el izquierdo es difícil acercarnos tanto como para molestar sin darnos cuenta de que lo hacemos. Aquí, también podemos orientarnos observando a qué distancias nos resulta a nosotros molesto.

Cuando me deslumbran por ese espejo, pongo la mano así.
Nunca se debe cambiar la posición del espejo.
Todos esto siempre es muy relativo, cuando una persona ha conducido poco de noche, normalmente le molesta todo; cree que otros van con larga cuando realmente no van, cuando el que le sigue pasa un bache o una ondulación del asfalto cree que le está dando destellos... También influye mucho el terreno, que la autopista tenga rectas largas y llanas o todo lo contrario... No hay más remedio que aplicar la técnica del ensayo-error, y ser conservadores, ante la duda, mejor cambiar nuestra luz pronto que tarde; si en algún momento queremos ver algo más, por si acaso, parece que ahí... y todavía no nos hemos cruzado ni acercado al otro, siempre podemos dar un destello manteniendo unas fracciones de segundo la palanca para asegurarnos de que no hay nada en ese espacio.

En cualquier carretera, si nos adelantan cuando vamos con larga, es muy importante cambiar a corta cuando el que está haciendo la maniobra nos comienza a rebasar. De este modo, él se ayuda con nuestra larga y no le obligamos a poner la suya y deslumbrarnos.

Dejo la autopista, vamos a las carreteras convencionales con solo dos carriles, uno por sentido y sin más luces que las de los vehículos que circulen por ellas.

 
Los ojos perciben un grado de oscuridad significativamente menor
que el objetivo de la cámara. Se ve sensiblemente mejor de lo que parece.
En el minuto 06:05 se ve un gato que se cruza en mi trayectoria

Quizá en algunos dispositivos no se pueda ver el vídeo, si es así:
 http://youtu.be/DrL75qp0mvg


En estas vías, ya se acumula el trabajo, los cambios de luces son mucho más frecuentes y obligan a que andemos muy ágiles con ellos. Claro, que nuestra actividad será más o menos alta en función de que el trazado sea más o menos sinuoso.

La primera parte de la carretera del vídeo durante el día.
Curiosamente, en las carreteras retorcidas es más fácil utilizar bien las luces. Antes de cada curva y cambio de rasante, luz de cruce; como las rectas son cortas, no ya cuando se vea a alguien de frente, sino cuando sabemos de su presencia (porque su luz la vemos antes que al vehículo), luz de cruce de nuevo. Y en cuanto tenemos a otro delante, lo mismo.

En carreteras de Castilla, La Mancha, valle del Ebro... Hay rectas enormes, que a veces se interrumpen con sorprendentes curvas o cambios de rasante, ¡ojo! En ellas, podemos tener un coche a vista que, en realidad, aún está muy lejos y al que no podemos molestar con la larga, pero es difícil saberlo porque no tenemos referencias entre ese vehículo y el terreno circundante, razón, por la que tampoco podemos calcular su velocidad con respecto a la nuestra. Aquí, es fácil equivocarse; pero bueno, si quitamos la larga en un primer momento y en unos instantes parece que todo sigue como estaba, podemos volver a darla. Esto lo podemos repetir varias veces; en realidad, es difícil equivocarnos tanto como para llegar a deslumbrar. Quizá le podamos molestar, si nos asalta la duda, pues volvemos a corta; o, tal vez el otro conductor nos avise dándonos un destello, pues corta de inmediato. Y a tomar otra nota.

Por esta zona fue donde salió el gato.
Detrás de los árboles de la derecha está el polideportivo de Artxanda
Este “juego de luces”, más que llegar a provocar verdadero deslumbramiento a nadie, lo que puede generar es que nos quite demasiada atención del espacio más próximo, que dejemos de observar menos el borde derecho y que nos cueste alguna ligera pérdida de trayectoria, incluso no ver alguna señal, bache... o algún animal. Es muy importante repartir bien la atención y evitar obsesionarse con un único posible riesgo. En carreteras convencionales, sobre todo, lo que empleo mucho es la posición de destellos o ráfagas de la palanca de luces... unos instantes y frecuentemente.

Esteban

miércoles, 23 de octubre de 2013

CONDUCCIÓN NOCTURNA EN CARRETERA (3)

Plantearse la posibilidad de hacer un viaje muy largo durante la noche, requiere meditarlo muy seriamente. Ese margen de entre unos 400 a 1.000 km que di para definirlo, es muy amplio, ciertamente; pero también lo es que, de noche, andar “tan sólo” 25 km más sobre lo que nuestra mente y cuerpo puede tolerar en un momento dado, es una auténtica tortura que quizá no soportemos y nos lleve al accidente. 

Fuente: 1sombraenlaoscuridad.com
Accidente, por otra parte, muy fácil de evitar: en cuanto observemos que nos puede resultar difícil mantener el coche en el carril, sólo hay una decisión que nos puede salvar con toda seguridad: Parar. En cuanto la tomemos, enseguida encontraremos un lugar seguro para poder hacerlo: tomando una próxima salida, área se servicio o de descanso, lo que antes aparezca. 

Es muy posible, que usted, amable lector, no vea motivos para seguir leyendo esta entrada porque piense -con mucha lógica- que nunca se va a plantear hacer un viaje muy largo de noche. En realidad, ¿qué sentido tiene? Es difícil encontrar razones que lo justifiquen, excepto para conductores profesionales o por motivos de trabajo, pero estos ya estarán suficientemente entrenados, aunque siempre hay una primera vez para todo.

También puede ocurrir, que debido a algún acontecimiento extraordinario, generalmente grave y muy personal, uno se vea abocado a ello. Mal asunto, en este caso, en el que convendría explorar todas las posibilidades para evitar conducir. Pero es más fácil, que sin darse hechos dramáticos, una persona que se planteó un viaje de 800 km, por ejemplo, totalmente de día, debido a circunstancias del tráfico, metereológicas, obras, etcétera, se encuentre a 200 km de su destino siendo ya completamente de noche. De acuerdo, no es como hacer los 800 km en las horas de oscuridad, pero para el caso, parecido, porque llevamos cansancio acumulado y el estrés del imprevisto retraso. Esto puede pasar por muy cuidadosos que hayamos sido en la preparación del viaje.

Un viejo compañero en muchas decenas de miles de kilómetros.
Al otro lado de esa frontera nunca me perdí. En Francia, las señales de orientación
cumplen su función. Estoy muy agradecido a los vecinos del norte, han salvado
mi autoestima. Aquí, llegué a pensar seriamente que era más tonto de lo que creía.
Hablando de preparación, los viajes deben planificarse. Todos. Cortos y largos, más  estos últimos, más si los hacemos de noche, y todavía con más empeño si los realizamos en otoño e invierno. Aun disponiendo de GPS, conviene familiarizarse con los mapas de carreteras y llevar uno con nosotros en el coche; el GPS puede fallar, el mapa no, y siempre nos da una visión de conjunto más amplia que la pantalla del famoso aparato.

Durante la noche, conviene tener muy presente dónde vamos a parar y, sobre todo, dónde vamos a repostar combustible si es necesario. Incluso en las rutas principales hay muy pocas gasolineras abiertas durante toda la noche y los horarios de cierre son muy diversos: unas lo hacen a las 22, otras a las 23, alguna a medianoche... Cuidado. Es muy angustioso ver cómo baja el nivel de combustible y no tener ni idea de dónde podremos comprarlo. Salvo que estemos plenamente seguros de poder llegar a destino con lo que tenemos en el depósito holgadamente, cuando la aguja se acerque o llegue al último tercio de su recorrido hay que tomar la decisión de parar en la próxima gasolinera que encontremos.

Uno de tantos croquis que hice, este es el que más utilicé.
Daba mucho rodeo, pero evitaba los larguísimos atascos de la nacional sentido Santander
cuando la autopista terminaba en el barrio baracaldés de Cruces.
No hace tantos años, cuando todavía eran pocos los coches que llevaban aire acondicionado, en verano, algunos (entre los que me cuento) hacíamos los largos recorridos de noche para evitar el calor del día. Otra ventaja indiscutible de la noche es que hay mucho menos tráfico; desde luego, yo prefiero conducir lo más solo posible. Cuantos menos factores externos a controlar, más independencia y más seguridad; si algo malo me pasa dependerá de mí, de que se cruce algún animal en mi camino o de que me caiga un meteorito, cosa esta última, altamente improbable, pero recuerdo un caso que se dio cerca de Madrid, el conductor y único ocupante resultó ileso, evitó chocar con otros vehículos y salirse de la vía, lo que tiene muchísimo mérito, pero el coche resultó bastante dañado.

En los viajes largos de noche, estos lugares son un pequeño oasis de luz
que acompaña, mitiga la soledad y se agradece.
Fuente: www.abc.es
En todos estos viajes, cortos y largos, mi mente sigue en la autopista, pero hay otros automóviles y ya es hora de ver qué hacemos con las luces.

La normativa que regula la utilización de las luces de alumbrado es bastante sencilla y creo que la conocen todos los conductores, no obstante, lo recordaré brevemente:

Luz de largo alcance o de carretera. 
Comúnmente conocida como “largas” o “larga”. 
Es obligatoria durante la noche, circulando a más de 40 km/h (a 40 o menos, se puede) en todas las vías interurbanas insuficientemente iluminadas (la mayoría y en su mayor parte). En las interurbanas suficientemente iluminadas, se puede utilizar pero no es obligatorio.

En estas carreteras y durante el día, se puede utilizar si las condiciones metereológicas o ambientales reducen sensiblemente la visibilidad, en estos casos pueden no servir de nada o hasta ser contraproducentes, es cuestión de pensarlo y probar, pero no está prohibido.

También se pueden utilizar durante el día en túneles, pasos inferiores y tramos de vía afectados por la señal de túnel insuficientemente iluminados.

Dentro de poblado, está prohibido en todo caso. Se pueden utilizar destellos, en sustitución de la bocina o junto con ella para advertir de algún peligro. 
También está prohibido utilizarla siempre que estemos parados y estacionados.

Luz corta abajo y larga arriba.
Se puede apreciar una notable y, seguramente, vital diferencia.
Imagínense que en el carril izquierdo se interpone un coche de los ciervos acá,
si estos cruzan... Sería casi imposible evitar el accidente.
Fuente: mektronikar.blogspot.com

Luz de corto alcance o cruce.
También conocida como “cortas” o “corta”.
Siendo de noche, es obligatoria en todos los demás casos; vías de poblado suficientemente iluminadas incluidas. De día, también es obligatoria cuando disminuye sensiblemente la visibilidad por causas metereológicas o ambientales; y también al pasar por túneles, los tramos comprendidos entre su señal y en los pasos inferiores.

Resumiendo:

La larga es para carretera, fuera de poblado. Con carretera bien iluminada, se puede. Con poca o nula iluminación, es obligatorio.

La corta para todo lo demás. Y, aun en condiciones normales, de día, muy aconsejable en carretera. Es la luz mínima a utilizar siempre que resulte necesario por la razón que sea.

En poblado durante el día y con buena luz, la corta puede parecer totalmente innecesaria, sin embargo... puede haber zonas en sombra, arboladas, intersecciones sin visibilidad, coches que salen de garajes, ciclistas que van rápido, muchas personas con gafas de sol... Y ser muy útil. Desde luego, siempre es un plus de seguridad porque facilita ser visto. Yo en ciudad no la uso sistemáticamente durante el día, sino dependiendo de las condiciones que mencionaba antes y cuando el sol está bajo y nos puede deslumbrar. En carretera, de día, sí que la uso siempre.

Luces diurnas, obligatorias en los coches nuevos desde febrero de 2011
Desde luego, consumen mucha menos energía pero no aprecio que sean más eficaces
que las de corto alcance, y estéticamente no me gustan nada.
Fuente: blogs.km77.com/arturoandres
Por cierto, las luces “de día” o “luces diurnas”, que ahora llevan tantos coches, sustituyen a la corta para el uso que acabo de mencionar. Pero, cuidado, NO sirven para sustituir a las de posición ni a las de corto alcance cuando cualquiera de estas son obligatorias. De hecho, en los coches que las llevan, se encienden automáticamente en cuanto se arranca el motor, pero sólo en la parte delantera.

Otra cosa que conviene tener en cuenta es que, los coches que tienen encendido automático de faros, estos se encienden (posición y cruce) cuando un sensor detecta baja luminosidad. Bien, pero a la hora de pasar un túnel, por ejemplo, normalmente, encontramos la señal que nos avisa del mismo unas decenas de metros antes y en ese espacio hasta adentrarnos en el túnel (donde se encenderían automáticamente), es obligatorio utilizarlas y vamos con ellas apagadas; lo mismo ocurre al salir del túnel. Es decir, la obligación de usar cortas, afecta al tramo comprendido entre señales, luego debemos conectarlas y desconectarlas en manual para cumplir con ella. 

Para el cambio de luces, esta es la disposición que más me gusta:
Larga fija hacia el salpicadero y destellos hacia uno. Así, cuando se dan destellos,
es imposible que la larga quede conectada por error.
Aun cuando estemos obligados a utilizar la luz larga, debemos sustituirla por la corta en cuanto apreciemos la posibilidad de deslumbrar a otros usuarios. Otros usuarios, no solamente son el conductor del coche que viene de frente y el del coche que tengo delante, también lo son peatones y ciclistas. Incluso conviene considerar como usuarios a los animales, puede sorprendernos su reacción cuando son deslumbrados, algunos, se quedan inmóviles en el lugar menos indicado.

En la próxima entrada, si Dios quiere, hablaré de los cambios de luces, cómo soportar el deslumbramiento y evitar causarlo.

Muchísimas gracias por su atención.

Esteban

domingo, 20 de octubre de 2013

CONDUCCIÓN NOCTURNA EN CARRETERA (2)

Se pueden hacer viajes largos de noche con el fin de visitar a parientes y amigos en nuestra ciudad de origen, practicar algún deporte, acudir a algún evento relacionado con nuestras aficiones, turismo, ofrecernos un par de jornadas de relax en uno de esos hoteles que ahora se denominan “con encanto” y mil razones más. 

Y sinrazones. Tan estúpidamente supinas y peregrinas, tan potencialmente suicidas y homicidas como decidir ir a desayunar a Salamanca bien entrada la madrugada y estando por Bilbao “de fiesta”. He conocido casos, es más, hasta me invitaron en alguna ocasión. De éstas, he llegado a saber de distintas variantes y rutas: Bilbao-Logroño, Bilbao-Santander, Bilbao-Burgos; Salamanca-Zamora, Salamanca-Ávila, Salamanca-León... Recorridos de entre unos 100 y 400 km, sólo ida, sólo “para desayunar”, para tomar “la espuela”, “¿a que no hay... narices (vamos a decir) de ir a Pamplona a tomar la última?”, “¿no va a haber?” En ocasiones, quien llegase el último tenía que pagar, y les importaba poco el dinero, pero se esforzaban mucho en evitar ese pago.

Fuente: bardemoe.blogspot.com
Nunca participé en esas mencionadas locuras e intenté (en vano) que quienes me invitaron hiciesen lo mismo; los casos que conocí sucedieron en la década de los 80, y, siempre, protagonizados por hombres de entre unos 35 a 45 años, vamos, que no eran chavales, precisamente. Todos, clase media, la mayoría casados y con hijos. Respetables hombres de negocios que, milagrosamente, ni sufrieron ni causaron accidentes en aquellos raids. 

Cuando hablé de la circulación urbana durante la noche, dejé en el tintero la frecuente utilización del coche con el fin de ir a cenar con familiares, amigos, compañeros de trabajo... O simplemente quedar con otras personas para tomar unos vinos, cervezas, sidra, pinchos, tapas... charlar un rato, vernos, celebrar mil cosas, hacer negocios, finalizar y rematar asuntos de trabajo, etcétera. Nada que objetar, todos necesitamos de estos tiempos de cuando en cuando, somos humanos y estamos hechos para vivir en sociedad. Pero en estas reuniones se suele beber alcohol y después conducimos hasta nuestra casa (está tan cerca... conocemos tan bien el camino...).

Se suman otros dos amigos y la más estúpida propuesta prende la chispa.
Aquí hay más peligro que en la juventud.
Fuente: www.infodoctor.org
El alcohol desinhibe y provoca euforia enseguida. Su consumo suele estar asociado a la noche, aunque muchos mediodías también, sobre todo en viernes. Todos sabemos que alcohol y conducción son incompatibles, y que “todo”, nunca puede ser. No profundizaré más en este tema, pero creo que es necesario recordarlo, y también que existe el transporte público, y que un taxi, por más caro que nos parezca su precio, puede ser una auténtica ganga.

Hecho este paréntesis, sigamos con los viajes largos. Tal como di por convenido en la entrada anterior referente a este tema, el viaje largo (a secas) o de media distancia, también se podría decir, tendrá un recorrido de entre unos 100 a 400 km. Desde luego, si hay autopista o autovía, y aunque sean de peaje, lo lógico es utilizar estas carreteras, incluso de día, salvo que se quiera hacer un viaje turístico, lo cual, normalmente, carece de sentido durante la noche.

En este tipo de viajes, por autopista, se puede hacer tranquilamente una media de 100 km/h respetando los límites de velocidad e incluso haciendo una parada breve. Si queremos hacer dos paradas o una más prolongada tardaremos algo más en llegar a destino pero, normalmente, son viajes cómodos y fáciles en los que el mayor problema con el que nos podemos encontrar es el sueño.

La península ibérica (foto de la NASA)
Fuente: imagenesteinteresa.es
En principio, este tipo de viajes no se suelen a hacer a unas horas muy intempestivas. Una persona puede salir a las 8 de la tarde del lugar en el que vive y trabaja y llegar a las 12 de la noche a su destino habiendo recorrido 400 km tranquilamente. Son horas, en las que normalmente, nadie se queda dormido si estuviese en su trabajo o haciendo cualquier cosa en su casa. Pero conduciendo, es muy fácil quedarnos dormidos, estamos inmersos en oscuridad y nuestro sentido dominante (la vista) recibe muy pocos estímulos y, prácticamente, constantemente idénticos.

Podemos estar objetivamente lúcidos y frescos cuando salimos del trabajo o de casa, nos metemos en el coche, vamos dejando la ciudad, llena de actividad y luces... Pero en muy poco tiempo nos vemos envueltos en la negrura de la noche y ante nuestros ojos sólo aparece una franja de asfalto iluminada por los faros de nuestro coche, las luces blancas de otros automóviles que vienen detrás o por el sentido contrario y las rojas de los que van delante.

Dejando la ciudad.
Fuente: www.4freephotos.com
A medida que nos alejamos de la ciudad iremos encontrando menos tráfico y esto ocurrirá antes, cuanto más pequeña sea aquella. Nuestro cerebro y nuestros sentidos han pasado en muy poco tiempo a percibir muchísimos menos estímulos. El sueño acecha. A esas horas nunca me da sueño. Ya, pero es que, a “esas horas”, casi nunca conduces durante horas. ¡Cuidado!

Al cerebro hay que alimentarlo como los celtas hacían con el fuego, no valen los rescoldos, necesitamos una llama viva enfocada a la tarea que hacemos, que la ilumine y gobierne. Al sueño hay que plantarle batalla antes de que haga su aparición, está ahí, no lo duden. La imaginación es el combustible. Pero la imaginación debe de estar orientada a la tarea de conducir, fundamentalmente. 

Podemos ver más allá de esa zona de asfalto iluminada y dos rayas corriendo a cada lado, podemos mantener la atención muy viva intentando escudriñar cómo será la curva que parece que está ahí cerca, cómo será la ruta a vista de pájaro, qué poblaciones quedan en el camino, en qué kilómetro estamos, cuál es el número de la carretera, qué peligros es razonable pensar que podemos encontrar en ella, cómo tendríamos que actuar, cómo va el coche... 

Todavía no he conducido un coche con esta artillería lumínica.
Me gustaría probar esta clásica iluminación y compararla con la más moderna.
Es necesario pensar en la carretera, el tráfico existente o posible, en la máquina que manejamos, el terreno por el que nos movemos y la metereología. Me gusta saber si hay viento, de dónde sopla, estar orientado, si las nubes presagian lluvia; también recordar qué sé de los lugares por los que voy pasando, qué me gustaría saber...

Unas buenas luces en nuestros coches son importantes, pero ni las mejores pueden iluminar nuestra mente. Eso no nos cuesta un céntimo y está al alcance de todos.

Esteban

viernes, 11 de octubre de 2013

MARÍA de VILLOTA (R. I. P.)

Albergaba la esperanza de conocerte, María. No sabes quién soy, ni importa, pero yo sé algunas cosas de ti desde que eras niña, y de tu padre, a quien le envío un fuerte abrazo extensivo a toda tu familia.

Libro póstumo.
¡Qué rabia!
Fuente: www.marca.com
Celebré, cuando lograste abrir una puerta en la Fórmula 1; lamenté muchísimo tu accidente, pero volví a alegrarme mucho cuando supe de tu recuperación, más aún, cuando supe de la entereza, fuerza y serena alegría con la que te enfrentaste a la nueva etapa que la vida te ofreció.

Llegué a pensar, incluso, que... quizá, tal vez, quién sabe, porqué no... Podríamos llegar a trabajar juntos. Con tu experiencia y la mía, dos facetas diferentes que podrían ser complementarias, a fin de poner otro puñado de arena que tendiese a evitar accidentes. No ha podido ser, y no importa. Te admiraba y me inspirabas cariño, por ti misma, como a una hermana pequeña.

"La vida es un regalo",  titulaste tu libro. Parece que no, María, parece que no. Y perdona que discrepe, pero un regalo no se quita. La vida debe ser otra cosa, quizá tú, ya lo estés descubriendo.

Rezaré porque ruedes en un circuito abierto e infinito en el que transciendas las humanas limitaciones, que te llene de dicha y en el que nunca baje la bandera a cuadros. Amén.
Esteban

P. D.:

Aquí supe de la triste noticia:

Encuentran muerta a María de Villota en un hotel de Sevilla
Las primeras investigaciones hablan de una muerte por causas naturales
En julio de 2012 sufrió un accidente que truncó su carrera como piloto de Fórmula 1
El próximo 14 de octubre iba a presentar su libro 'La vida es un regalo'
"María se nos ha ido. Tenía que ir al cielo como todos los ángeles"



La amplié aquí.

Y  leí, una vez más, la Elegía de Miguel Hernández. Destaco estos versos:

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.


martes, 8 de octubre de 2013

CONDUCCIÓN NOCTURNA EN CARRETERA (1)

Bilbao
Poder ir andando del trabajo a casa,
sí que me parece un lujo
.
Nunca he sabido muy bien cómo empezar a hablar de la conducción nocturna de verdad, la que supone adentrarse de noche por una carretera oscura sin más puntos de luz que alguna que otra farola encendida en zonas habitadas, casas solitarias, travesías, algún cruce importante, gasolineras y, prácticamente, nada más.

En las clases de teórica siempre empiezo este tema con un suspiro y puntos suspensivos (podría contar tantas cosas), para añadir enseguida que la noche es para dormir (pura ironía en mi pico de búho), que toda la luz que pueda llevar un coche siempre es poca, que requiere de mucho entrenamiento, templar los nervios como el acero bien fundido, que los ojos y, sobre todo, la información que recibe nuestro cerebro a través de ellos para ser procesada precisan de acomodación y costumbre, respectivamente, por lo que no es nada raro ver “visiones”, ilusiones ópticas, en verdad, que hacen difícil discernir entre ficción y realidad. Claro, que en tanto despejamos la incógnita, bien podemos estar circulando a 80 km/h (22 metros por segundo) y retrasar una acción necesaria hasta el punto de hacerla imposible, o lo contrario, actuar sin ninguna necesidad real.

Aunque el panorama descrito sea un tanto desalentador, anímense y sigan leyendo, por favor; pues también es cierto que aun en carreteras oscuras en noches sin luna, con cielo cubierto en ocho octavas (como se dice en aviación) y lloviendo, se puede conducir con un elevado grado de seguridad (en términos absolutos no existe ni recogidos en una urna) a condición de remangarse y meterse en faena sin escatimar atención ni esfuerzo. Y entrenar, entrenar y entrenar. Necesariamente. Más adelante, hablaré de este aspecto tan fundamental y que tanto se olvida.

Además, en España, exceptuando la zona del Cantábrico, generalmente, predominan las noches despejadas incluso en los meses más oscuros del otoño y del invierno, estaciones ambas, en las que por cierto, a pleno día podemos ser deslumbrados completamente por el sol al doblar una esquina o salir de una curva y, durante unos angustiosos instantes, no ver nada (sobre esto pueden leer debajo de la foto de la Peña del Viento, aquí). Tampoco hay que olvidar que cada 29 días hay luna llena y que si está poco nuboso, nos alumbrará maravillosamente unas cuantas noches. Claro, que por estas tierras del norte, la combinación de viento sur y luna llena suele sentar bastante mal al ánimo de quienes habitamos en ellas. 

La conducción nocturna es más exigente y obliga a ritmos de marcha más bajos, tampoco mucho menos que de día. Pero cansa bastante más.

Conduciendo de noche podemos distinguir entre viajes largos, muy largos y cortos. Y disponemos de autopistas, autovías y carreteras convencionales. Puesto que autopistas y autovías son prácticamente iguales y, de hecho, sólo se distinguen por la señal -independientemente de que sean de peaje o no-, a partir de ahora, para no repetir las dos palabras, me referiré a cualquiera de ellas como “autopista”. 

Alfa y omega de las señales de autopista y autovía.
Son ellas y no el peaje lo que, de hecho, define a estas carreteras.
Fuente: www.boe.es
Desde hace algo más de una década, en España disponemos de una red de autopistas bastante densa y en razonable buen estado que hacen que la mayor parte de los viajes largos los podamos realizar por estas vías, en las que nunca vamos a encontrar cruces al mismo nivel ni tráfico en sentido contrario y donde siempre dispondremos de dos carriles en la calzada de nuestro sentido y, casi siempre, una limitación de accesos que, teóricamente, impiden que ningún animal salvaje irrumpa en sus calzadas, pero mucho cuidado con esto, pues es imposible un perfecto y puntual mantenimiento de todos los kilómetros de vallas separadoras entre el terreno circundante y la autopista. Hace tan solo unos días un toro bravo irrumpió en las vías del AVE, y quiero pensar, que estas líneas de ferrocarril sí que están bien protegidas y diligentemente cuidadas. También sé y me consta, que se controla mucho y bien la entrada de animales salvajes en las pistas de aeropuertos y bases aéreas, sin embargo, no es tan raro que a veces se cuele alguno. De modo que lo repito: Por favor, eviten hacer un acto de fe en que es imposible encontrarse con un animal en nuestra trayectoria ni siquiera en la mejor autopista de peaje. Con todo, indudablemente, este peligro es mucho menor en autopistas que en carreteras convencionales, pero las velocidades máximas y medias son más elevadas y durante mucho más tiempo. Ténganlo siempre en mente.

Parece más difícil de lo que es.
Fuente: www.disfrutamadrid.com
Veamos cómo plantear un viaje según longitud de recorrido y tipo de vía.

Viaje corto por autopista. Lo más fácil. Definir un recorrido como “corto” o “largo” es bastante subjetivo, desde luego, pero creo que podemos convenir como “corto”, y para entendernos, aquel que anda alrededor de los 100 km; largo entre 100 y 400, y muy largo entre 400 y 1.000 km o poco más. En este país, las poblaciones más distantes entre sí no superan por mucho el millar.

Alrededor de las ciudades más pobladas y en un radio de unos 100 km,  a la mayoría de los lugares a los que más se viaja se llega por autopista y, lo más probable -parapetados sus responsables en la crisis-, es que hayan decidido mantener apagadas todas las farolas. Aun así, estas carreteras no ofrecen mayor dificultad. Conducir por ellas es fácil y seguro pero tienen una alta densidad de tráfico en las horas más habituales de entrada y salida del trabajo, lo que hace que casi nunca se pueda encender la luz de largo alcance. 

A-8 cerca de Llanes (Asturias), sentido Bilbao.
Tramo de autopista corto y reciente en muy buen estado.
Si, por la razón que sea, el tráfico es fluido sí se podrá ir con luces “largas”, tan sólo es importante, que no olvidemos que a quien va delante también se le puede deslumbrar así como a quienes circulan por la calzada del sentido contrario, que como están más separados, y a pesar de la mediana, es fácil olvidar que también pueden resultar deslumbrados, más fácil y a más distancia cuanto más alto sea el vehículo que conducen, así pues, cuidado con los conductores de camiones y autobuses. Por lo demás, en algunos puntos muy concretos y con el fin de poder ver con más antelación el borde derecho -especialmente cuando el arcén es pequeño o inexistente- bien podemos utilizar “largas” en forma de destellos.

Desde hace unos quince años y coincidiendo con la escandalosa expansión inmobiliaria que sufrimos en España, muchas personas han pasado a vivir en casas adosadas o no (lo que antes llamábamos chalets) a no muchos kilómetros de la ciudad en la que antes residían pero en la que siguen trabajando, con lo cual, se ven obligadas a recorrer algunas decenas de kilómetros cada día en su coche ya que, normalmente, o no hay transporte público o tiene muy poca frecuencia de servicio. También es bastante habitual, que todas estas familias se vean abocadas a disponer de más de un automóvil, cuando no a uno por cada persona mayor de edad que forme parte de ellas.

Urbanización
Fuente: www.madridaldia.net
Las circunstancias descritas, es fácil que generen un problema mayor, más sutil y grave que el provocado por la oscuridad. Al anochecer tan pronto -lo que el cambio de horario de otoño-invierno hace claramente más notable- se engañan fácilmente nuestros sentidos. El reloj puede indicar las 8 de la tarde, pero la sensación percibida hacernos sentir que son las 11 de la noche, por ejemplo. Luego, es probable que nuestra jornada laboral sea demasiado larga, que salgamos cansados del trabajo, insatisfechos y preocupados (los tiempos que vivimos son muy difíciles para la mayoría); que el recorrido que hacemos sea muy conocido y, por tanto, muy tentador pecar de exceso de confianza. En dos palabras, es muy fácil conducir distraídos y cansados.

Como nos inspira tanta confianza la monótona rutina, se adormece nuestra consciencia, se conduce como un autómata y, cómo no, seguramente hacemos uso del teléfono (aunque sea legal con “manos libres” es francamente peligroso), cuando no se escriben y leen mensajes de texto utilizando esa famosa aplicación llamada WhatsApp. Y aún falta la guinda a este explosivo pastel: calefacción y música. Todos estos ingredientes, hacen que la atención caiga en picado al nivel de alerta roja, pero no nos enteramos: la gráfica la vemos al revés y de pronto nos volvemos  daltónicos.

La mayoría de los accidentes, no suceden por un error aislado que cometemos en un momento concreto lleno de circunstancias adversas; sino por una serie encadenada de pequeños errores muy poco llamativos, a los que estamos tan habituados, que ni despiertan nuestro interés ni hacen sonar ninguna alarma.

En España, el "American way of life"
ha sido un corto sueño que engendró una larga pesadilla.
Fuente: sumerinsa.wordpress.com
Mas la tendencia se puede invertir, totalmente, andando el mismo camino en sentido contrario una y otra vez en nuestra mente y con nuestra imaginación, antes, durante y después de conducir. Aprovechando decenas de momentos diarios de los que todos disponemos cada día, mientras estamos, en la ducha o nos lavamos los dientes, por ejemplo. Reforzándolo con notas escritas y utilizando un momento muy bueno: los minutos que preceden a entregarnos al sueño.

Una vez creado el hábito, todo son ventajas, nuestros desplazamientos serán mucho más seguros, y los viajes de ida y vuelta al trabajo estarán libres de las preocupaciones propias del mismo. Y de cualquier otra, porque toda nuestra atención estará puesta en la tarea de conducir, automáticamente, y en exclusiva.

Esteban

lunes, 30 de septiembre de 2013

CONDUCCIÓN NOCTURNA EN POBLADO. CÓMO ACTUAR.

¿Qué hacer para evitar un accidente en vías urbanas siendo de noche?

Llevar los cristales (sobre todo por dentro) y espejos limpios, y estos bien colocados. Y ya puestos, también luces, delanteras, traseras y placa de matrícula trasera. Nunca se debe  desempañar con la mano, por limpias que las tengamos, quedan restos de grasa corporal que generan pequeños pero molestos reflejos cuando en ellos inciden otras luces.

Es vital tener siempre presente que los ciclistas
pueden moverse mucho más rápido que los peatones.
Fuente: bicicletasciudadesviajes.blogspot.com.es
Conviene conocer perfectamente cómo funciona el sistema para desempañar los cristales y utilizarlo generosamente, entrenando para ello cuanto sea necesario con el coche estacionado; también se pueden hacer unas fotos al interior del coche y estudiarlas tranquilamente en casa. Los espejos exteriores con regulación eléctrica tienen siempre una resistencia que hace que el agua que se acumule en ellos se seque, se activa con la luneta térmica y se desconecta sola pasados unos quince minutos. Ni es necesario preocuparse de desconectarla.

Desterrar de nuestra mente pensamientos del tipo: “total, para ir ahí al lado”, “si hago ese recorrido todos los días”, etcétera. Pues mejor nos mentalizamos de que es la primera vez o ponemos el mismo interés que si tuviésemos que andar por una ciudad más grande que la nuestra y totalmente desconocida. En este sentido, ayuda mucho más de lo que parece cambiar de vez en cuando nuestro recorrido habitual, aunque se rodee un poco, nos mantendrá más vivos y despiertos.

Por supuesto, siempre debemos de ir muy atentos, aunque sólo demos una vuelta a la manzana de nuestra casa. Podríamos pasarnos horas dando esas vueltas, y comprobaríamos que, en cada una, se dan circunstancias diferentes.

Cuanto más nos sintamos en “nuestro territorio”, mayor ha de ser el esfuerzo por mantener una atención elevada y la guardia en alto. Es muy tentador dejar que nuestra mente se ocupe en pensar mil cosas para las que no hemos tenido tiempo antes. Para ello es muy importante crear el hábito de que cuando nos ponemos a conducir, nos centraremos sólo en esa tarea, en hacerla lo mejor posible; comprobaremos en poco tiempo que la mejoramos notablemente y conducimos más seguros. Piense, por ejemplo, cómo le gustaría que trabajase la mente del conductor del autobús que le llevase de pasajero. Pues eso. Ahora se lleva a usted, cuídese tan bien como le gustaría que le cuidasen. ¿A qué es fácil?

Respecto a lo anterior, se puede pensar, no sin razón, que el conductor del autobús lleva a 50 personas y yo voy solo. Cierto, pero es posible, que conduciendo solo en un coche, cometa un error que provoque el accidente de un autobús, a cuyo conductor no le dejé ninguna opción de evitarlo. Esto se nos suele olvidar mucho. Sin que sirva de precedente, como dice la DGT: “Estamos todos conectados”. Me ha gustado este vídeo.



En terreno conocido, también nuestros pasajeros tienen una tendencia innata a interferir en nuestra atención con palabras o gestos. Es imprescindible pedirles que, por favor, eviten hacerlo y que si les pedimos ayuda nos la presten diligentemente; por ejemplo, cambiando la posición de su cabeza para poder ver mejor en una intersección. Personalmente, cuando llevo a más de una persona conmigo, me resulta muy fácil abstraerme de la conversación que puedan mantener entre ellas, y de la radio; excepto en circunstancias que me resulten muy difíciles, en las que desconecto la radio y exijo silencio absoluto. Como, con nuestros pasajeros suele haber confianza, es fácil que se resistan, se rían, nos increpen... y hasta que se burlen; cuando esto ocurre, hasta ahora siempre me ha dado un excelente resultado preguntar muy serio con voz alta y clara “¿Quieres que te mate?” Santo remedio. Ya habrá tiempo luego de disculparnos por el tono o el imperativo manu militari, si hace falta.

La ropa de abrigo y los guantes también son un estorbo que conviene dejar en el maletero o en los asientos traseros, si hace frío, usemos la calefacción. “¿De aquí ahí?” Pues sí, da igual que vayamos a andar 100 m o 1.000 km. Además, si está tan cerca, ¿para qué ir en coche?

Si está lloviendo, antes de tocar los pedales conviene secar las suelas de los zapatos en la alfombrilla del coche; si nuestros pies se han ido muy rápido hacia los pedales merece la pena secarlos con un pañuelo de papel o un trapo.

Al menos, todo lo importante hay que saber manejarlo sin quitar la vista de la carretera.
Con unas fotos y el manual del coche podemos estudiar su salpicadero en casa.
Hagamos como los niños: curiosidad y entusiasmo.
Fuente: espaciocoches.com
Es imprescindible ir muy atentos cuando es inevitable circular cerca de coches estacionados, especialmente vigilantes cuando alguno de estos vehículos sea un furgón o un contenedor de los que tan estratégicamente mal colocan muchos ayuntamientos al lado de los pasos de peatones. Aun habiendo sólo turismos estacionados, siempre puede haber algún niño que cruce entre ellos y por su baja estatura no le veamos a través de sus cristales. Es importante acostumbrase a hacer bailar el pie derecho hacia el pedal del freno muchas veces, aunque no se toque, e incluso llevarlo encima de ese pedal en prevención en los lugares más difíciles, lograremos detener el vehículo bastante antes, si fuese necesario. Y si tenemos ABS, freno y embrague a fondo y fuerte, sin contemplaciones, casi a la vez, o al mismo tiempo, que resultará más fácil.

Cambios de dirección. Debido a la estrechez  de tantas calzadas en la mayoría de las poblaciones, esta maniobra tan común y reiterada en vías urbanas (que, en sí misma, no ofrece mayor dificultad) apenas permite margen de error y obliga a prepararla bien prestándole mucha atención, especialmente cuando es de noche; más aún cuando nos encontramos con algún automóvil estacionado con demasiada separación respecto a la acera, parado muy próximo a la esquina o incluso en doble fila; también, cuando encontramos pasos para peatones elevados antes y después de doblar la esquina y semáforos con una sola luz (generalmente bastante alta y fuera del campo visual del conductor) que puede estar apagada o ámbar intermitente, cuando los peatones tienen su muñeco verde. Semáforos que, por cierto, son una auténtica trampa tanto para conductores como para peatones. Además, los pasos pare estos últimos suelen estar situados muy próximos a las esquinas de forma que, en muchos casos, el primer coche que inicia el giro, si ha de detenerse, impide o dificulta continuar de frente a quien le sigue.

Fuente: www.tucumanhoy.com
La velocidad en el inicio del giro ha de ser muy baja -es sumamente probable que tengamos que detenernos-, siendo conveniente empezar a frenar antes de girar las ruedas y tener muy presente la también muy probable presencia de peatones a los que habrá que buscar con la vista cerca de los límites de la acera con la calzada por ambos lados de la calle. Hay otro inconveniente que se suele ver bastante: un carril bici antes y al lado del paso de cebra. Y recordar una norma que muchos olvidan y pocos saben: que en estos casos, aunque no exista paso de peatones, si los encontramos cruzando la calzada -ya en ella- tienen preferencia, lo mismo sucede con los animales. Con todas estas dificultades en tan poquísimo espacio, la marcha ideal a llevar engranada es la segunda (y no pocas veces la primera), el pie izquierdo encima del pedal del embrague (sin tocarlo) y el derecho sobre el freno pisando y modulando, salvo cuando no sea posible porque la calle en la que entramos está en pendiente ascendente, por ejemplo, en este caso, si nuestro pie derecho ha de estar en el acelerador, al menos debe estar muy en alerta para “volar” al freno.

Girando a la derecha o, en calzadas de sentido único a la izquierda y por la izquierda, es cuando más difícil resulta ver a peatones y en general cualquier señal, por lo que resulta imprescindible estar dispuestos a moverse en el asiento del conductor inclinando el tronco, girando la cabeza, agachándola y subiendo la vista, estirando el cuello... Buscando ampliar nuestro campo visual y no perdernos nada importante, es imprescindible hacer movimientos rápidos, ágiles y precisos sin limitarse a ir cómodamente sentados. Cuando se conduce se trabaja.

A las pequeñas gotas de lluvia no les gusta moverse.
Fuente: www.clubseis.com.ar
Una cosa que suele ocurrir fácilmente en los cambios de dirección, con los motores de muchos coches, especialmente turbo-diésel, si vamos en segunda velocidad, es que iniciemos el giro con freno y cuando vemos que podemos ir quitando presión en el pedal (sin soltarlo del todo), el coche nos sorprende con un fuerte tirón hacia adelante. Esto sucede porque los sensores que pasan información al sistema de gestión electrónica del motor hacen que aquel interprete que este está a punto de calarse y entonces el programa durante unos instantes ordena inyectar más cantidad de combustible con el fin de evitarlo.

Cuando esto no se conoce, nos ha pasado pocas veces, se tiene poca experiencia... Lo normal es que uno se asuste y tienda a soltar completamente el freno y abrir el giro, tiene fácil solución: si estamos seguros de que ya no es necesario frenar se suelta y listo; de lo contrario pisamos el embrague a fondo (se desconecta motor y ruedas), continuamos frenando lo que sea preciso y en cuanto podamos cambiamos a primera aun sin habernos detenido del todo. Este efecto puede ocurrir con cualquier marcha, pero la forma de actuar es siempre igual. En mi opinión, esta “ayuda” sobra totalmente, es una fuente de problemas. Pero tiene fácil solución, y lo más importante es evitar dejarnos llevar por el susto.
Un fenómeno muy frecuente en otoño es la lluvia, en el norte de España hay una muy típica que consiste en una fina cortina de agua que se precipita suave y constantemente (a veces durante días enteros) formada por gotas de agua muy pequeñas que cuando llegan a los cristales del coche se quedan ahí, deslizándose muy lentamente por ellos y dificultando notablemente la visibilidad por todas las superficies de vidrio que no barren las escobillas del limpiaparabrisas. En estos casos, utilizando los elevalunas eléctricos, suelo aprovechar la detención en un semáforo o un atasco para bajar y subir las ventanillas y mantenerlas libres de esas molestas gotas unos minutos.

Reflejos
Fuente: www.photoree.com
Con los cristales mojados y durante la noche, en ciudad, siempre se producen molestos reflejos de las luces de otros coches, semáforos, farolas, escaparates, anuncios... Conducir así exige mucho más esfuerzo, cansa notablemente, produce fatiga visual y no es nada raro que hasta aparezca dolor de cabeza. El máximo nivel de dificultad nos llega con la iluminación navideña. También es necesario prestar una atención extra a maniobras tan sencillas como estacionar, especialmente en los aparcamientos de centros comerciales.

Podemos habituarnos a todo esto, pero lleva un tiempo sobrellevarlo bien. Lo más importante es que seamos generosos con nuestro nivel de atención y capacidad de trabajo, el sabernos en terreno tan conocido hace muy fácil que seamos tacaños. Este es el mayor peligro, pero podemos evitarlo. ¡Ánimo y a la faena!

Esteban